Bueno... Os aseguro que no era nada fácil salir de esta espiral, superar 2 meses largos de abstinencia de blog, con sus consecuentes remordimientos, pérdida de hábito... ese sentimiento de inseguridad que a uno le abruma y que, a los ojos de los otros, puede parecer abandono, pérdida de interés; algo que te mantiene lejos de algo que antes era tuyo y del que tenías una posesión y un control...
Y no puede ser con cualquier cosa que una retoma el rumbo y le gana la partida a esa barrera. Tiene que ser algo muy sentimental, que toque muy de cerca, algo que le haga a uno removerse por dentro, sentir algo visceral. En este tiempo ha habido otros, intentos falidos, frustrados, pero que se han ido quedando en ese oscuro lugar llamado borrador, el del paso no dado. Haber visto últimamente cosas en las que yo tenía mucha expectativa y que al final me han dejado, más bien, con un sabor amargo de cierta decepción, no ayudaba.. Sin embargo, es un hecho muy real, algo que tiene mucho que ver con mi personalidad, que, a pesar de no ser nostálgica y del paso de los años, yo eche de menos Lisboa como si fuera una persona, un ser querido, una expareja. Echo de menos su olor, su forma, su sabor... Para mí es un paisaje interior, un recuerdo, un símbolo de algo más, incluso un estado de ánimo.
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"Mistérios de Lisboa" de Raoul Ruiz tiene ese algo que yo anhelo y me conmueve. Es una película de alma lusa, que palpita y se comporta a un ritmo portugués, con todo ese azul, ese inmenso mundo interior, esa idiosincrasia nostálgica.
Todo ocurre en un marco palaciego, absolutamente burgués, casi artificial, muy teatral, que en parte hace del filme un ejercicio de estilo en interiores que podría recordar a "Russian ark" (Alexander Sokurov). Quizá esa sea la primera virtud, porque lo es: mantenerlo todo en ese orden y unidad de la puesta en escena, del pasado, de la Historia, y meter en él a los personajes con mucho cuidado, y poco a poco, con ellos, la trama, en ese algo que es tan embaucador, tan poderosamente bello, que apenas le bastaría nada, más que la contemplación. Hacer una película histórica, no sólo 'de época', al estilo contemporáneo requiere de muy buen gusto, posicionamiento, punto de vista y perspicacia.Sokurov hizo del Russian State Hermitage Museum su mayor cómplice a nivel de realización para convertir "Russian ark" en un absoluto y maravilloso milagro: un plano secuencia de 96 minutos. Dando vida a una narratividad en simultáneo a la propia visita recorrido histórico de la colección del museo, a través de sus salas. Un milagro y una perfección que, estoy convencida, el espectador no estaba preparado para asimilar, quizá 'obra maestra' sea una categoría pobre para un reto de estas características;
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Sin tanto virtuosismo pero también con la idea de ciclo, de caja de pandora, Raul Ruiz propone en "Mistérios de Lisboa" un recorrido metafórico, histórico, por los interiores de los palacios, cargados de detalles, de azulejos, murales y frescos auténticamente pombalinos y de aquel esplendor del siglo XXV. Y no hay que dejar pasar por alto la posiblemente mayor peculiaridad: la duración: 4horas y media, que se proyectaron ayer, con derecho a intervalo cual double feauture, en la inmensidad azul art noveau del Doré. Una duración sin contemplaciones que la coloca en esa categoría de 'extra-largometraje' como "La humanidad" de Victor Drumond, cine que, ya sólo por su duración, habría gente no dispuesta a ver, aunque en este caso sea, más que una propuesta-prueba al espectador, consecuencia del metraje del propio libro del que es adaptación, de ahí que también se haya editado en formato de serie de 6 episodios. Basada en un libro de Camilo Castelo Branco (del año 1854), uno de los grandes nombres de la literatura lusa, un retratista de Lisboa 'y el resto de paisaje', ya sabéis el dicho...
Sin tanto virtuosismo pero también con la idea de ciclo, de caja de pandora, Raul Ruiz propone en "Mistérios de Lisboa" un recorrido metafórico, histórico, por los interiores de los palacios, cargados de detalles, de azulejos, murales y frescos auténticamente pombalinos y de aquel esplendor del siglo XXV. Y no hay que dejar pasar por alto la posiblemente mayor peculiaridad: la duración: 4horas y media, que se proyectaron ayer, con derecho a intervalo cual double feauture, en la inmensidad azul art noveau del Doré. Una duración sin contemplaciones que la coloca en esa categoría de 'extra-largometraje' como "La humanidad" de Victor Drumond, cine que, ya sólo por su duración, habría gente no dispuesta a ver, aunque en este caso sea, más que una propuesta-prueba al espectador, consecuencia del metraje del propio libro del que es adaptación, de ahí que también se haya editado en formato de serie de 6 episodios. Basada en un libro de Camilo Castelo Branco (del año 1854), uno de los grandes nombres de la literatura lusa, un retratista de Lisboa 'y el resto de paisaje', ya sabéis el dicho...

Todo comienza de una manera casi épica y se plantea en un corte absolutamente clásico, con movimientos de cámara de grúa al más puro estilo "Ciudadano Kane" (Orson Welles), ese vuelo que nos lleva de un plano general a un detalle, que nos acercan a susurros y gestos en fiestas palaciegas de la aristocracia. La manera de realizar incluso la estructura comparte mucho también con la que ha sido siempre y será 'la Película' por autonomasia: "Gone with the wind". Igual que en ella, pero enseguida transformándola en una dualidad de homenaje-parodia, la carga de desgracias, intereses cruzados, amores imposibles, cuestiones de honor y honra en todas sus vertientes y niveles sociales son aquí convocadas y no falta uno de los temas del teatro clásico. La historia, una muñeca rusa de generaciones en la que el Drama y la Tragedia se apoderan de todo, como una leche derramada que se esparce. Y llega a un límite tan insospechado, tan excesivo, de tal empacho para el espectador, que saca la esencia del drama histórico para quedarse, aunque conserve la elegancia exterior, en la pura telenovela. Y no le falta ironía..
Por otro lado, Rouiz introduce ese 'canallismo' tan parisino, tan propio de los bajos fondos que hizo casi suya la Nouevelle Vague, todos esos entrañables personajes secundarios, el 'amor fou', el amor incondicional a la madre, el protagonisa adolescente con un mundo latante de sentimientos y contradicciones, al borde del abismo ("El soplo al corazón" de Louis Malle, y otras tantas), hermanos que compiten por el amor de la misma mujer, etc, todo un universo que le da una frescura y una diversidad a ese hermetismo histórico, 'de época', de partida. Una manera de romper los lugares comunes y de experimentar con el lenguaje que, sin duda, hace nombrar a un coetáneo suyo: Jean Luc Godard, cada vez más conceptual, experimental, dispuesto a contraria y agitar ("Notre musique", "Filme socialisme", etc.). aunque Ruiz parece quedarse más en el plano de la ironía silenciosa, del cinismo ilustrado, en condesas con amantes que acusan en público a otras de promiscuas. En mujeres qus se desmayan sin motivo o por exceso de pulsión del propio personaje que ellas mismas se han hecho creer, caricaturescos.
En la primera parte todo se desarrolla en una normalidad aparenete, un costumbrismo 'Manoel de Oliveira style': mujeres elegantes, pequeñas intrigas de alcoba. Una madre, un hijo y un cura, la madre separada de su hijo por una causa mayor, causa que llega a parecer un McGuffin porque, constantemente, se pospone contar ese 'secreto' y se aviva el 'misterio', casi gratuitamente, dando paso a escenas de transición en las que se van pasando, como si fuera una pelota, el protagonismo de la historia dispares y múltiples personajes. Una voz en off que habla en primera persona y tal vez nos guía pero aun no sabemos a quién pertenece...
Es sólo más adelante, quizá pasada la primera hora y media, cuando esta armonía se pierde, explota. Finalmente ese secreto se cuenta y es precisamente lo que pone en marcha un engranaje coral absolutamente frenético, casi disparatado, de personajes que pertenecen a 3 generaciones, ni siquiera son de una misma familia, sino una sucesión de hijos declarados o bastardos de los inescrutables caminos del destino, consecuencias de pasiones prohibidas y de extraños pactos. Historias de damas y caballeros enajenados, con o sin sangre azul, que se toman la venganza en su mano, que buscan recuperar su dignidad o huir de su pasado. Comienzan los saltos en el tiempo, y es también cuando los personajes adquieren su verdadera identidad y cuando el humor entra de golpe en esas estancias nobles y las hace más vulgares.
En medio de esta 'amalgama', de esta ambigüedad histórico/cinematográfica, pienso que quizá “Mistérios de Lisboa” a lo que más me recuerda -y es poco habitual que algo recuerde- es a la inolvidable “Henry Fool” (que en su día posteé) *(sólo de pensar en ella me han daso ganas de irme a comprarla), de un cineasta que me vuelve loca y me encanta dosificar: Hal Hartley. También un experimento 'de época', con un personaje carnal, burdo y visceral, políticamente incorrecto, como es aquí el 'ComeFacas' que luego resulta ser un pirata sin escrúpulos envuelto siempre en asuntos turbios, un mujeriego que acaba por seducir a una marquesa y hacerla enloquecer. Quizá el personaje más libre de todos. Parece que en el fondo lo que venga a decir -y éste sería en realidad el mensaje de Castelo Branco- es que es posible escalar o engañar a la escala social.
Muy delicado el detalle del teatrillo de títeres con piezas de cartón, que, además de intertítulo, casi a modo de cine mudo, nos introduce de manera casi naif en las historias diferenciadas o capítulos, sirve como quizá la única pista o referente para entender los vínculos y parentescos entre los personajes de esta entrecortada saga.En toda la película, casi a un intervalos irregulares, entra una melodía, siempre igual, siempre la misma, una música sublime, que carga de un tono de intriga, de misterio.. teniéndolo en algunos casos y en otros no. El ápice de humor está siempre latente, en casi cualquiera de las decisiones. Realmente cuesta encajar en un género concreto esta película. Cualquiera que éste fuera: drama, intriga, comedia, incluso histórica... los personajes siempre se comportarían, en algún momento de una manera inesperada, de acuerdo a los códigos de otro de los géneros. Todo fluye y el espectador, mitad voyeur mitad atónito a ese despliegue de personajes (que igual que dura 4horas y media, podría durar 10, si se lo propusiera), ante tanto drama y tanto personaje, todo tan coral, llega a perder la concentración. Esto ocurre, además, de manera intencionada, provocada por el propio cineasta, que juega con nosotros y con nuestra capacidad de empatía a los personajes, colocándonos en algún momento una distracción a la vista que podría ser mayor que el propio drama que está teniendo lugar. Por ejemplo, en una escena con una conversación de vital importancia entre el personaje del cura y la marquesa desgraciada, entre ellos, justo en el centro del plano hay una ventana al fondo de la sala y en ella una rama se agita violenta y desproporcionadamente (como si hubiera una tempestad,pero no la hay, incluso hace sol): No podemos evitar fijarnos en este estímulo exterior. Y cuando nos damos cuenta, ya han acabado esa conversación y pasamos a otra escena habiendo acumulado información contada de la que no nos hemos enterado.
En la historia del joven que se queda a cargo de la mujer de su hombre de confianza, por la que se siente profundamente atraído y que acabarán por enamorarse locamente, manteniendo el idilio en secreto, este 'recurso' se lleva al extremo. Cuando planean huir juntos, hablando en susurros en la alcoba, se ven puertas entornadas con doncellas y mayordomos asomados, escuchándoles, incluso algunos en la ventana, justo detrás de ellos, sin esconderse. Desconcertante pero que en este caso en vez de provocarnos miedo, como lo haría David Lynch, o Roy Andersson, que nos harían encogernos, es un delirio humorístico sobre la falta de intimidad y la indiscreción.Hay mucho humor en el punto de vista subjetivo. Se pasa de la belleza al humor en cuestión de un segundo.
Lo mismo que mucho juego con el primer y el segundo plano, con el sentido pictórico, espacial y tridimensional del plano. En algunos casos da imágenes absolutamente hermosas; en otros, nos desata más bien la sonrisa, sacándonos de la historia, para luego volvernos a dejar entrar.
Lo que quiere decir que están todos los aspectos muy explorados y expotados, muy aprovechado el celuloide. Y, de verdad, es realmente curioso lo que genera verla en el espectador, lleva incluso a pensar en las contadas ocasiones en las que se lleva a cabo un experimento, al mismo tiempo que se cuenta una historia/se hace una película. En este caso, cargarla de ironía (incluso de humor) a través de los pequeños detalles, incluso sin quirarle importancia a la historia.
Muy recomendable!!
Muy recomendable!!
Una gran película, que combina estilos, géneros, todo tipo de recursos, que llega a tener la belleza de Bergman, la visceralidad de Harley, la delicadeza de Oliveira, la ironía de Godard.. Es decir, toma lo mejor de cada camino. Y que nos regala magnéticos personajes y hermosímos paisajes. Una recreación a la vista y un guiño a la mente.
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“Misterios de Lisboa” ganó la Concha de Plata en la pasada edición del Festival de San Sebastián y tiene un reparto de gran categoría y al 'gurú de las coproducciones luso-franco-europeas' en la cabecera de sus créditos: Paulo Branco.
Raoul Ruiz, de nacionalidad chilena, afincado en la intelectualidad parisina de la Nouvelle Vague, con una vastísima filmografía, murió el pasado mes de agosto. Una pena.
Raoul Ruiz, de nacionalidad chilena, afincado en la intelectualidad parisina de la Nouvelle Vague, con una vastísima filmografía, murió el pasado mes de agosto. Una pena.



has vuelto con Tu Tema, sí señora.... y con tus peliculas eternas (recuerda "Shoah": 9 horitas de nada....). Muy buen texto, con tus fijaciones, idas y venidas y algunas de nuestras obsesiones compartidas (Hartley). Y sobre todo, por supuesto, Lisboa.....
ResponderSuprimirBienvenida de regreso a la blogosfera activa....
sugerencia: un post de los tuyos sobre tu reciente experiencia cultural en organización de eventos.
Besitos mil!!
holaaaaaaa!!! Calurosa bienvenida. Bueno, en realidad Lisboa no es más que una excusa, nunca se ve nada que se reconozca pero bueno sale en el título y eso despertóp inmediatamente en mi cabezuela una alarma/alerta y mis ganas de verla.
ResponderSuprimirTe la recomiendo, es cierto que es apenas un ágape ligero al lado de Shoah .jeje. el tratamiento del humor es muy curioso. Has visto la foto con la doncella espiando?
Bueno, enseguida paso por tu hogarcillo, petons!