viernes, 23 de diciembre de 2011

De Edward Sharpe & The Magnetic Zeros a "Zabriskie Point", de Antonioni: Reminiscencias a 'FLOWER POWER'..

Adios a la épica de los Arcade Fire, lo siento mucho -escuchando el 'Neon Bible 'nunca pensé que esto fuera a ocurrir-. Se os fue, abristeis demasiado esa pequeña 'caja de tesoros' que al comienzo era vuestra música, tanto que uno se acercaba como si susurraseis, como cuando de pequeños nos asomábamos a la caja de los gusanos de seda y mirábamos por los agujeros, con un extraño 'repelús' de pensar que se convertirían en mariposa, con curiosidad, ante ese misterio, ante toda esa belleza. Esa épica se acabó, quizá porque era sólo un planteamiento musical, o porque AF acabó el viaje iniciático, el de esos eres casi iluminados. Nunca haréis algo tan entrañablemente hermoso como aquel video de La Blogosphere en el ascensor, momentos previos a un concierto, porque ése era el vuestro, un espectáculo para vosotros mismos, el del valor reparador incluso catártico de (hacer) música de forma colectiva, entre amigos de la adolescencia. Demasiada postproducción, demasiada fama, qué sé yo.. Sólo sé que se fue. Adios.
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... Todo ha empezado por una canción, una de ésas pegadizas, que ya no puedes dejar de esuchar, que además te ha embaucado por ese silbido, como una sirena a un marinero, directo al naufragio. Y ya estás dentro de ella-. La escuchaste de fondo; el camarero del bar te apuntó, de su puño y letra, el título y el nombre de la banda: era largo; durante días, perdiste la nota; luego, la volviste a encontrar. Era ésta:

Épica alegre, real, latente. Ya sólo al escucharla -y fue casi de refilón- me 'olió a margaritas'; Y después, al ver el vídeo, efectivamente confirmé la sospecha y afiancé el hecho, puse cara a los tipos que ya imaginaba al escuchar esos coros, esos silbidos, esas percusiones... Edward Sharpe and: una especie de comuna hippy al más puro estilo 60's, de chicas con trenzas, vestidos vaporosos e inseparables guitarras; y tipos barbudos, melenudos, descalzos; con ese espíritu 'easy going' / buenrollista... Formación multitudinaria de, ni más ni menos, que 10 miembros, que parece que hayan nacido para viajar en caravana, como recién salidos todos ellos del más puro espíritu 'flower power', ése que lo contagió todo, ése del que yo me volví a enamorar cuando estuve en San Francisco. Alex Ebert, todo un frontman, impresionantemente atractivo, tan pasmosamente 'un tipo de los años 70', con esos rasgos, esos gestos, esas vestimentas de hippy mesías, Y parece ser que el tipo en directo se come a las masas, como salido del corazón de Woodstock, una de esas carismáticas rock stars que por allí pasaron.
De verdad, el sonido de esta banda suena tan auténtico, tan auténticamente de esa época: anímica, vocal, musical y estéticamente que realmente lo logran: pertenecer a una corriente que no era suya, a un momento de la Historia que ya pasó, que fue precisamente un hito, una leyenda, que consiguen rescatar, avivar, formar parte de ella, resucitarla, parecer un grupo de 1.969. Con denominación de origen flower power, esa raíz, todo ese movimiento en el que el folk se cobró de un halo épico. con ese ya himno “Home” porque ahí está todo la esencia, ese binomio raíz/amor... “Home is the place where I'm alone with you”...
Una épica que nace y sale de dentro, como un sentimiento y un homenaje a toda esa escena/espíritu del flower power (que algunos incautos creyeron frívola, 'pasada de rosca'). No es extraño que haya épica, puesto que fue una época en la que se llevaron a cabo pequeñas-grandes-heroicidades: desbancar el orden establecido de la cosas, conseguir anclarlo todo en ese 'estado suspendido'. De hecho, este amor por el amor se convirtió en un arma pacífica y arrojadiza, llegó a provocar desorden, puesto que resultaba muy desconcertante al orden establecido combatir a estos jóvenes con ideas revolucionarias y las melenas muy largas, siendo una cuestión de ‘mano dura’ y de ejercer violencia.
Y es que 1.969 agitó las aguas, tanto que incluso generó, a nivel musical, géneros, esos cruces entre el folk y la psicodelia, esos trances que daban voz a una apología de libertad, la búsqueda de la raíz, porque todo el FLOWER POWER era, en el fondo, una búsqueda de uno mismo. Y ese sentimiento exacerbado por todo, o casi, llamado Amor, como modus vivendi. Rock evangélico para alimentar el espíritu, para reencontrarse, indie-rock messiah, conexiones con algo profundo, visceral y verdadero, con o sin sustancias, aparecieron. (De eso) A día de hoy, nos quedan apenas las raves, nada que ver, les falta 'alma'. Al menos toman la importancia del paisaje (la tiene), la elección del ‘marco incomparable’, para llevar a cabo un experiencia distinta, colectiva.
Pues bien, aquí va un segundo ejemplo/tema de la mímesis asombrosa de esta banda a todo aquello, algo añejada de ese folk-base, más en esa línea morriseyniana, sugerencia de mi querido Txarls (ay, tantas veces citada por ti y sólo ahora yo..)
La mayor heroicidad del flower power..: Estos tipos hippies del 69 fueron ellos mismos, por una vez en la Historia. Nadie les enderezó ni consiguió atribuir responsabilidades, pautas, normas, las llevaron a cabo un sueños casi fuera ingenuo, casi naif y sobre todo psicodélico, al menos durante un tiempo, aunque fueran 3 días. Fue un viaje de ida pero también de vuelta. De hecho, hace poco se cumplían 40años y escuché un especial dedicado de Woodstock –todos hubiéramos querido estar allí- y muy curiosa la cara B. Comentaban las 'secuelas': el hecho de que muchos de los asistentes sufrieron un absoluto trauma, que rozó la depresión, a la vuelta a su casa y a sus trabajos. Lo creo, vaya si lo creo, y lo entiendo.. Yo misma he tenido ganas de largarme de la oficina, más cuando he vuelto con toda la adrenalina de un festival directa a la oficina, aunque no hubiera ni una décima parte de cuestión simbólica.  Lo recomiendo con creces, el link al podcast aquí


Aunque los sepamos, siempre conviene recordar y recalcar los elementos clave o leit motivs del FLOWER POWER, sobre todo por ser auténticos temas universales, ésos que, a fin de cuentas, son los mueven el mundo. (Por cierto, todos los cumplen a rajatabla Edward y los suyos, la formación del silbido contagioso, actitud muy hippy por cierto ésta del silbido. despojada y alegre).
La primera es esa emigración intencionada y simbólica al campo, lejos del mundanal ruido y de la conformista y convencional vida de la ciudad que parecía imponerse. Un espíritu viajero, ese poder de la multitud, de la convocatoria sin más objetivo que el juntarse, hermanarse, alejarse de las ciudades, despojarse.. Al hippy del 69, el hermano pequeño del agitador intelectual de mayo del 68, le gusta sentarse a contemplar el paisaje en un peñasco, estar en medio de la nada, quedarse embelesado y ensimismado frente a un atardecer, ver la belleza en estado puro. El viaje hasta Vermont, un lugar al que la gente se consiguió desplazar, enmedio de la nada..
La segunda, el concepto del amor, el binomio mujer/hombre: en muchas ocasiones, como en el "Home" de E.S.A.T.M.Z. cantan a duo. Por cierto, me encanta esa pequeña conversación tan flower power en la que él le confiesa su amor, siempre un amor libre, y ella se ríe.. Pequeño inciso comentar que ese "- Jane..  - Alexander.." me ha recordado al "- Silvia..? - yes, Micky" de Dirty Dancing, cuún (jaja).
De las veces que se ha llevado el flower power a la pantalla, a la ficción, muy buen ejemplo ésta, que contribuye o hace aun más fuerte ese amor que Forrest siente por Jenny, la única niña que le hacía caso y le protegía de todas esas burlas años attrás, a la que nunca consiguió olvidar, ahora hecha una mujer, adherida a ese movimiento/causa hippy, mientras que él... Él en realidad no entiende nada, lo único quiere es estar con ella. Que ella se quede. Que este reencuentro suceda precisamente en un miting, delante de toda esa gente que cree, aunque sea de manera metafórica, en el amor por encima de todo, convierte esta escena en una parte de la trama que hace nexo a la Historia, con claros tintes sentimentales, lo cual siempre es una muy buena combinación, con la que todo guionista busca dar.

Y es cierto... Se alimenta mucha rabia contenida y, sobre todo, desconcierto, con un movimiento como éste, donde todo es paz&amor, que no permite, más bien incluso anula, la puesta en marcha de cualquier mecanismo posible de violencia y, con ella la propia autoridad del orden. Y ése es el verdadero valor, la fórmula mágica de todo movimiento pacifista, coronarlo de margaritas, pero en el fondo el FLOWER POWER es una actitud extrema. Obvio el detonante: la guerra de Vietnam; y obvia la actitud happy happy para condenarla, mantener el pulso por contraste. Y revueltas haberlas hailas, y las hubo, en los campus de las universidades, en la Haight Street de San Francisco... Consecuencia de un contexto agitado, que comenzó liderando la clase intelectual, activista e inconformista con el estado de las cosas, las guerras declaradas, las decisiones políticas de la gran cúpula, la ostentación de poder. 
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Y, desde luego, cuesta creer que los 10miembros de Edward Sharpe... no estuvieran por allí, entre el público, cubiertos de mantas también. Tres días de absoluta libertad, dedicados al rock y al amor, por los que pasaron mitos de tal calibre de Janis Joplin, Canned Heat y Jimmy Hendrix y largo etc. más bien (y más rápido) ¿quién no estaba allí?. Todas esas bandas que se ‘comieron’ al público; o, más bien, se unieron con él. Esas inconfundibles imágenes, ese mar de gente; también con la cara B más agridulce de esa imprevista aglomeración.
En fin, es difícil huir de lo establecido, sin duda una buena causa por la que luchar. Uno lucha muchas veces por eso, internamente... Pero además su importancia social y cultural, por el impacto y la repercusión de todo este movimiento en nuestro imaginario colectivo. Aquí nacen (y se hacen) los verdaderos antisistema, la renuncia al consumo, la verdadera contra-cultura.
Woodstock no fue tanto un festival -probablemente el mejor de todos los tiempos, sin logística ni preparativos, fruto de la improvisación y la ‘buena estrella’- sino como experiencia catártica..: Marcó un acontecimiento inaudito y sin precedentes; que superó, contra todo pronóstico, el poder de convocatoria del boca a boca, el inicio del happening y de ciertas manifestaciones que por entonces surgían.










Afortunadamente, existe un registro real de toda esa experiencia, de ese momento memorable de Woodstock, que no se repetirá jamás… Pero, en vez de referirme a ese ya también clásico documental "Woodstock three days of peace and music" de Michael Wadleight con todo ese material de archivo, me decanto por rescatar un filme que siempre ha pasado muy pegado a la pared y rescatarlo -además,  siempre me quedo con ganas de hablar de él-, muy interesante, que me parece que ofrece una visión de esos hechos: ”Zabrinskie Point”, de Antonioni. Con esa extraña y embaucadora mezcla entre un registro casi pseudo-documental (también él concede una importancia vital al paisaje) y la ficción poética, que quizá aquí lleve más al limite que nunca.
En realidad retoma ese primer punto tan esencial en el flower power: el amor, puesto que se trata de una especie de adaptación del mito de Adán y Eva, personajes primigenios en lo femenino y lo masculino, a día de hoy. Bueno, a finales de los 60. En medio del Death Valley. El desierto como lugar fetiche, física y emocionalmente, del cineasta, por el que ya ha hehco 'desfilar', sentir cosas a muchos de sus personajes.

Un desierto que en esta caso casi cobra la categoría (ideológica) de oasis, puesto que en medio de una sociedad civilizada, consumista, manipulada, parece una opción retirarse a un no mas’s land, un lugar virgen, donde recuperar la raíz, ejercer su derecho a amarse libremente. Todo es en "Zabrinskie Point" (nombre de un mirador real en ese extraño desierto) tan corpóreo y despojado,. Estos Adan y Eva que se llaman en  la película por el nombre de los actores en la vida real -Mark Frechette y Daria Halprin, sin duda una pareja muy carismática- se desnudan en muchas escenas casi como si el espectador no estuviera, y luego están esas dos tramas que sólo se unen a través de esta extraña, repentina y pasional historia. 
Todo es bastante conceptual en "Zabrinskie Point", se combinan tramas que nunca se unen, haciendo una especie de extraño 'collage', que, más que otra cosa, es un paisaje interior, mental, una sensación, quizá de toda esa confusión política; y así como hay que entender la película. Como belleza sin pulir, momentos mágicos, sin censura, como personajes con ropa que se nos hace ya familiar, como una especie de tiempo real, y luego ese extraño final.. Una esopieci de limbo entre la realidad y la ficción, la vigilia y el sueño, la consciencia y el inconsciente.
Curioso -y un acierto- que Antonioni ponga a Pink Floyd en la banda sonora, con toda esa excentricidad que choca, casi de golpe, con la quietud del paisaje y remueve algo que está latente, en el corazón de la ciudad, el lugar donde este guaperas huye trás un altercado con la policía; de donde ella se ausenta, y conduce hasta llegar a una casa construída en las rocas, proyecto en el que entendemos ella trabaja. Apenas hay explicaciones. No sabemos si él y ella se conocen de antes, de qué (de hecho, parecen pertenecer a dos esferas de la sociedad muy diferentes, más en aquel momento de agitación), pero sí que se encuentran y que a partir de entonces todo ocurre con intensidad. Todo es fruto de la atracción, de llevar a cabo un plan. 
Recomendable esta peli, ya lo creo. 
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Seguro que esos tipos hippies, con su comportamiento adolescente, descalzos, cariñosos en exceso, ligeros de ropas, despojados de muchas otras cosas, ligeros de equipaje… rebeldes al modelo de vida american feliz, sacaban de quicio a los burgueses, me lo puedo imaginar perfectamente. Un ‘estorbo’ de una sociedad correcta, perfecta y eficaz, (con todas sus contraprestaciones, claro). Me lo imagino perfectamente. Debía haber una mezcla muy extraña entre los que renegaban y los que cumplían las normas.
Michelangelo Antonioni ya seguía a estos tipos que, sin tener que llevar margaritas, se hacían mimos, personajes inertes, no cooperativos con ese plan del bienestar, que, en realidad, siempre ha beneficiado sólo a unos pocos. Los había dejado asomarse en sus películas, a ellos y a sus pequeñas provocaciones, una especie `picaresca hippy', probablemente las escenas más magnéticas y libres, como aquel partido de tenis de mimo al final de ‘Blow up’
En fin, que deja muy buen sabor de boca todo esto del flower power, uno de mis movimientos favoritos, más después de haber estado en San Francisco, paseando por la Haight Street comprando vinilos, como si el tiempo no importase, a 3.000 kilómetros o qué se yo de mi casa y, sin embargo, tan en casa. Y lo peor (o lo mejor): da muy buenas y peligrosas ideas de recuperar la bohemia verdadera –ya la tuve, ¡¡¡te anhelo!!!!-, un poco de sentido crítico sobre las rutinas y los convencionalismos. ‘Be flower, my friend’, al menos un poco.

jueves, 15 de diciembre de 2011

"LOVE IS LIKE A RIVER", DE GIRLS: LA GUINDA DEL PRIMAVERA CLUB'11 / El romanticismo superlativo *(el poder (de las canciones) de amor))

SOBRE GIRLS Y EL 'CHASQUIDO' DEL VINILO...
Sin preámbulos, esta absoluta preciosidad de Girls, que me ha embaucado desde el primer momento, un absoluto flechazo. 

Espero que, escuchándola, ya compartáis mi absoluto remordimiento por no haber aprovechado la oportunidad que se me brindó de comprar esta joya de disco en formato vinilo, oportunidad que, fuera de su directo, ya no parece fácil. Porque señores.. está claro que ése era el formato, y eso lo que trataré de explicar. 
Es en esta canción "Love is like a river" en la que me quiero quedar, sin ni siquiera referirme al resto de ese segundo y encantador trabajo del duo californiano: "Father son holly ghost".. Tampoco me referiré al guaperas barbudo 'tan trivago' que tocaba la batería aquel domingo de cierre en la Sala Joy... Porque en ese momento sólo estaba esta canción y todo se quedó paradao, congelado. Nos llevó -al menos a mí- directo a ese terreno en el que uno ya no es dueño de sus actos sino que los son ya las canciones. las que crearán la atmósfera y la magia de un beso. Ese universo de una pareja absorta en un baile de instituto, con la bola aun girando sobre sus cabezas, la mejilla sobre el hombro, a punto de despedirse y, sin embargo, sin querer separarse; Ese paseo por una calle vacía, de noche, él le pone su cazadora a ella sobre los hombros, le roza la mano; El interior de un viejo cadillac, aparcado en un auto-cine. Un universo profundamente cinematográfico, de lugares comunes sobre los que nos sentimos proyectados y reflejados. Sobre todo porque antes la radio y el cine tambié iban de la mano, estaban enamorados. Luego tomaron diferentes caminos, se distanciaron. Sólo las emisoras nocturnas avivaron esos momentos mágicos; El cine, cada vez más, dejó de reflejarlos. Tal vez apenas se adaptó a los nuevos tiempos, cada vez más desarraigados de este romanticismo casi naif. 
Por eso "Love is like a river" lo trajo todo de golpe, y los cinco músicos estaban ensimismados, así que.. ¿cómo no estarlo nosotros? Vocal y musicalmente la cuidaron, de una manera mucho más íntima que el resto, una auténtica llamada y homenaje a los 60's y al más añejo sentimiento doo wop, al Romanticismo superlativo 
Prestad, si es posible, atención a la letra, al valor añadido: en el caso del romanticismo, absolutamente esencial... 
Otro detalle muy delicado y muy buen acierto es la portada y el haberse decantado por ese diseño tipográfico, en vez de ilustrar este disco de la forma quizá más obvia:  la clásica imagen  iconográfica vintage haciendo referencia a ese universo 'oldies'.. El hecho de que recurran a algo mucho menos previsble y elegante es un valor añadido a la hora de adquirir un vinilo, porque todos los detalles cuentan, van a una escala mayor. 
La portada es una recopilación de frases como "It's just a song of love" Love love love come around.." todas ellas incluidas en los tracks, a veces los propios título. Otras apuntan más a una cierta preocupación por temas más oscuros, quizá derivado del hecho del solista haber recibido una fuerte eduación evangélica, si no recuerdo mal, con unos valores muy arraigados. Así que junto a las promesas y declaraciones de amor, aparecen otras frases casi amenazantes, sobre la muerte, que recuerdan ese halo de misterio que envolvía a los Arcade Fire cuando aparecieron, ese "Neon Bible" oscuro y casi siniestro combinado con una enorme belleza. Lo mismo que ocurre aquí. Insistir, de todas formas -de ahí la alusión únicamente a este tema- que "Love is like a river" es un pequeño remanso oldies en el conjunto del disco. 




El resto de temas romperían con 'esta magia del abrazo eterno en un lugar a punto de cerrar'; se alejan, tienen a veces unos toques veraniegos y frescos, hacia un Jack Jhonson o Nada Surf; por supuesto, influencias de los Beach Boys; y otras veces más a la melódica folk, con supuestas similitudes a Fleet Foxes (auténticas cabezas de cartel del PC, aunque, desgraciadamente, me digan poco). 
En mi opinión, Girls tienen un estilo mucho más definido y, una vez más cumplen con la teoría de que en la Bahía de San Francisco ve crecer propuestas muy creativas, auténticas, muy poco vistas, que no parecen nacer con la idea de contentar sino de experimentar, y siempre acban por ser una muy buen mezcla de referencias. Que abundan por ahí los hombres-orquesta. Acuérdense, si no, aunque mucho más surf, de Ty Segall: tremendo.
Bueno, en realidad, puede que no fuera tan casual como sólo la melodia 'old style' llevase a esa necesidad de tenerlo en vinilo, era el todo. Eran los ramos atados a los micrófonos al más puro estilo 'flower power' Haight/Ashbury; eran las camisas de flores, elegantemente hippies, de estos tipos de West Coast. Era la voz de Christopher Owens, tan delicada, y él, su aspecto físico, tan delicado también. Era la antigua sala de teatro con sus palcos iluminados tenuemente por unos focos con filtros de lunares rojos..  Por cierto, da gusto su registro, tiene una naturalidad y pasmosa facilidad vocal.   
Una pena no encontrar una foto de GIRLS de su concierto en el cierre del Primavera Sound en Madrid (muy bien traído, muy nostálgico, acabó, con ellos, fetén...) porque os aseguro que la camisa que llevaba Christopher, carismático front-band con su melena que se le echa a la cara, entre una versión afeminada de my dear desgreñado Kurt Cobain y el niño asustadizo de la clase, era mil veces mejor: más psicodélica, de flores grandes, enormes. La llevaba como si fuera su prenda fetiche #1 (todos tenemos una).   


Sin embargo, no continuaré la crónica como sería lógico, con el resto de cartel/grupos PRIMAVERA CLUB -y hubo joyas-, sino que me apetece mucho más llevarlo por otro rumbo.. Quizá porque ya nos hemos puesto romanticones.. Y es que el amor es algo Universal, es imposible entender la música sin él.. 




EL PODER DE (LAS CANCIONES SOBRE) EL AMOR... 


3... 2.. 1.. ON THE AIR: 
Sí.. Hola, hola... Son las 12 de la noche. Y estamos en directo. Sincronizas tu emisora favorita. Bienvenido, bienvenida..
- ¿Sabe tu madre que entro en tu habitación cada noche..? 


Hoy es el dia y éste es el post de ponerse románticos. Tremendamente románticos, sin pudor, sin ataduras, ni clichés. Hoy es el día del amor, del amor metafórico, soñado, platónico. Déjate llevar por la magia de las ondas, déjate seducir por esos momentos sentimentales, déjate llevar por esas canciones que te llevan hasta alguien, que te harán sentir algo por dentro, un pequeño vuelco, un recuerdo que se aviva, algo punzante, directo en el corazón. Sin reparo ni ataduras. No viajaremos al desamor, ni a nada que nos cause melancolía, ni pesar, ni desazón. Iremos directos a los momentos vividos, recordados, o los que se pudieron dar, o los que en este momento parecen fluir y florecer.
No hay duda que las canciones ejercen un efecto en nosotros, especialmente las de amor (algunas), nos tocan la fibra sensible, sea lo sea que esto quiere decir y donde esté. A veces hasta nos dan, se nos pegan de ellas frases que empiezan a formar parte de nuestro vocabulario coloquial. Y muchas veces van asociadas a nuestros momentos románticos, sobre todo a los besos. Los sitios donde estos besos ocurrieron adquieren una categoría musical, si es que sonaba una canción en algún lugar; y un escenario, uno que aun la UNESCO no reconoce porque pertenece a nuestro propio e íntimo patrimonio 'interior'. Pasar por delante a diario o años más tarde nos esboza la sonrisa..  

Así que aquí va un sintético y entecortado viaje musical sobre esa idea de estar profundamente enamorado, a lo largo del tiempo, de dos en dos décadas (me gustaría ser mucho más exhaustiva pero lleva su tiempo), apenas para destacar y rescatar ese quelque chose que, a lo largo de los años y de los estilos, no se pierde, prevalece. 
Hay tantas baladas o canciones románticas de 5*.. pero me han venido a la cabeza éstas:    


1959.. 
THE FLAMINGOS: "I ONLY HAVE EYES FOR YOU"
Sin ir a obviedades como el "Only You" de The Platters, siempre me he decantado (y encantado) este tema, verdadera esencia del doo wop, con cuatro voces al servicio de la principal que dice frases tan absolutamente enamoradizas como ese "I don´t know if it's cloudy or bright.." En fin, una maravilla esta apología del amor: cómo todo se vuelve secundario. Y encima está toda esa gestualidad propia del doo wop de la puesta en escena,  de verles a ellos cantándola, con ese juego de voces, de gestos, de sonrisas. En todo caso, se ha podido quedar demodé el estilo, pero el de la hechura de los trajes, o ese azul celeste, nunca el de la canción en sí, que se merece absolutamente estar en la categoría de los grandes clásicos.   
Una delicia ingenua que saborear. Y quien rechace un beso con esta canción de fondo -más si está sonando en una juke box- está claro: o bien replicante (y mal programado/-a) o, directamente, mala persona.



1984...
FRANKIE GOES TO HOLLYWOOD: "THE POWER OF LOVE"
Qué suerte haberla escuchado el otro día en una tienda de discos de fondo y haberme vuelto a enamorar de ella (y ya no de los dependientes), y no poder quitármela de la cabeza. 
Decir tiene que ésta es mi favorita, sin duda. Y eso que los 80's tiene grandísimos nombres, el listón altísimo, entre ellos -y ha costado desviarle- Chris Isaac. Pero Frankie goes to Hollywood consiguen aquí exprimir algo hasta el final, dar con ese poder de conseguir removernos, algo casi épico, de himno, de hit. Me encanta, una canción redonda, con toques a Lou Reed, Bowie... Y ese giro del minuto 3, con ese "I am so in love with you" casi hablado sobre ese punteo de guitarra, tan tremendo.. Quien no sienta algo por dentro, no tiene sangre, sino leche en las venas!!! Casi imposible escapar o evitar un beso con este temazo de acompañamiento, porque es uno de ésos que desarman, que le dejan a uno/-a sin respuesta, sin corazas.



2006...
THE MACCABEES: "First love"
Dentro de la casi actualidad, me ha gustado acordarme de esta joyita rock/pop. Quizá lo que más cuente sea el videoclip, casi un catálogo de esos momentos en los que sentimos falta de la otra persona, cómo todo nos recuerda a ella y llegamos a sentir ese enorme vacío, que nos lleva, incluso, a hacer cosas casi ridículas pero que nos reconfortan. 
Confesaos que les mandé esta canción a una pareja de grandes amigos cuando lo dejaron, lo que me dio una enorme tristeza, casi como si fueran mis padres que se separaban. Afortunadamente a día de hoy, poco después en realidad, están juntos y vuelven a ser esa 'pareja mítica' que todos necesitamos tener de referencia. (Supongo que para confirmar que el 'amor de cine' también existe al otro lado de la pantalla). Quién sabe si, un poco, pudieron ayudar The Maccabees, al menos a cambiar la actitud de guerra por la volver a declarse el amor. *_*     



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Bueno, el programa está llegando a su fin. 
Espero que os hayáis quedado con un buen sabor de boca.. Pocas veces nos abrimos verdaderamente a los sentimientos no declarados. Ahora... que la suerte os acompañe para dar con el 'right place, right time' en el que una de estas canciones casualmente suene y os haga más fácil dar el paso, llegar a ese momento mágico. que se da en contadas ocasiones, pero del que uno se acuerda para siempre. 
No es cierto que cuando hay un momento íntimo y mágico entre dos personas se deje de escuchar la música, yo creo que, más bien, todo lo contrario: se escucha con mucha más nitidez; Lo que se pierde, lo lo que baja de intensidad es la luz..


Contraindicaciones: 
ATENCIÓN, No estoy entre líneas recomendando ni tentando a nadie a que haga ninguna pequeña locura, los que tenéis pareja centraos en ella, eh!! Nada de ir a buscar ese amor fou' de la adolescencia -ni siquiera en facebook-, ni a ese viejo amor, porque, además, lo sabéis: ya no será lo  mismo. Yo tengo a dos viejos amorcitos puntuales con la comunicación cortada por sus señoras esposas, una pena.. porque nos unía una bonita amistad a distancia. La gente se ciega por los celos y las hipótesis improbables, no sabe entender que las cosas en su momento fueron pero luego se pasan. De ahí también el encanto y la intensidad.
  
-LOVE IS IN THE AIR (sobre todo en las canciones)-
The End.


lunes, 12 de diciembre de 2011

"MISTÉRIOS DE LISBOA", DE RAOUL RUIZ. Cine de época con derecho a ironía y falta de rigor / Homenaje.-parodia... Belleza coral e idiosincrasia lusa







Bueno... Os aseguro que no era nada fácil salir de esta espiral, superar 2 meses largos de abstinencia de blog, con sus consecuentes remordimientos, pérdida de hábito... ese sentimiento de inseguridad que a uno le abruma y que, a los ojos de los otros, puede parecer abandono, pérdida de interés; algo que te mantiene lejos de algo que antes era tuyo y del que tenías una posesión y un control... 
Y no puede ser con cualquier cosa que una retoma el rumbo y le gana la partida a esa barrera. Tiene que ser algo muy sentimental, que toque muy de cerca, algo que le haga a uno removerse por dentro, sentir algo visceral. En este tiempo ha habido otros, intentos falidos, frustrados, pero que se han ido quedando en ese oscuro lugar llamado borrador, el del paso no dado. Haber visto últimamente cosas en las que yo tenía mucha expectativa y que al final me han dejado, más bien, con un sabor amargo de cierta decepción, no ayudaba.. Sin embargo, es un hecho muy real, algo que tiene mucho que ver con mi personalidad, que, a pesar de no ser nostálgica y del paso de los años, yo eche de menos Lisboa como si fuera una persona, un ser querido, una expareja. Echo de menos su olor, su forma, su sabor... Para mí es un paisaje interior, un recuerdo, un símbolo de algo más, incluso un estado de ánimo.  

***

"Mistérios de Lisboa" de Raoul Ruiz tiene ese algo que yo anhelo y me conmueve. Es una película de alma lusa, que palpita y se comporta a un ritmo portugués, con todo ese azul, ese inmenso mundo interior, esa idiosincrasia nostálgica.
Todo ocurre en un marco palaciego, absolutamente burgués, casi artificial, muy teatral, que en parte hace del filme un ejercicio de estilo en interiores que podría recordar a "Russian ark" (Alexander Sokurov). Quizá esa sea la primera virtud, porque lo es: mantenerlo todo en ese orden y unidad de la puesta en escena, del pasado, de la Historia, y meter en él a los personajes con mucho cuidado, y poco a poco, con ellos, la trama, en ese algo que es tan embaucador, tan poderosamente bello, que apenas le bastaría nada, más que la contemplación. Hacer una película histórica, no sólo 'de época', al estilo contemporáneo requiere de muy buen gusto, posicionamiento, punto de vista y perspicacia.
Sokurov hizo del Russian State Hermitage Museum su mayor cómplice a nivel de realización para convertir "Russian ark" en un absoluto y maravilloso milagro: un plano secuencia de 96 minutos. Dando vida a una narratividad en simultáneo a la propia visita recorrido histórico de la colección del museo, a través de sus salas. Un milagro y una perfección que, estoy convencida, el espectador no estaba preparado para asimilar, quizá 'obra maestra' sea una categoría pobre para un reto de estas características; 
*
Sin tanto virtuosismo pero también con la idea de ciclo, de caja de pandora, Raul Ruiz propone en "Mistérios de Lisboa" un recorrido metafórico, histórico, por los interiores de los palacios, cargados de detalles, de azulejos, murales y frescos auténticamente pombalinos y de aquel esplendor del siglo XXV. Y no hay que dejar pasar por alto la posiblemente mayor peculiaridad: la duración: 4horas y media, que se proyectaron ayer, con derecho a intervalo cual double feauture, en la inmensidad azul art noveau del Doré. Una duración sin contemplaciones que la coloca en esa categoría de 'extra-largometraje' como "La humanidad" de Victor Drumond, cine que, ya sólo por su duración, habría gente no dispuesta a ver, aunque en este caso sea, más que una propuesta-prueba al espectador, consecuencia del metraje del propio libro del que es adaptación, de ahí que también se haya editado en formato de serie de 6 episodios. Basada en un libro de Camilo Castelo Branco (del año 1854), uno de los grandes nombres de la literatura lusa, un retratista de Lisboa 'y el resto de paisaje', ya sabéis el dicho...



Todo comienza de una manera casi épica y se plantea en un corte absolutamente clásico, con movimientos de cámara de grúa al más puro estilo "Ciudadano Kane" (Orson Welles), ese vuelo que nos lleva de un plano general a un detalle, que nos acercan a susurros y gestos en fiestas palaciegas de la aristocracia. La manera de realizar incluso la estructura comparte mucho también con la que ha sido siempre y será 'la Película'  por autonomasia: "Gone with the wind". Igual que en ella, pero enseguida transformándola en una dualidad de homenaje-parodia, la carga de desgracias, intereses cruzados, amores imposibles, cuestiones de honor y honra en todas sus vertientes y niveles sociales son aquí convocadas y no falta uno de los temas del teatro clásico. La historia, una muñeca rusa de generaciones en la que el Drama y la Tragedia se apoderan de todo, como una leche derramada que se esparce. Y llega a un límite tan insospechado, tan excesivo, de tal empacho para el espectador, que saca la esencia del drama histórico para quedarse, aunque conserve la elegancia exterior, en la pura telenovela. Y no le falta ironía..
Por otro lado, Rouiz introduce ese 'canallismo' tan parisino, tan propio de los bajos fondos que hizo casi suya la Nouevelle Vague, todos esos entrañables personajes secundarios, el 'amor fou', el amor incondicional a la madre, el protagonisa adolescente con un mundo latante de sentimientos y contradicciones, al borde del abismo ("El soplo al corazón" de Louis Malle, y otras tantas), hermanos que compiten por el amor de la misma mujer, etc, todo un universo que le da una frescura y una diversidad a ese hermetismo histórico, 'de época', de partida. Una manera de romper los lugares comunes y de experimentar con el lenguaje que, sin duda, hace nombrar a un coetáneo suyo: Jean Luc Godard, cada vez más conceptual, experimental, dispuesto a contraria y agitar ("Notre musique", "Filme socialisme", etc.). aunque Ruiz parece quedarse más en el plano de la ironía silenciosa, del cinismo ilustrado, en condesas con amantes que acusan en público a otras de promiscuas. En mujeres qus se desmayan sin motivo o por exceso de pulsión del propio personaje que ellas mismas se han hecho creer, caricaturescos. 
En la primera parte todo se desarrolla en una normalidad aparenete, un costumbrismo 'Manoel de Oliveira style': mujeres elegantes, pequeñas intrigas de alcoba. Una madre, un hijo y un cura, la madre separada de su hijo por una causa mayor, causa que llega a parecer un McGuffin porque, constantemente, se pospone contar ese 'secreto' y se aviva el 'misterio', casi gratuitamente, dando paso a escenas de transición en las que se van pasando, como si fuera una pelota, el protagonismo de la historia dispares y múltiples personajes. Una voz en off que habla en primera persona y tal vez nos guía pero aun no sabemos a quién pertenece...
Es sólo más adelante, quizá pasada la primera hora y media, cuando esta armonía se pierde, explota. Finalmente ese secreto se cuenta y es precisamente lo que pone en marcha un engranaje coral absolutamente frenético, casi disparatado, de personajes que pertenecen a 3 generaciones, ni siquiera son de una misma familia, sino una sucesión de hijos declarados o bastardos de los inescrutables caminos del destino, consecuencias de pasiones prohibidas y de extraños pactos. Historias de damas y caballeros enajenados, con o sin sangre azul, que se toman la venganza en su mano, que buscan recuperar su dignidad o huir de su pasado. Comienzan los saltos en el tiempo, y es también cuando los personajes adquieren su verdadera identidad y cuando el humor entra de golpe en esas estancias nobles y las hace más vulgares.
En medio de esta 'amalgama', de esta ambigüedad histórico/cinematográfica, pienso que quizá “Mistérios de Lisboa” a lo que más me recuerda -y es poco habitual que algo recuerde- es a la inolvidable “Henry Fool” (que en su día posteé) *(sólo de pensar en ella me han daso ganas de irme a comprarla), de un cineasta que me vuelve loca y me encanta dosificar: Hal Hartley. También un experimento 'de época', con un personaje carnal, burdo y visceral, políticamente incorrecto, como es aquí el 'ComeFacas' que luego resulta ser un pirata sin escrúpulos envuelto siempre en asuntos turbios, un mujeriego que acaba por seducir a una marquesa y hacerla enloquecer. Quizá el personaje más libre de todos. Parece que en el fondo lo que venga a decir -y éste sería en realidad el mensaje de Castelo Branco- es que es posible escalar o engañar a la escala social.


Muy delicado el detalle del teatrillo de títeres con piezas de cartón, que, además de intertítulo, casi a modo de cine mudo, nos introduce de manera casi naif en las historias diferenciadas o capítulos,  sirve como quizá la única pista o referente para entender los vínculos y parentescos entre los personajes de esta entrecortada saga.
En toda la película, casi a un intervalos irregulares, entra una melodía, siempre igual, siempre la misma, una música sublime, que carga de un tono de intriga, de misterio.. teniéndolo en algunos casos y en otros no. El ápice de humor está siempre latente, en casi cualquiera de las decisiones. Realmente cuesta encajar en un género concreto esta película. Cualquiera que éste fuera: drama, intriga, comedia, incluso histórica... los personajes siempre se comportarían, en algún momento de una manera inesperada, de acuerdo a los códigos de otro de los géneros. Todo fluye y el espectador, mitad voyeur mitad atónito a ese despliegue de personajes (que igual que dura 4horas y media, podría durar 10, si se lo propusiera), ante tanto drama y tanto personaje, todo tan coral, llega a perder la concentración. Esto ocurre, además, de manera intencionada, provocada por el propio cineasta, que juega con nosotros y con nuestra capacidad de empatía a los personajes, colocándonos en algún momento una distracción a la vista que podría ser mayor que el propio drama que está teniendo lugar. Por ejemplo, en una escena con una conversación de vital importancia entre el personaje del cura y la marquesa desgraciada, entre ellos, justo en el centro del plano hay una ventana al fondo de la sala y en ella una rama se agita violenta y desproporcionadamente (como si hubiera una tempestad,pero no la hay, incluso hace sol): No podemos evitar fijarnos en este estímulo exterior. Y cuando nos damos cuenta, ya han acabado esa conversación y pasamos a otra escena habiendo acumulado información contada de la que no nos hemos enterado.
En la historia del joven que se queda a cargo de la mujer de su hombre de confianza, por la que se siente profundamente atraído y que acabarán por enamorarse locamente, manteniendo el idilio en secreto, este 'recurso' se lleva al extremo. Cuando planean huir juntos, hablando en susurros en la alcoba, se ven puertas entornadas con doncellas y mayordomos asomados, escuchándoles, incluso algunos en la ventana, justo detrás de ellos, sin esconderse. Desconcertante pero que en este caso en vez de provocarnos miedo, como lo haría David Lynch, o Roy Andersson, que nos harían encogernos, es un delirio humorístico sobre la falta de intimidad y la indiscreción.
Hay mucho humor en el punto de vista subjetivo. Se pasa de la belleza al humor en cuestión de un segundo.
Lo mismo que mucho juego con el primer y el segundo plano, con el sentido pictórico, espacial y tridimensional del plano. En algunos casos da imágenes absolutamente hermosas; en otros, nos desata más bien la sonrisa, sacándonos de la historia, para luego volvernos a dejar entrar.
Lo que quiere decir que están todos los aspectos muy explorados y expotados, muy aprovechado el celuloide. Y, de verdad, es realmente curioso lo que genera verla en el espectador, lleva incluso a pensar en las contadas ocasiones en las que se lleva a cabo un experimento, al mismo tiempo que se cuenta una historia/se hace una película. En este caso, cargarla de ironía (incluso de humor) a través de los pequeños detalles, incluso sin quirarle importancia a la historia.
Muy recomendable!!



Una gran película, que combina estilos, géneros, todo tipo de recursos, que llega a tener la belleza de Bergman, la visceralidad de Harley, la delicadeza de Oliveira, la ironía de Godard.. Es decir, toma lo mejor de cada camino.  Y que nos regala magnéticos personajes y hermosímos paisajes. Una recreación a la vista y un guiño a la mente.
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Misterios de Lisboa” ganó la Concha de Plata en la pasada edición del Festival de San Sebastián y tiene un reparto de gran categoría y al 'gurú de las coproducciones luso-franco-europeas' en la cabecera de sus créditos: Paulo Branco
Raoul Ruiz, de nacionalidad chilena, afincado en la intelectualidad parisina de la Nouvelle Vague, con una vastísima filmografía, murió el pasado mes de agosto. Una pena.