Los primeros siete planos de “Le havre” son un homenaje al Cine ya: esas maravillosas sombras proyectadas, de pasajeros fuera de campo recién llegados a una estación de tren, lugar cinematográfico desde que los hnos.Lumiere fundaron el cine… Una maravilla de montaje, cine-en-estado-puro. En escasos 10 segundos, Aki presenta al protagonista, a su amigo; ya sabemos a qué se dedica; y, sobre todo, que vive en esa delgada línea que separa la dignidad del no tener casi dónde caerse muerto. Cómo hace cine Kaurismäki, ¡¡qué maravilla!! De todo el cine de autor que he ido viendo, al final me quedo con él, con su cine tan pequeño-tan grande, tan sincero. Ninguna historia me conmueve tanto como las suyas; ningún humor me hace tanta gracia como el suyo; y, sobre todo, ningún personaje me inspira tanto cariño como los que construye él. El mejor director del mundo o, al menos, el que hace cine con más facilidad, con más feeling, más fiel a él mismo y con más veracidad.
Volviendo al humor, uno de los momentos más desternillantes de “Le havre” (y yo diría de todo el Cine): la llegada del comisario al bar con una piña. Creo que no me he reído tanto en mi vida desde cuando en “Yo contraté a un asesino a sueldo” va a ver a los matones y, cuando le piden una foto de la víctima, les enseña una foto de él mismo... La piña la lleva porque ha estado investigando y en el fondo es un 'flojo', un buen tipo, y se ha visto obligado a agradecerle de alguna forma al frutero la información que le ha dado acerca del hombre que está buscando. Por cierto, vaya regalazo que le ha hecho Aki a Jean-Pierre Darroussin, que lo hace estupendo, uno de los personajes más divertidos que ha dado Aki (y yo diría el cine en gral.), esa caricatura de Humprhrey Bogart que aparece husmeando por esas callejuelas, y que luego se siente incapaz de traicionar a sus principios morales y a los viejos o nuevos amigos, un viejo amor...
Muy interesante su transformación personal. Y con ella (con lo que quiere decir) concluyo: Que no todo el mundo está dispuesto a o hecho de la 'masa' de vender su alma al diablo. Y ya decía que el cine de Kaurismäki está cargado de humanidad y la honestidad, porque en un película, en toda manifestación artística… no es tanto lo de ‘chico conoce a chica’, eso es apenas un lugar común; sino un ‘quién hace qué’ y con eso se está transmitiendo un mensaje y dando un modelo. Hay muy poca responsabilidad con esto y Aki la tiene y la ha tenido siempre, porque es firme y fiel a su elección: antihéroes que llevan a a cabo pequeñas hazañas. Así es como se podría sintetizar su cine y su POV (punto de vista). Y... atentos que Kaurismäki siempre hace distinción entre las personas/individuos y la raza humana, a la que considera mucho más adulterada; de hecho, siente por ella más bien desprecio. Probablemente por maltratar o marginar como sus personajes, a gente que no se lo merece.
Y es que el poder que ejerce en nosotros (la mirada a la actualidad de) el Cine Contemporáneo es fortísimo, tanto que estoy segura de que, en cierta medida, su cine, el de Faith Akin ,Tony Gatlif, Pedro Costa o los hermanos Dardenne contribuye muy activamente a nuestra conciencia social, a cómo se liberan nuestro clichés. Ése es el valor añadido o quizá el verdadero objetivo de su cine, no lucirse. Y no hay duda de que un espectador de cine inteligente es menos machista, elitista, xenófobo y tantas otras cosas… que uno de cine de puro entertainment (que todo lo contamina y distorsiona, elogio de la ficción), porque contempla otros modelos más reales y se siente reflejado en ellos. Porque estos cineastas defienden esas minorías tan maltratadas por los medios.
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Aki no la endulza, hace entrañable la vida del perdedor. Aki, el que cuando hace cine, hace Cine, de verdad, da una lección de humildad y de humanidad, pone una mirada crítica. Aki, un tipo que dice arrepentirse (quizá por exceso de humildad suya) de haber hecho cada una de sus películas, que están llenas de errores… Un niño-grande de exquisito gusto musical, que jamás se ríe de los débiles, que de la sordidez saca la belleza, como uno de esos cuadros de baños destartalado de Antonio López… Un tipo que hace que un cigarro y el chasquido de una gramola den una felicidad indescriptible al ser más desgraciado del mundo; el director que hace que los perdedores ganen, siempre (Boyero dixit);
El que hace protagonistas a los eternos secundarios, a los socialmente marginados, y les dignifica. A esos tipos que beben un vaso de vino barato, en un bar de sueños rotos, el de al lado de casa.. Esos personajes como ‘iluminados’ por el tubo fluorescente, por un ‘halo’ metafórico, una atmósfera edwardHopperiana. Igual que él, una representación de la soledad en grupo. Igual que él, un descriptor brillante de objetos, objetos que pertenecen a personas, que son sus pequeñas y preciadas pertenencias, que hablan de ellos, fuera de campo, mientras ellos fuman un cigarro o esperan a alguien. Esas pequeñas cajas leit motiv del cine del finlandés, da ganas de recopilarlas todas. (Por cierto, este año estamos de suerte en gestión cultural, porque el Thyssen tiene programada una exposición de Hopper!!! Bien tendría que acompañarla un ciclo de Aki). Normal que estreche la relación Kaurismäki/Hopper porque Aki congela a sus personajes al principio de cada escena y la mise-em-scene es profundamente pictórica, un constante homenaje a Hopper, puede que a alguien más. Y, siendo Aki tan defensor de la naturalidad, de la sencillez, de la media producción.. Lo único que reconozco me da cierta curiosidad es saber cómo de elaborada está la puesta en escena, quizá no sea tan nouvelle.vagueriana (en el sentido de actores que visten sus propias ropas, etc.) como parece y podríamos creer, no lo sé..
El que hace protagonistas a los eternos secundarios, a los socialmente marginados, y les dignifica. A esos tipos que beben un vaso de vino barato, en un bar de sueños rotos, el de al lado de casa.. Esos personajes como ‘iluminados’ por el tubo fluorescente, por un ‘halo’ metafórico, una atmósfera edwardHopperiana. Igual que él, una representación de la soledad en grupo. Igual que él, un descriptor brillante de objetos, objetos que pertenecen a personas, que son sus pequeñas y preciadas pertenencias, que hablan de ellos, fuera de campo, mientras ellos fuman un cigarro o esperan a alguien. Esas pequeñas cajas leit motiv del cine del finlandés, da ganas de recopilarlas todas. (Por cierto, este año estamos de suerte en gestión cultural, porque el Thyssen tiene programada una exposición de Hopper!!! Bien tendría que acompañarla un ciclo de Aki). Normal que estreche la relación Kaurismäki/Hopper porque Aki congela a sus personajes al principio de cada escena y la mise-em-scene es profundamente pictórica, un constante homenaje a Hopper, puede que a alguien más. Y, siendo Aki tan defensor de la naturalidad, de la sencillez, de la media producción.. Lo único que reconozco me da cierta curiosidad es saber cómo de elaborada está la puesta en escena, quizá no sea tan nouvelle.vagueriana (en el sentido de actores que visten sus propias ropas, etc.) como parece y podríamos creer, no lo sé..Pero quizá lo más genial, la verdadera magia, el ‘efecto kaurismäki’ sea el cómo el humor entra al plano, como si lo inyectara por un conducto, y lo inunda todo, sin dar tregua a la compasión, justo a tiempo, haciendo de lo miserable una cuestión de honor, de pequeños buenos momentos, con la cabeza siempre alta. (El pobre) Marcel Marx, que siempre elige lo más barato de la carta, después de consultar las monedas que le quedan… O que rechaza una ronda más en el bar para luego rectificar, en cuanto le dicen 'invita la casa'. Todo tan auténtico, tan honesto.
Uno está tan cómodo en el cine de Kaurismäki, como en una casa en la que se reúnen viejos amigos (su cuerpo de actores siempre reincidentes); y uno se ríe cada tan poco tiempo... Que se olvida, parece que no tome consciencia, de que en este caso –quizá cuando más, cuando Aki se hace más Dardenne- se le está hablando de un tema violento, cruel y complejo, especialmente porque atenta contra la dignidad del individuo. Una de las enfermedades del siglo XXI: la inmigración clandestina, la experiencias dura y extrema de quien, ya a la desesperada y bajo su cuenta y riesgo, decide huir de su propio destino, porque su vida no vale nada, a pesar de que el destino esté escrito.. Consecuencia de pertenecer al Tercer Mundo, injusto reparto.. Pues bien, señores, eso es (hacer) el verdadero oficio del cine: hablarte dándote un buen consejo, una necesaria reprimenda, ejerciendo en ti el efecto adecuado, llevándote por el buen camino. Sin que te des ni cuenta, ésas son las historias que se te quedarán grabadas. Las que se aposentarán en tu inconsciente y te ayudarán a empatizar, al menos un poco, en una situación similar. Vamos, que, para no ser un ‘manipulador de sentimientos’ un cine de lágrima fácil (sino todo lo contrario: sufres por ellos pero nunca tienes ganas de llorar, lo interiorizas) Kaurismäki logra tocar, llegar tan adentro que le da mil vueltas a tantos directores… Aki, el tipo que más economiza los planos, que pasa literalmente de la 'mañida' sucesión de planos causa/efecto, de esa obsesión por el racord que a veces no deja respirar a las películas, el director que le quita los adornos a todo, que narra, casi a borbotones, de la manera más universal el ‘cómo está el patio’.
Uno está tan cómodo en el cine de Kaurismäki, como en una casa en la que se reúnen viejos amigos (su cuerpo de actores siempre reincidentes); y uno se ríe cada tan poco tiempo... Que se olvida, parece que no tome consciencia, de que en este caso –quizá cuando más, cuando Aki se hace más Dardenne- se le está hablando de un tema violento, cruel y complejo, especialmente porque atenta contra la dignidad del individuo. Una de las enfermedades del siglo XXI: la inmigración clandestina, la experiencias dura y extrema de quien, ya a la desesperada y bajo su cuenta y riesgo, decide huir de su propio destino, porque su vida no vale nada, a pesar de que el destino esté escrito.. Consecuencia de pertenecer al Tercer Mundo, injusto reparto.. Pues bien, señores, eso es (hacer) el verdadero oficio del cine: hablarte dándote un buen consejo, una necesaria reprimenda, ejerciendo en ti el efecto adecuado, llevándote por el buen camino. Sin que te des ni cuenta, ésas son las historias que se te quedarán grabadas. Las que se aposentarán en tu inconsciente y te ayudarán a empatizar, al menos un poco, en una situación similar. Vamos, que, para no ser un ‘manipulador de sentimientos’ un cine de lágrima fácil (sino todo lo contrario: sufres por ellos pero nunca tienes ganas de llorar, lo interiorizas) Kaurismäki logra tocar, llegar tan adentro que le da mil vueltas a tantos directores… Aki, el tipo que más economiza los planos, que pasa literalmente de la 'mañida' sucesión de planos causa/efecto, de esa obsesión por el racord que a veces no deja respirar a las películas, el director que le quita los adornos a todo, que narra, casi a borbotones, de la manera más universal el ‘cómo está el patio’. Creo que Aki tiene, claramente, dos enemigos íntimos: la burguesía y el Orden. Su humor siempre va en clave de pequeña burla, a ellos y a su comportamiento, con habilidad e ingenio, bordando con hilo fino un retrato de esa extraña sociedad de ricos/pobres en la que nos hemos convertido. Uno de los temas de los que precisamente yo me río más también, me parece que roza, en muchas ocasiones, lo patético tanta ostentación de poder y cómo la autoridad impone el orden; o el cómo el ‘uno y sus circunstancias’ obligado a algunos a caer en la picaresca… Momentos en los que lo sórdido se hace bello, o tantos momentos que nos esbozan la sonrisa. En “Le havre” un llanto de un bebé en uno de esos contenedores de colores que se apila en el puerto junto a otras mercancías delata al guardia de seguridad cuando hace la ronda nocturna… Es así como este inframundo aparece. Esa ciudad portuaria llamada Le Havre, un ‘no man’s land’, un lugar de paso a la libertad… donde no se queda nadie más que ese estrato no inmigrante pero que también carece de recursos. Que, sin tener un grado de desesperación, de absoluta marginalidad, son considerados una 'lacra' pero que, sin embargo, tienen un vínculo, una raíz a ese (extraño) lugar. Por tanto Kaurismäki conjuga esos dos bajos extractos para, estoy segura, decir -y lo comparto- que a los más necesitados no les ayudan los que están arriba, sino los que están abajo. Ésta es la historia del (anti)héroe que lo logra y que es recompensado por ello, cuando nunca había conseguido nada antes.
El valor de la amistad es infinito en esta historia de “Le havre”, es la clave y el motor de una jugada maestra. Un plan con muchos factores en el que todo puede fallar. Esta vez no es para atracar un banco (parodia de género de nuevo), es para salvar a un niño- cuando dice que “Tengo amigos”, clásica frase que se asocia a Corleone, mafias, tráfico de influencias, aquí es al contrario: a la gente sin poder pero que estaría dispuesta a hacer un sacrificio por alguien de su entorno, un favor a un amigo. La vecina, la mujer del bar, la de la panadería y su amigo inmigrante. Ah, y eso dos tipos duros 'con mala pinta' que hablan de cómo cocinar los mejillones -¡¡¡jaja!!!-, y esa rescatada vieja gloria rock star Little Bob. Todos a una. Y esto no es una parodia, es la realidad.Basada en una amistad niño/adulto al más puro corte spilbergiano de homenaje al cine, la trama se construye en un calidoscopio de amistad en todas sus combinaciones.
Aquí está una de las mejores escena de la película, la del momento en la que el hombre se hace héroe; Cómo se hace (no nace) por una cuestión de bondad, de buena intención, que es, efectivamente, lo que hace que todo el cine de Kaurismäki tenga una reacción y un tono de fábula, mitad ficción mitad realidad, una representación simbólica del mundo. Un verdadero (anti)héroe aparece, tal cual es, sin superpoderes.
Inolvidable este Marcel Marx, interpretado por un genial Andrè Wilms. Parece que le haya cosido a medida este papel. Una de las mejores personas del mundo, al menos en el de la ficción. Dispuesto a dar unas migajas a ese nuevo amigo y sobre todo, a embarcarse en toda una aventura que podría acarrearle serios problemas con la ley, por ayudar a este chico, renunciando a sus propios problemas como es acompañar a su mujer enferma, ingresada en el hospital.
La película lleva una máscara cómica de parodia de cine/film noir. Voces fuera de campo, conversaciones cortas en un restaurante, gente que no se quita la gabardina ni las gafas de sol (incluso aunque tenga sentido hacerlo), todo misterioso, cómicamente misterioso, toda una parodia/homenaje de ese cine de corte clásico de suspense de encuadres en claroscuro con esas diagonales, una cámara subjetiva husmeando a través de la cortina, planos cortos de teléfonos, de llamadas quen delatan el paradero de un fugitivo, aunque sea un niño. Todo ellos se va tejiendo entre la trama. Tipos con gabardinas en segundo plano, como sacados de otra película, que al final no persiguen sino que acechan, rellenan el plano, allá donde el protagonista o el niño va. Todo en una cortés caricatura.
Para poner la guinda en la tarta del guiño al Cine, del homenage: un papel para una de las caras del cine: Jean-Pierre Leaud, el inolvidable niño de “Los cuatrocientos golpes”, que si reconocí enseguida fue gracias a haberle visto, hace relativamente poco, en “El asunto Ben Gazzara” –película muy recomendable, que posteé en su día- puesto que estuvo años sin aparecer en la pantalla tras su crecimiento, ese largo apadrinamiento, junto al director del que fue actor fetiche: Truffaut. Emblema de la nouvelle vague –y, por extensión, del cine libre, de opinión y con entidad- hace el papel del delator. Ah! No qué digo... Kaurismäki ya había echado mano de él años atrás, Jean-Pierre, el actor de ojos tristes, con ese gesto siempre igual, casi desidioso, para su personaje protagonista en "I hired a contract killer"/ Contraté un asesino a sueldo, del año 1990: el también inolvidable Henry Boulanger.
Luego está Kati Autinen: tan maravillosa como siempre, esta vez hablando francés. Para los que somos ‘veteranos’ de Aki, ella tiene ese poder acumulado de la memoria, que hace que parezca una vieja amiga, lo hemos vivido todo con ella... La chica de la fábrica de cerillas que se compra un vestido para salir a bailar; la mujer encargada de poner multas que decide dar a su hijo un posible padre que sólo tiene un auto destartalado; tantos otros personajes… Desgraciadamente, Kati está muy envejecida. Y no me refiero a su papel aquí. Da pena y un poco de nostalgia ver el paso del Tiempo a través del prisma del cine. Pero verla planchar y cocinar es algo que a Kaurismäki debe darle un tremendo placer de verosimilitud, y esa seguridad se contagia en la pantalla. Sólo Aki les daría a este entrañable y tan-de-clase-media un final a lo "Casablanca". Cuando ella por fin se ha curado y le dice: "Vámonos a casa".
Muy interesante su transformación personal. Y con ella (con lo que quiere decir) concluyo: Que no todo el mundo está dispuesto a o hecho de la 'masa' de vender su alma al diablo. Y ya decía que el cine de Kaurismäki está cargado de humanidad y la honestidad, porque en un película, en toda manifestación artística… no es tanto lo de ‘chico conoce a chica’, eso es apenas un lugar común; sino un ‘quién hace qué’ y con eso se está transmitiendo un mensaje y dando un modelo. Hay muy poca responsabilidad con esto y Aki la tiene y la ha tenido siempre, porque es firme y fiel a su elección: antihéroes que llevan a a cabo pequeñas hazañas. Así es como se podría sintetizar su cine y su POV (punto de vista). Y... atentos que Kaurismäki siempre hace distinción entre las personas/individuos y la raza humana, a la que considera mucho más adulterada; de hecho, siente por ella más bien desprecio. Probablemente por maltratar o marginar como sus personajes, a gente que no se lo merece.
Y es que el poder que ejerce en nosotros (la mirada a la actualidad de) el Cine Contemporáneo es fortísimo, tanto que estoy segura de que, en cierta medida, su cine, el de Faith Akin ,Tony Gatlif, Pedro Costa o los hermanos Dardenne contribuye muy activamente a nuestra conciencia social, a cómo se liberan nuestro clichés. Ése es el valor añadido o quizá el verdadero objetivo de su cine, no lucirse. Y no hay duda de que un espectador de cine inteligente es menos machista, elitista, xenófobo y tantas otras cosas… que uno de cine de puro entertainment (que todo lo contamina y distorsiona, elogio de la ficción), porque contempla otros modelos más reales y se siente reflejado en ellos. Porque estos cineastas defienden esas minorías tan maltratadas por los medios.No puedo ser más fan de Aki Kaurismäki, ni puedo arrepentirme más de no haberle saludado cuando le vi en la Cinemateca de Lisboa: solo, con su mujer, con su inseparable cigarro.. Ni tampoco de no haber conseguido cuadrar, en el rubik de días libres, el haber bajado a Sevilla al festival de cine, donde la presentaba, y haber intentado buscar y aprovechar una segunda oportunidad de oro. Por suerte y para mi consuelo (simbólico), el acomodador de los Gollem parece haberse comprometido con una misión: reservarme el cartel grande, que medirá casi 2metros de alto y que irá a un lugar privilegiado de mi hogar.
Ah, os dejo con esas habituales 'perlas' suyas, frases que, rozando el absurdo, no son nada casuales, auténticos tortazos de realidad:
Ah, os dejo con esas habituales 'perlas' suyas, frases que, rozando el absurdo, no son nada casuales, auténticos tortazos de realidad:
(El niño está escondido dentro del armario, asustado. Él llega, le encuentra y le pregunta)
- ¿Has llorado?
- No.
- Mejor, no vale de nada.
(Él a su amigo chino limpiazaptos, antes de tomarse la útima en el bar, en dirección a la estación de tren)
- El crepúsculo hace salir el dinero..
(Cuando llega a la prisión y solicita al alcaine que le lleve a su hermano, el abuelo de Idrissa, negro africano)
- Usted me está tomando el pelo..
- No, soy el hijo albino de la familia. Y según el Código Civil está usted haciendo discriminación por causa de raza.
(Cuando va a comerse el almuerzo en las escaleras del puerto y llega el detective Morel y le enseña la placa desde arriba)
- ¿Cómo sé que esa placa no es un carnet/abono del metro?
- Porque en esta ciudad no hay metro.





Qué mas decir. Has analizado la película desde muchísimos ángulos, y comparto plenamente tu opinión. Yo también me morí de risa cuando Darroussin entró en el bar con una piña. Tratando de hacerse el duro, y con una piña entre ella y su ex amante... Solo a Aki se le podía ocurrir una escena semejante. Lo que me gusta de su cine es también el hecho de que se permita introducir y compartir con el público sus pasiones musicales e incluso literarias (en el caso de Le Havre, aparte de las escenas consagradas a la música -la del niño que pone un disco de vinilo en casa de su protector y la del excelente concierto de Little Bob en el bar-, está la escena en la que las amigas del barrio de la mujer de Marcel Marx van a visitarla al hospital y le leen un largo pasaje de un libro de Kafka). Kaurismaki va despacio, toma el tiempo de filmar y de mostrarnos escenas de la vida cotidiana que por lo general son excluidas del cine comercial. Eso es lo que me gusta. Que mande al cipote el postulado del cine comercial según el cual hay que hacer elipsis ultra complicadas e ir siempre a toda prisa.
ResponderSuprimirEntiendo por qué haces la comparación con los hermanos Dardenne, pero yo diría que Kaurismaki va a los mismos lugares que los hermanos belgas por un camino radicalmente opuesto. Los hermanos Dardenne filman y tratan temas sociales de manera ultra realista. Kaurismaki construye fábulas, que yo estaría incluso tentada de llamar parábolas cristianas, justamente por aquello del tema de la dignidad de los pobres, que es un tema recurrente en la filmografía de Kaurismaki. Las historias de Kaurismaki son endiabladamente falsas y artificiales, pero a uno le gustaría creer en ellas. Creer en la existencia de personajes como Marcel Marx, para soportar la mierda de este mundo globalizado.
Te digo sólo para ponerte celosa, que yo sí tuve el honor de ver a Kaurismaki en persona, una vez que vino a Bordeaux a presentar en el Utopia (mi sala de cine preferida en todo el universo, con decirte que era una antigua iglesia!) L'Homme sans passé, hace algunos años. Es muy alto, cínico, y le gusta mucho el vino de Bordeaux y atravesar Europa en coche con su mujer y su perro...
Tenía ganas de leer esta crónica, porque sabía que dejarías fluir tu lado más apasionado. No me ha defraudado: Lapor en estado puro. Oro punto de desencuentro en nuestra sintonía cinéfila.... Enhorabuena.
ResponderSuprimirBesitos mil!!!
hola Natalia!!! Qué alegría verte por aquí.
ResponderSuprimirBueno, esto sí que es una respuesta, un buen complemento a la reseña, yuhu!! Y estoy completamente de acuerdo contigo, en todo.
Antes de nada: Pues mira que yo fui a verla por admiración a él -esa especie de extraña 'fidelidad' y sigue pareciéndome siempre una joya en medio de la casi siempre insulsa cartelera- pero pensando que había habido un pequeño declive y luego en absoluto me lo pareció, así que me llevé la sorpresa y el alegrón.
Lo de (la comparación con) los Dardenne era porque esta vez Aki se ha empapado más de un tema social concreto, que es el motor y el alma de las pelis de los belgas, pero es cierto que ellos van directos a tocar los bajos fondos, mientras que en Aki siempre hay una tragi-comedia que enmascara o, efectivamente, hace fábula (no tragedia) las historias.
Su gusto por la música, otro gran valor añadido, esos temas rock'n'roll... ou yeah!!! Es verdad: es preciosa la escena del niño escuchando el disco. Ah, y es que me acabo de dar cuenta de que se me debió borrar un párrafo (jeje) porque decía que todo se queda paralizado como si no se supiera bien si: el niño se enteraba de que sus padres estaban muertos por la propia canción, o si simplemente era la primera vez que veía girar un vinilo. Anyway, qué bonito!! Por cierto, a ver si hago un segundo post del valor que ejerze una canción en los personajes, siempre que pienso en eso pienso en él (post in progress..)
Sobre que le vieras: qué puedo decir?? envidia sana,, yes!! Pero merecida, por cinéfila *_*
Por cierto, leí una vez un artículo sobre Aki que me puso casi de mal humor, se refería, entre líneas, a las cervezas que Aki se había tomado durante la entrevista (vamos, dejándole de borracho para arriba) y sí, él bebe y sus personajes tmb. ¿Y qué? Pero.. ¿qué importancia tiene eso en un cine que es maravilloso?? ay, qué de temas inoportunos se sacan...
Bueno, un beso enorme y encantada con el debate!!
*Y qué buena pinta ese cine!! Aquí lo más parecido -si vienes, tenemos que ir!!!- es la sala por excelencia, que tiene un estilo Art Noveau que es una preciositè.
Jose Angel!! MIL GRACIAS, eres un sol, no te merezco. Yo siempre tan irregular en esto de la 'blogo.sphere'...
ResponderSuprimirPues.. mira que dar con dos temas que nos enfrentan en opiniones en tan poco!! (primero lo de Megaupolad; ahora esto.. esperemos que no haya muchos más, nuestra 'sintonía' no se nos puede ir *_*).
Bueno, ya sabes: le tengo en un pedestal, Babel tmb.
Pero.. ¿de verdad que no te gusta su cine? ¿Por qué? Explícate, por favor!!!! Me interesa saber si es porque ese estilo minimalista: de puesta en escena, de interpretación, ritmo, de acción (en realidad no tanto, menos quizá en ésta) es lo que no te convenze; o si es una cuestión de otro tipo. Porque, claro, todo eso es de propósito y una verdadera respuesta, natural, al cine americano que copa las salas, de lágrima y exaltación fácil. En fin, yo disfruto un montón de su cine porquehace muchos guiños/pequeños 'regalos' al espectador, al que conoce bien su cine, un tipo con talento y con estilo un cine que, en el fondo, en parte, se parece mucho a Jarmusch pero que (si fueran personas) no es tan simpático, tan resultón. Soy consciente de que es un cine minoritario y de hecho, si te digo la verdad me alegro.
Bueno, tampoco te quiero obligar a que te guste.. jeje. Si en realidad me estoy repitiendo compleeeeetamente, ya lo decía todo en el post.
petonsssss a borbotonssss!!!
Claro que te puedo explicar por qué no me entra el cine de este hombre: formalmente, todo lo que dices de su planificación de escenas, ritmo, simplicidad narrativa.... Todo eso me encanta y lo valoro en cualquier cineasta, incluido Kaurismaki. Lo que no puedo admitir es ese perfil populista de todos sus protagonistas, como si fuera una realidad ese mundo entrañable que describe. No es real lapor, no es real, y sin embargo nos dejamos encandilar como si lo fuera. Un cine así es un fraude, nos lleva a pensar que el mundo, el ser humano, es bueno al estilo rousseauniano y no es cierto. El mundo es un lugar hostil en el que debemos crearnos nuestro huertecito y protegerlo. Y cuando lo conseguimos, desde luego que no se parece al mundo idílico de Kaurismaki. He dicho.....
ResponderSuprimirY otra cosa: nuestra sintonía está a prueba de desacuerdos parciales. Un placer explicarme un tu blog.
Besitos mil (como no podía ser menos)!!!!!!
hola!! Bueno, y a mí ya sabes que me gusta discutir contigo, maestro Shaolin. Y nunca llegamos a las manos, todo elegante(mente) y muy argumentado, discordia llevadera (jeje),
ResponderSuprimirpero.. ¡¡¡a ver esta vez cómo lo consigo!! O si me ayuda Natalia.
Bueno, está claro que Aki hace que los personajes estén como en una especie de cúpula de cristal y ése es precisamente el tono de fábula que él es el primero en admitir que le da a las historias. Teniendo en cuenta eso, yo lo veo TODO lleno de verdad. mucho más artificial son para mí muchos de los directores. Todas esas escenas de lágrima fácil, de historias banales, de gente guapa. Incluso todo ese cine francés intelectual se me hace un poco frívolo al lado de la cercanía de estos personajes: solitarios, descamisados, imperfectos... Tampoco es que sean un modelo de lo que queremos ser, simplemente, en vez de compadecerse, los humaniza y les da una dignidad, por eso es para mí cine social de verdad. O quizá sea otra cosa: el hecho de que él hace cine desde la honestidad, No creo que pretenda engañar a nadie. Menos en esta peli. El tema que es telón-de-fondo es muy peliagudo. Y al final el mensaje que nos pasa es el mismo que si hubiese utilizado la violencia, como arma de choque y atención del espectador. Todo tiene ese halo metafórico pero va en paralelo a la realidad. No se desprende de ella. Bueno, eso pienso yo. Que tiene mucho que ver con la condición humana y creo que Aki es negativo, como tú; yo, la verdad, siempre tengo una visión de 'medio lleno', al menos hasta que se demuestre lo contrario.. besossss
Lapor, tu reseña es casi kaurismakiana respecto de las críticas cinematográficas que he podido leer sobre este film. Si Kaurismaki fuese crítico de cine, seguramente reseñaría con similar registro. Qué barbaridad!!
ResponderSuprimirEntrando en materia, aunque un poco a destiempo ya, para mi sus personajes lejos de estar en el pedestal de un humanismo pseudo-infantil (llámese bola de cristal o como se quiera) son un soplo de aire fresco entre tanto neorrealismo deprimente y maniqueo que en el último lustro tiñe la moda cinematográfica progresista. Sus guiones, acompañados casi siempre por unos actores en particular estado de gracia, se convierten en una sugestiva fábula sobre la inmigración, en este caso y en estos tiempos en que la balanza se inclina peligrosamente hacia la intolerancia. Sí que es verdad que su cine está tocado de un romanticismo tal vez heredero del realimo poético francés, pero ese agudo y muy iróico sentido del humor que le caracteriza es imperdible y único, un punto de vista irónico y muy agudo que logra arrancar una sonrisa a la angustiosa realidad cotidiana de muchos de sus personajes. La escena de la piña es auténticamente genial. Por no entrar en su característico sentido del ritmo y del espacio... Una joya
Tengo pendiente un post sobre esta película. Pero, tengo pendientes tantas cosas, Lapor...
Hasta pronto!!
jaja!!! Bueno, me hace ilusión eso que dices. yo todo lo que pueda tener o recordar a Aki lo considero absoluto elogio.
ResponderSuprimirMe encanta cómo hace cine este hombre, esa no sé si real pero aparente facilidad de contar una historia, por sencilla que sea, de llenarla siempre de gracia, de poso.
Ver a la actriz tan mayor me conmovió un poco la verrdad, esa chica solitaria que fumaba cigarros en el descanso, en la fábrica.. está mayor. Además, probablemente le cueste hablar el francés, se la ve como cansada, Qué pena.
Pero ahí está Aki para ennoblecer todo o que no es npble o lo que no lo es a la vista de todos.
La escena de la piña.. ¡¡ataque de risa!! Hilariante, me recuerda a cosas del mismísimo Muñoz Seca, esa escena del carcelero en "La Venganza de Don Mendo"..; y, de hecho, es cierto los dramturgos clásicos producto nacional tenían mucha chispa y afilaban bien sus plumas CON MUCHA CAIDEZ SOCIAL, y él tmb tien todo eso. Y de romanticismo, sí, tmb, estoy de acuerdo-.
Bueno un beso!!!
y tómate la vuelta con calma; déjate incluso el post stand by, si total.. la actualidad no debe marcarnos el blog o se vuelve una locatis..