... El cine de Claire Denis es tan cautivador, tan potente tan sensual, tan poético, tan perturbador, con ese poderoso y extraño encanto… que caigo rendida ante él. Tiene, además, el extraño y bello don de mantenerse, como en una cuerda floja en medio del abismo, en el punto intermedio entre el drama y el thriller, lo cotidiano y lo psicológico, como si fuera una cuerda elástica y sobre ella hiciera andar a los personajes. Todo es vulnerable y visceral. Inevitablemente salvaje, hermosamente violento. Un cine que da gritos y que resulta absolutamente delicado, todo al mismo tiempo. Esa manera suya de concebir las películas como si domase una fiera o puliese una joya e bruto. Un tenebrismo poético que, sobre todo en esta historia, recuerda tanto a "El Corazón de las tinieblas" y a esa amalgama que es el encuentro con el enemigo íntimo: el yo oculto, despojado, que tan bien mostraba Conrad en mi libro de cabecera. En definitiva, siento cómo la filmografía de Claire Denis dilata mis pupilas siempre de una forma especial, en una lenta y auténtica catarsis, una admiración. Es una verdadera exaltación para mí ver sus películas una fuente para mí siempre de sorpresa, de blow ups, de un modo brutal de utilizar la narración. En cuanto a cine Contemporáneo se refiere, ella es quien mejor representa mi idea de cineasta.
La verdad es que ver a Isabelle Hupert comiéndose la pantalla y a la vez a la cámara acercándose a ella con esa extraña naturalidad... resulta tremendo, muy potente, autosuficiente, como si fuera un estudio de personaje, un trabajo de actor de ensayo buscando algo y no fuera necesaria una trama…
Ver esa piel tan blanca, tan cerca, con todos esos lunares, su fisonomía delgada, su delicadeza, su elegancia es, definitivamente, una versión mejorada de aquello que intentó Lars Von Trier con Nicole Kidman en "Dogville" y que siempre me resultó incómodo y mal logrado. Aquí es real, la piel de ella es, una vez más, una barrera, que la protege (de lo que está fuera o de lo que está dentro: lo abyecto) pero es también un elemento trasgresor con el resto del paisaje, que en cierta forme rompe.
Y ella -en realidad las dos, el desdoblamiento directora/personaje-, una mujer blanca en medio de la nada. Sola, de sol a sol, en lucha contra el inevitable transcurso de los hechos, con su sentido de supervivencia, su tesón; En contraste, esos pequeños momentos de disfrute, casi íntimos, de algo hermoso, tan escasos tan sabrosos (que tanto me recuerda al inolvidable Gregorie Colin en “Before the rain”, de Milcho Manchevsky..).
Y es que... quién mejor para hablar de África, en su complejidad, que la propia Claire, puesto que lo mamó y conoce todas sus gritas, su sintomatología, sus miedos..; Mientras que, sin embargo, el resto de los cineastas parecen ajenos, meros turistas accidentales en localizaciones exóticas, cayendo, de forma casi lamentable y a excepción de algún buen ejemplo como “Hotel Rwanda” en todos los lugares comunes, reforzando todos los clichés… en vez de abrir la cada de pandora la verdadera revolución, como hace ella, que bucea.
La violencia tiene, además, lugar aquí en dos escalas: la del miedo a El Otro, en ambas direcciones, del que fue víctima y el que fue verdugo, y la del conflicto bélico, la guerra declarada entre iguales y de la que todos son víctimas, el nacimiento de los niños soldado. Una lleva a la fantasía de la agresión, al deseo de venganza; la otra la que hace cometer atrocidades, reales; y lo más interesante es que todo se ve desde la experiencia corpórea en la propia piel de esa siempre hipertérrita y curtida Isabelle Hupert, a pesar de que todo se desmorona alrededor.
“Una mujer en África” –nefasto título, otra escabechina de la traducción del original: “White material” con mucho más sentido- habla también de otro de los rasgos más universales y más humanos: la ambición, de antes dónde puede llevar su exceso, siendo de la categoría que fuere (de hecho, es casi un catálogo de diferentes ambiciones).
Para hacer aun más compleja la historia, todas las relaciones están en conflicto, casi rotas, o recién recuperadas, pactos que en cualquier momento se podrían romper. Todos los personajes son en realidad una duda y una ruina de ellos mismos. Personajes que apenas se cruzan porque evitan dar explicaciones, se cruzan pero n hablan, casi como con algo de realismo mágico, o kim-kidukniano. Buscan su lugar en un sitio que no les pertenece, del que anhelan una raíz, que nunca existió, se sienten vientos y están solos, no comparten experiencias profundas. Entre ellos está el el exmarido de Maria (Isabelle Hupert) que desiste, interpretado por Christopher Lambert, que me recuerda tanto a Nancho Novo; Y el veterano Michel Subor, maravilloso ese actor que me embaucó con “L’intrus” del 2004, una de mis favoritas de Claire (que de joven tenía un aire a Alain Delon y de mayor se le ha endurecido el gesto, se ha embrutecido). Y ella, ella casi siempre le recluta y hace un magnífico trabajo con él, como el yerno. Falta esta vez mi querido amor platónico #1: Vincent Gallo; y no falta mi amor platónico #2: Isaach de Bankolé.
Maria, una antiheroina, tal vez la versión contemporánea de Karen (Meryl Street) en "Memorias de África", pero con el estilo incisivo de Denis, no se siente apoyada y descubre no tener a nadie de su confianza, pero eso no le inquieta, lo que verdaderamente le hace sentirse dolida, decepcionada y fracasada es la actitud de su hijo, : un adolescente desganado, ocioso, aburguesado. Ella no le reconoce como hijo suyo, ni a ella misma como su madre. Él… una especie de ángel perezoso, de cabellera dorada, es asaltado de forma violenta, intimidado. Este episodio desatará en él no el miedo sino el otro extremo: una violencia propia, una agresividad, una locura y una traición. Perfecto complemento al ya latente conflicto, absolutamente maravilloso giro de guión. Son muchas y muy sutiles las referencias que se dan para apuntar al que siempre fue y será el leit motiv de la gran Denis, su tema central, auténtica caja de Pandora, ese algo que todo llevamos dentro, la violencia intrínseca: el miedo a el Otro. El negro, el colono, el peligroso, el violento, el que podría hacer correr la sangre, el que estaría más dispuesto e interesado en que el ‘white materia1’ se marchase. Un extraño buen gusto que le hacen acertar y ser buena, la mejor quizá, a la batuta de los detalles… Aquellos que hacen más pronunciado cierto nudo en la garganta, ese silencio incómodo que nadie se atreve a romper, que se masca en el aire, ees miedo, esa posibilidad de que alguien te clave un machete en la nuca; y, con la misma intensidad, un viento se levanta y produce un hermoso tintineo, haciendo bailar una cortina de cuentas, o algún objeto que choca. Pura magia de la cotidianeidad...
Al fin del filme, siento una pequeña enorme alegría cuando, sin estar del todo segura, pero queriendo estarlo, leo en los créditos que Tindersticks han vuelto a ser los responsables de dar el tono, la nota musical a esas maravillosas escenas (Stuart Staples lo produce), ese añadido tan acertado a ese ‘quelque chose’ inaudito, perturbador. Cómo esas melodías deshechas hacen aun todo más inhóspito, más amenazante, más presente esa extraña dualidad entre el exotismo y el peligro, la belleza y lo salvaje, esa extraña relación con el paisaje, tan lejano y tan cercano, extraño y familiar... Guitarreos y bases que dan forma a una intensidad similar a la de Ry Cooder en ‘Paris Texas’, que seguro valdría la pena comprar en su formato de soundtrack, y eso me propongo hacer, aunque sean imposible disociarla de su cometido y ese estilo algo experimental, casi esbozado... sea consecuencia directa de la película a la que acompaña, de ese ‘poso’. Debe ser un absoluto honor que Denis encargue una banda sonora -y ya es la tercera vez- debe suponer un reto muy complejo, como lo son sus historia, a la que tiene que acompañar, porque literalmente bucean. Además Denis se formó y rodó con Jarmush y Wenders y, como ellos, tiene un sentido noble musical, una melomanía. Para cerrar, apuntar la variedad y la diferencia del sonido en ese territorio, cómo allí existen especies animales y vegetales que, tal vez, aquí ni existan, que se comportan y suenan de otra manera, un ruido constante, un murmullo, hecho de varias cosas.. Recomendar un tema que permite realizar este viaje, aunque sea metafórico, mental: "Andando pela África" de Barbatuques (parte de la maravillosa soundtrack de "Tropa de élite"), 'percusionistas del cuerpo' que mimetizan honomatopeyas imposibles para concedernos ese viaje.
La verdad es que ver a Isabelle Hupert comiéndose la pantalla y a la vez a la cámara acercándose a ella con esa extraña naturalidad... resulta tremendo, muy potente, autosuficiente, como si fuera un estudio de personaje, un trabajo de actor de ensayo buscando algo y no fuera necesaria una trama…
Ver esa piel tan blanca, tan cerca, con todos esos lunares, su fisonomía delgada, su delicadeza, su elegancia es, definitivamente, una versión mejorada de aquello que intentó Lars Von Trier con Nicole Kidman en "Dogville" y que siempre me resultó incómodo y mal logrado. Aquí es real, la piel de ella es, una vez más, una barrera, que la protege (de lo que está fuera o de lo que está dentro: lo abyecto) pero es también un elemento trasgresor con el resto del paisaje, que en cierta forme rompe.
Y ella -en realidad las dos, el desdoblamiento directora/personaje-, una mujer blanca en medio de la nada. Sola, de sol a sol, en lucha contra el inevitable transcurso de los hechos, con su sentido de supervivencia, su tesón; En contraste, esos pequeños momentos de disfrute, casi íntimos, de algo hermoso, tan escasos tan sabrosos (que tanto me recuerda al inolvidable Gregorie Colin en “Before the rain”, de Milcho Manchevsky..).
Claire Denis parece encontrar en la piel de la protagonista cierto ‘alter ego’, aunque habla de este capítulo de la Historia en tono amargo, de reproche, como absurda heroicidad francesa. Manifiesta en varias ocasiones lo patético y lo absurdo de este empeño de apropiamiento de terreno, de la lógica de esta hostilidad, de la dificultad por aceptar socialmente a alguien que obtiene beneficio, que ha nacido con más recursos que los que ya estaban allí, que tiene ojos azules y una melena rubia que ponen nerviosos, probablemente por ser los rasgos aventajados, que garantizan la seguridad y el éxito o una huida a tiempo antes de la catástrofe. Ella es también –y ése es el precio- el objeto de tantas miradas hostiles, de tantas acusaciones pactadas. Ella es blanca, uno ‘esos blancos que viene a nuestras tierras a plantar café mediocre que nunca beberíamos…’ palabras textuales de ese locutor con boina de Bob Marley, la voz del pueblo, que trata de sobrevivir a la barbarie hasta que ésta da con él.
La manera de intimidar la piel - el yo - la seguridad.. no es a través de la violencia directa, de la agresión: basta con crear imágenes cargadas de simbolismo que también producen un efecto piscológico complejo. Cómo el efecto que produce en ella cuando ve su collar de flores con los pendientes a juego en el cuelo y las muñecas de un niño soldado. Con el cuidado con el que se los quita por cada noche y se los vuelve a poner, -siempre los lleva puestos-, entendemos que probablemente tengan un incalculable valor para ella, que sean heredados, o un regalo de alguien especial, que sean piedras preciosas. Lo mismo ocurre con el vestido amarillo: no es la pérdida del objeto en sí sino el hecho, la evidencia de que estos niños armados han entrado en su casa y hurgado entre sus cosas.
La violencia tiene, además, lugar aquí en dos escalas: la del miedo a El Otro, en ambas direcciones, del que fue víctima y el que fue verdugo, y la del conflicto bélico, la guerra declarada entre iguales y de la que todos son víctimas, el nacimiento de los niños soldado. Una lleva a la fantasía de la agresión, al deseo de venganza; la otra la que hace cometer atrocidades, reales; y lo más interesante es que todo se ve desde la experiencia corpórea en la propia piel de esa siempre hipertérrita y curtida Isabelle Hupert, a pesar de que todo se desmorona alrededor.“Una mujer en África” –nefasto título, otra escabechina de la traducción del original: “White material” con mucho más sentido- habla también de otro de los rasgos más universales y más humanos: la ambición, de antes dónde puede llevar su exceso, siendo de la categoría que fuere (de hecho, es casi un catálogo de diferentes ambiciones).
Las películas de Claire Denis maceran, como el buen vino, porque siempre tienen algo que se hace más incómodo, muy corpóreo, carnal, incluso abyecto... que impide el disfrute del paisaje a nivel catártico, impide sobre todo que el espectador sea pasivo en la butaca y haga turismo viendo cine. Denis, una de las cineastas que más se posiciona e implica en el modo de abordar los temas, que alerta e ironiza sobre cómo Francia y, por extensión, el Primer Mundo siente esa ‘llamada de África’, una seducción superficial del territorio rústico y salvaje, el continente desconocido. Ella nació en él, en la situación aventajada, creció en ese extraño fenómeno de la rivalidad llamado Colonialismo, esa ambigüedad, toda esa contradicción, el rencor psicológico acumulado, que permanece sigiloso, atento, silencioso pero latente, siempre amenazante, casi a punto de explotar, como una bomba de relojería enterrada en algún lugar, o una mina antipersonas…
Para hacer aun más compleja la historia, todas las relaciones están en conflicto, casi rotas, o recién recuperadas, pactos que en cualquier momento se podrían romper. Todos los personajes son en realidad una duda y una ruina de ellos mismos. Personajes que apenas se cruzan porque evitan dar explicaciones, se cruzan pero n hablan, casi como con algo de realismo mágico, o kim-kidukniano. Buscan su lugar en un sitio que no les pertenece, del que anhelan una raíz, que nunca existió, se sienten vientos y están solos, no comparten experiencias profundas. Entre ellos está el el exmarido de Maria (Isabelle Hupert) que desiste, interpretado por Christopher Lambert, que me recuerda tanto a Nancho Novo; Y el veterano Michel Subor, maravilloso ese actor que me embaucó con “L’intrus” del 2004, una de mis favoritas de Claire (que de joven tenía un aire a Alain Delon y de mayor se le ha endurecido el gesto, se ha embrutecido). Y ella, ella casi siempre le recluta y hace un magnífico trabajo con él, como el yerno. Falta esta vez mi querido amor platónico #1: Vincent Gallo; y no falta mi amor platónico #2: Isaach de Bankolé.
Maria, una antiheroina, tal vez la versión contemporánea de Karen (Meryl Street) en "Memorias de África", pero con el estilo incisivo de Denis, no se siente apoyada y descubre no tener a nadie de su confianza, pero eso no le inquieta, lo que verdaderamente le hace sentirse dolida, decepcionada y fracasada es la actitud de su hijo, : un adolescente desganado, ocioso, aburguesado. Ella no le reconoce como hijo suyo, ni a ella misma como su madre. Él… una especie de ángel perezoso, de cabellera dorada, es asaltado de forma violenta, intimidado. Este episodio desatará en él no el miedo sino el otro extremo: una violencia propia, una agresividad, una locura y una traición. Perfecto complemento al ya latente conflicto, absolutamente maravilloso giro de guión. Al fin del filme, siento una pequeña enorme alegría cuando, sin estar del todo segura, pero queriendo estarlo, leo en los créditos que Tindersticks han vuelto a ser los responsables de dar el tono, la nota musical a esas maravillosas escenas (Stuart Staples lo produce), ese añadido tan acertado a ese ‘quelque chose’ inaudito, perturbador. Cómo esas melodías deshechas hacen aun todo más inhóspito, más amenazante, más presente esa extraña dualidad entre el exotismo y el peligro, la belleza y lo salvaje, esa extraña relación con el paisaje, tan lejano y tan cercano, extraño y familiar... Guitarreos y bases que dan forma a una intensidad similar a la de Ry Cooder en ‘Paris Texas’, que seguro valdría la pena comprar en su formato de soundtrack, y eso me propongo hacer, aunque sean imposible disociarla de su cometido y ese estilo algo experimental, casi esbozado... sea consecuencia directa de la película a la que acompaña, de ese ‘poso’. Debe ser un absoluto honor que Denis encargue una banda sonora -y ya es la tercera vez- debe suponer un reto muy complejo, como lo son sus historia, a la que tiene que acompañar, porque literalmente bucean. Además Denis se formó y rodó con Jarmush y Wenders y, como ellos, tiene un sentido noble musical, una melomanía. Para cerrar, apuntar la variedad y la diferencia del sonido en ese territorio, cómo allí existen especies animales y vegetales que, tal vez, aquí ni existan, que se comportan y suenan de otra manera, un ruido constante, un murmullo, hecho de varias cosas.. Recomendar un tema que permite realizar este viaje, aunque sea metafórico, mental: "Andando pela África" de Barbatuques (parte de la maravillosa soundtrack de "Tropa de élite"), 'percusionistas del cuerpo' que mimetizan honomatopeyas imposibles para concedernos ese viaje.
La siempre rebelde Denis, la cineasta que resiste, la que no busca el agrado, que, de pura implicación, acaba ejerciendo de antropóloga. En el cine de Denis, todo ello se intuye o existe verdaderamente. -De hecho, es cierto que parte del público no aprecia su cine, y tiene sentido que sea gente que no valora o no aprecie el cine de Pedro Costa, o que no haya buceado, lo suficiente, muy profundo, a pulmón, en el cine de autor-.
Me gusta Claire Denis,mucho, se me hace muy honesta (y qué mejor virtud hay en un mundo y una actualidad tan imprevisible tan tormentosa, tan loca como ésta..), imprime su carácter en la pantalla, me hace pensar en la conciencia y el verdadero sentido, la esencia, del Cine.
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hola, enhorabuena por el blog. me gusta mucho cómo hablas de ella (de Claire y, bueno, tmb de la peli), casi de una forma tan personal como ella hace cine. debe gustarte mucho el cine de Denis y, por extensión, el de autor: valoras todo lo que lo hace especial. y ella es sin duda un buen modelo, saludos y hasta otra
ResponderSuprimirgracias, ANÓNIMOOOOOO. bueno, la verdad es que no suelo comentar reseñar (informal y subjetivamente) pelis de cartelera pero esta vez fue para mí como una luz que no quise perder, ni tampoco la frescura de tener un buen debate, en su honor.
ResponderSuprimirpero entonces.. la has visto? cuantas más impresiones por mí mejor -todas son pocas!!!- de hecho, he leído algún comentario de colegas sobre ella después de verla y me ha parecido que hay gente a la que le deja mucho más indiferente que a mí.. bueno, como todo en la vida, digo yo, jeje.
Pues sí es cierto que su cine me cautiva y me resulta bastante fácil de defender; de hecho, la cautivación es en el mejor sentido del término, justo lo que yo entiendo que el cine tiene que hacer o puede -sólo a veces- lograr. chao, saludosss
Hola Lapor, perdona la tardanza, ando estos días algo desconectada, medio en la ciudad, medio fuera, hasta septiembre, más o menos. Impresionante tu reseña, por cierto, que me preguntas en tu comentario que si me gusta... me parece una obra maestra total de Claire Denis, de las que yo he visto, claro. Más que contar una historia cuenta los comportamientos humanos con los recursos que le ofrece la cámara, ese es el mérito de esta directora en un mundilo del cine donde lo que hoy preocupa es buscar historias creibles y el factor sorpresa o innovador pero casi nunca a cargo del lenguaje propio del cine. Un drama abrumador, muy contenido pero que pone los pelos de punta sin necesidad de escenas exageradas o efectistas (a excepción de la escena del bus), cine en estado puro. Es increíble como plano a plano transmite la violencia implícita, amenazante.
ResponderSuprimirChocolat tampoco la he visto, pero intentaré conseguirla. Fue su primera película, ¿no? Y L´intrus tampoco. Conocí esta directora Trouble every day, mucho más macabra y sangrienta que la crítica se limitó a destacar como drama erótico-vampiril, seguro que porque no se está acostumbrado a observar en una película las expresiones, las atmósferas que en manos de un director de Hollywood seguramente no hubiese pasado de una película de terror gore y que Denis convierte en un poema excepcional, al margen de la temática.
Bueno, aunque no esté al cien por cien, volveré por aquí de vez en cuando, cuando me conecte y eso. Feliz veranillo, hasta pronto ;)
alguien podra decirme como se llama las rolas que pone el locutor que trae una boina de bob marley esas canciones que tiene de fondo cuando empieza hablar se los agradeceria... buenas noches y la pelicula esta excelente solo que el final esta algo confuso.... saludos a todos..
ResponderSuprimirQuerida Babel,... lo primero, hola y claro que sí, a disfrutar de las vacancesssss, eso es vida (yo estoy a punto tmb pero la verdad.. una de las cosas que me apetece es precisamente poder dedicar más tiempo al blog, lo tengo siempre pendiendo de un hilo)
ResponderSuprimirtema "White material", Pues está claro: tú apuntas a un da idea que es tmb para mí el concepto principal: cine en estado puro. Y tanto, ya lo creo. Pues "Chocolat" con ésta debe cerrar la cuadratura del círculo' así que a ver si la podemos ver y retomamos el debatuelo... yo ya la tengo fichada hace tanto tiempoooooo. sin haberla visto, ya me he aventurado a decir lo de síntesis. Porque, de las que he ido viendo, aquí parece que tome un poco de cada: desarraigo, perdida de raíz, violencia, conflcit de intreses desde la perspectiva y el prisma más cruelmente humano, etc.
"El intruso" es una maravilla, no puede gustarme más el tratamiento de personajes.
PD.: Los que catalogaron de una manera tan pobre y básica esa maravilla de película con algo de sangre sí pero tan lejana y tan ajena al mundo vampiresco...l sencillamente no sé si son verdaderos críticos.
(nunca he adorado la píldora ni subido a un pedestal a ninguno, tienen tics, a veces son destructivos y siempre argumentan lo que les gusta e interesa a ellos. Por no comprar no compro ni el Cahiers du C, prefiero no dejarme influenciar y tener intuición y criterios propios, como sé que tú tmb tienes)
el caso es que.. anyway... Denis está por encima de eso, no creo que le haga falta una 'admisión social' en el circuito, ni siquiera en el de Cannes, Tiene seguidores fieles que somos amantes del cine de autor más vanguardista y punto, y así debe ser., nadie pretende que ella estrene con Spielberg. de todas formas, a pesar de que es cierto que ella nunca había estrenado antes,yo tuve la suerte de verla en vivo y en directo en un centro cultural 5* en Madrid y oírla hablar me pareció tan interesante como ver sus pelis, un absoluto equilibrio realmente muy poco común-.
besosssss
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*enjoy the holidays..!
hola Christian. qué tal??? bienvenido. pues.. estoy convencida de que esos temas son de Bob Marley pero no estoy 100% segura.. el caso es que el resto de la BSO -eso a o que me refiero que es casi de chasquidos como con un toque a Frusciante- es de Tindersticks, grupo al que tengo especial devoción y que de hecho conocí por el cine de Claire Denis (a la gente le suele pasar alrevés) si me viene la inspiración y me acuerdo te digo, ok? un saludo y un placer saludarte
ResponderSuprimirempiezo a leer y mencionas a Conrad y a la Huppert y ya estoy deseando ver esta peli!!!! Pero es que luego, todo el análisis sobre el colonialismo y las relaciones humanas en Africa me parecen muy bien traidas. Se nota que te "ha dilatado las pupilas".... Y luego Cooder, Wenders, Jarmusch... tengo que verla!!!!!
ResponderSuprimirY luego, a por "chocolat", la cual por cierto, no hay que confundir con la película del mismo título protagonizada por la Binoche, nada que ver en cuanto a argumento....
Besitos mil!!!!
hola. estoy convencida de que te va a gustar, con todos esos entresijos antropológicos..ya me dirás. y sí, importante no confundir con la peli de la pastelera,jeje. Mucho más dulce, ésta está sin aliñar, ese toque casi crudo no puede gustarme más.
ResponderSuprimirPues hablando de la Binoche me recuerda a esos nuevos tandems. ella se subió al carro de Kiarostami de la misma manera que Huppert con Denis y parece ser que fue ella misma, Isabelle, quien tenía especial interés en trabajar con ella. chao!! besossssss