Peliculón, absolutamente maravillosa esta historia. Una de las más tristes que he visto, sin embargo tan dulcemente contada y tratada. Es la segunda vez que hablo de Teresa Villaverde, cineasta 5*, portuguesa (en la foto) en el blog y es, además, la segunda película que veo suya y la segunda vez, con ésta y “Transe”, que pienso que estoy totalmente segura de incluirla en mi top20 de maravillas del cine contemporáneo. Y eso hace poco hacía cuentas y me daba cuenta de la buenísima hornada que hubo entre el año 94 y el 97, con joyas como “El extranjero loco" (Tony Gatlif), “Before the rain” (Milcho Manchevsky) y muchas otras. Lo que cuesta comprender es cómo su nombre no es más re-conocido, es muy extraño que no figure en los circuitos del cine de autor, siendo sin embargo un brillante ejemplo, tal vez eclipsada por 'los tiranos del cine luso': Manoel de Oliveira y João Cesar Monteiro...Una pena que, por esa u otra razón, ver filmes de Teresa Villaverde sea casi una odisea, una oportunidad que viene siempre en cuentagotas y que nunca se debe rechazar, porque son verdaderas sorpresas. Esta vez, gracias a un ciclo dedicado a la prolífica Maria de Medeiros, en la Filmoteca, con motivo del recién celebrado Día Internacional de la Mujer Trabajadora, siendo su protagonista, consigo ver otro de sus ocho títulos, una filmografía esencial: “Três irmãos”/Tres hermanos.
Pensaba que Aki Kaurismäki era el encargado de dar voz a los outsiders, quien nos hacía entender sus circunstancias precarias o desesperadas sin sacarnos la lágrima… Y, aunque las historias de Villaverde sean más salvajes, inevitables, irreversibles y violentas (y las de Kaurimäki, lugares comunes de los menos favorecidos) y su estilo, cinematográficamente, muy diferente, Teresa Villaverde también esculpe ese sentimiento amargo de quien nace en el núcleo de un conflicto y no consigue liberarse, librarse de él, no consiguen ya parar la rueda que enreda, sin cesar, esa telaraña; acontecimientos que, poco a poco, le precipitan a la deriva. Una deriva interior que recuerda la de “Rebel without a cause” y, efectivamente, hay algo de eso. El acierto de Villaverde es que lo combina con algo que parece amortiguar, compensar o sofocar esa situación de presión e infelicidad. Dramas enmascarados con la posibilidad del cambio y con esos momentos que uno querría que fueran eternos, para siempre.
Una historia que comienza con un planteamiento casi ‘beat’, de seres que viven al margen de las convenciones y casi de la sociedad, que se apoyan y hacen responsables los unos de los otros, que comparten todo, lo poco que tienen, que son necesariamente egoístas, que su rebeldía es una respuesta a la falta de afecto, que necesitan salir de la ciudad y empezar de nuevo pero que nunca lo lograrán. Son ‘los olvidados’, los hijos desterrados, los eternos fracasados del eterno opresor: la figura paterna. Se enfrentaron al padre y pusieron en causa su autoridad; y, por sinceros y valientes, perdieron la batalla dictada de puertas para dentro, se les dejó al margen del seno familiar, se les apartó del nido como unas crías de pájaros rechazadas, del afecto necesario de la madre, ‘la mamma’ (más en una sociedad como la lusa, de hijos criados y crecidos con madres soltera) admirada, necesaria, la antiheroína, profundamente cobarde, psicótica, dependiente, -‘ay.. mae louca’/’madre loca’, que decía Helberto Helder-. Son los hermanos de María, los que tuvieron que abandonarla antes de querer matar al padre, salvar a la madre y convertirse en aun más infelices de lo que ya eran… No pudieron -o no se les dejó- llevar a cabo la hazaña.
María. Dice así la nota de prensa:
Maria tiene veinte años, pero no consigue comportarse como la mayoría de las personas de su edad. Casi nunca dice lo que piensa, ni pide lo que quiere. Casi nunca dice la verdad aunque nunca miente. Mata y no dice que mató. Sufre y no dice que sufrió. No quiere estar sola, pero no pide compañía. Ama, pero no sabe a quién. Nació en Lisboa y nunca fue ni irá a otra ciudad. Maria quiere estar siempre con sus hermanos, pero no puede, porque el mundo no ha sido organizado así. María quiere aguantar todo sola. Quiere ser fuerte, ocuparse de todos. Guardar todos los secretos, los suyos y los de los otros. No es capaz, el dolor es muy grande y ella no aguanta...
Y Maria de Medeiros en un personaje absolutamente enternecedor y entrañable, tan cuidado, con voz propia –como es costumbre en Teresa Villaverde, como si fuera o contuviera rasgos autobiográficos- está estupenda. Absoluta protagonista, mezcla de ingenuidad y madurez, de niña hecha mujer y de sustituta de la madre siendo apenas una adolescente, que combina estudios y trabajo… interpretación por la que se llevó el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Venecia de ese año (1.994), acompañada de un reparto de categoría, con Marcelo Urgeghe como Mario -el radio speaker en “Capitanes de abril” (Maria de Medeiros, 2000), que se me quedaba tibia.., actor del que me he quedado totalmente prendada, que tiene un asombroso parecido a Miki Molina de joven; y luego Evgeni Sidihin, como João, el hermano mayor, para cerrar esa eterna triada. Triada de vínculos y apegos que se compone y recompone idéntica pero en combinación con otro componente femenino: Teresa, la eterna amiga y la siempre posible amante, la que en el fondo sustituye a María, la compañera del road trip que nunca comienza... Un nouvelle.vaguerismo aportuguesado, como si fueran Jim, Juddy y Plató contemporáneos. Grandes amistades en malas compañías.
El resto del elenco con unos personajes secundarios pero esenciales, como la profesora de Maria, la única que parece escucharla, propuslsora de bondad; el hijo del jefe de la oficina donde trabaja a media jornada, desencadenante de una necesaria maldad; el novio tontorrón e incondicional... que no saca ni lo bueno ni lo malo, relaciones que hacen traicionar el equilibrio que parecía que, a duras penas, María mantenía.. Bonito el cameo de Luis Miguel Cintra, figura que representa como pocas la cultura lusa y lo intelectual.
Todo depositado en un 'poso' que hace que se conserven tan bien, a pesar del 'look noventero', el cine de T.Villaverde, por un estilo contundente, maduro –aunque tenga apenas 45 años-, marcadamente europeo al mismo tiempo que arraigado y oriundamente portugués, por esa inteligente combinación de modelos,por la intensa mezcolanza. Una cineasta en estado de gracia, en posesión de verdades, de gran categoría cinematográfica. Un cine oriundo de los sentimientos -en la línea y con la intensidad de Faith Akin, o que también recuerda por el alubión, la caja de pandora que es la trama, al Giusseppe Tornatore desencantado y crudo, el de "La sconosciuta" (que recomiendo ver y linkeo a post)- que maneja el ritmo de la historia sin una narrativa estrictamente convencional, que hace todo tan personal, que tiene una tremenda habilidad y buen gusto para tratar el plano, que sabe cómo dar detalles e introducir pequeños toques poéticos dentro de esa austeridad, de esas historias llenas de desazón; que sabe incluso –y esto es lo mejor- dotarlas cargarlas de una inmensa dulzura, de una luz en medio de las tinieblas, de esos personajes al borde del abismo, de esa ciudad gris. Algo que amortigua la gravedad de la historia, la caída en picado, la carga melodramática absoluta, shakesperiana, algo que permite remontar, dar una resistencia, ayudar a soportar a estos personajes las circunstancias adversas a las que están sometidos: su tendencia natural a la deriva, a esa necesidad del suicidio, a esa pertenencia a los bajos fondos… Historia que ahonda en los bajos fondos y cuyas localizaciones –manifestaciones externas del alma- lo son también, lo cual para mí es una adicción: reconocer los recovecos de la ciudad de mis sueños, Lisboa, una Lisboa que a mí me emocionó, una vez más, ver, que abre la película con un plano general desde la parte alta de la Mouraria, a escasos metros de la que fue mi casa. Y que luego ya sólo lleva por ‘becos’ (callejones), a lugares frecuentados periféricos y violentos, decadentes, sórdidos, caras-B de la ciudad,rodada en su mayor parte en Cais de Sodré… Una Lisboa inquieta, palpitante, afeada a pesar de su belleza, entre la explosión y el hermetismo, habitada por personajes y desenlaces posibles, por diferentes tipos de muerte. Si es que tienen elección, al menos por una vez. Si es que lo único que se contagian y consigue aprender es a tirarse al abismo y caer, chocar contra la realidad… La amistad y el amor por encima de la tragedia pero sin poder evitarla.
Sin duda "Três irmaos" es una obra maestra. Con los timings perfectos, diálogos espantosamente reales, un diseño maravilloso de personajes (y un reparto a la altura), una capacidad de romper roles y dar con situaciones imprevisibles que en su complejidad son totalmente universales. Un filme parece que se haga a medida que avanza. Sincero, orgánico, profundo, conmovedor.

No sé cómo te las apañas pero has conseguido reunir al hilo de un mismo filme a Kaurismaki y a la generación beat!!!! Se nota que esta peli te ha llegado en un momento en que necesitabas cine en forma de tus temas y formatos preferidos: desmenuzamiento de la realidad, tempo pausado, intensidad no siempre sugerida....
ResponderSuprimirMe alegro por ti!!!
Besitos mil!!!!
una vez más.. Jose Angel, gracias por tu comentario!!!! pues Intenta verla, si tienes ocasión, es una maravilla. un cine con un tono muy especial, muy medido, cuesta explicarlo... Y encima, es verdad, sale Lisboa y eso me alegra el alma. Y siempre me gusta en la pantalla: las pocas veces que ha salido, de Wenders a Manoel de O. Lisbba no es ni será un lugar común, como NY)- y la belleza no se puede afear-, .
ResponderSuprimirY la Medeiros está estupenda,se merece más papeles protagonistas, se le dan la mar de bien. PETONSSSSSSS!!!