Una exposición que comenzaba en actitud y en clave de homenaje el pasado 8 de marzo, Día Internacional de Y en ese sentido y en esa amalgama, la muestra incluye también algo de vídeo, como manifestación en vivo de la heroína en acción, lo que es estupendo porque, por fin, encuentro la oportunidad ansiada -llevo una eternidad queriendo hacerlo- de hablar de Pipilotti Rist!!! La que es probablemente una de mis artistas favoritas, por esa plasticidad y universo visual, tan bien complementado con el uso del cuerpo, de su significado… una auténtica performer. Que, como el resto de sus coetáneas, cambia los sentidos de las agujas del reloj, rompe las convenciones, los roles, los icono; o los maneja con habilidad y un sentido crítico, puesto que el Arte en parte es esa responsabilidad por las imágenes -contempladas y consumidas- y la información que llevan implícita. A Pipilotti ya se le dedicó, hará 8 años, una retrospectiva maravillosa en el Reina Sofía: los que tuvimos la suerte de verla aun tenemos impregnado ese “Wicked games” susurrante, dulce, desafinado, acompañado del tremendo encanto de las hipnóticas imágenes subacuáticas. Aquí lo podéis escuchar, es una auténtica delicia:
Volviendo a “heroínas”, los actos y poses femeninos heroicos que componen la exposición están distribuidos en categorías subjetivas, actitudes, roles (que permiten llevar un recorrido no cronológico sino anímico, de ‘estados de la acción’): 1.Solas, 2.Cariátides, 3.Ménades, 4.Atletas, 5.Acorazadas y amazonas, 6.Magas, 7.Mártires, 8.Místicas, 9.Lectoras y 10.Pintoras.
Precisamente en la categoría de ‘lectoras’, que suele dar gestos muy bellos -alguien cuando lee, absorto-, haría una observación o eché en falta una imagen que habría sido en mi opinión un gran acierto, cargada de poder y de belleza: la foto de Marilyn leyendo el “Ulises” de Joyce. Una superheroína en acción con ese gesto, gesto con el que probablemente no tuviera en absoluto intención de provocar, pero que desequilibra o contradice la expectativa generada de su imagen, lo que la sociedad, el mito y el icono en el que se convirtió establecen que le corresponde protagonizar; la actitud, la ‘pulsión’ y el gesto. Ésta forma parte de su verdadero yo, su espacio interior, su yo íntimo, la cara B, el contraplano, la respuesta a su vida como mito. Una imagen cotidiana, tranquila y sincera, una Marilyn Monroe intelectual y no sexual, despojada de su propia carga de (ser) objeto de deseo, sensible, que escribía poemas, que han sido recientemente, por fin, publicados… Un mito por el que siento absoluta debilidad, que es de hecho mi favorito, -al que espero dedicar un proyecto que tiene que ver con la aureola y la circunstancias, con vivir bajo el techo y entre las cuatro paredes de ser un mito. Un proyecto al que llevo casi un par de años dando vueltas, espero poder ser lo suficientemente heroína para llevarlo a cabo-. El caso es que, a lo largo de los siglos que recorre, hay algo común en todas las imágenes que sí forman parte de la exposición, una panorámica por la heroicidad en todas sus manifestaciones: heroínas en acción, en pasión y en pasividad. Una afinidad. Absolutamente increíble la imagen de Santa Eulalia, yaciendo muerta bajo la nieve. Imágenes fijas dedicadas a esos gestos absolutos, al deseo y la capacidad de levitar, de ver algo que ocurre en otro lugar, de quedarse absorto en algo como congelando el tiempo. Es curioso que las primeras y las nuevas heroínas tengan un aspecto tan similar. Vestidos vaporosos, predominancia del azul y del verde, o pesados, negros, de terciopelo; recovecos interiores y espacios abiertos con una cierta calidad de luz, imagnes solitarias, objetos íntimos, etc.
De las 'heroínas contemporáneas con madera de actrices' que han desbamcado mitos y alterado iconos, esa genial generación ‘aleatoria’, una hornada de artistas de la talla de Cindy Sherman, Sophie Calle, Pipilotti Rist, y Marina Abramovich, todas ellas mantienen esa relación estrecha ente narrativa y cuerpo, o lo que es lo mismo, su propio discurso sobre lo femenino, la importancia del gesto, la reflexión sobre las imágenes. Todas ellas son, en el fondo, ‘buscadoras de códigos’ que contiene la imagen y que les permitan abrirla y manipularla. La violencia interior de la imagen. Marina es y será siempre la más fuerte, la de mayor impacto visual, la de un fuerte arraigo al sentido femenino, como tensión, como cuerda floja o que romper; luego están Sophie y Cindy (no incluidas en la muestra), hábiles camaleónicas, absolutos referentes sobre la creación, la eficacia y la mimesis de un personaje; Y por último Pipilotti, en el medio de una y otras, seduce con su feminidad haciendo de ella misma para acabar haciendo violentas travesuras, o realidad pequeñas fantasías ingenuas, con esa dulzura que viene de la infancia y de golpe, ese algo tan universal. El trabajo de todas estas ‘heroínas de las imágenes’ es esencial en la transformación de la imagen de lo femenino, de su universalidad. Pensadoras en acción que hace tiempo que dejaron la paleta y que saben hacer muy buen uso de las tecnología, del montaje, de cómo crear un impacto para combatir otro impacto mayor -la cultura visual desmedida-; las encargadas de continuar ese videoarte que aun está cargado de encanto e interés, como éste a continuación..
*UNA EXPOSICIÓN MUY RECOMENDABLE. No se la pierdan!

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