jueves, 10 de marzo de 2011

"EL ASUNTO BEN BARKA" / historias NouvelleVaguerianas, el cine (francés) de los 60 y la picaresca. Capítulos ocultos de la Hª: BIOGRAFÍAS NECESARIAS

... Di casi por casualidad con esta peli y que esté aprisionada, casi presa, en una categoría de serieB, de TV-movie, no le hace ninguna justicia. “El asunto Ben Barka”, dirigida por Serge Le Peron, es una película muy interesante. La trama tiene una estructura impecable; el género, ese extraño híbrido entre lo melodramático y el sombrero de ‘film noir’, tan francés, pero revisado, contemporane-izad-o. Parece modesta pero en realidad esta película (más en medio de una vorágine mediática y de una cartelera que, en lo que llevamos de año, poco o nada ha ofrecido) no sólo es necesaria por dar a conocer y ahondar, con gran verosimilitud, en un hecho histórico y al personaje que lo protagonizó, que, por desgracia, ha pasado bastante inadvertido por ella; sino por estar cargada, a rebosar diría yo, de elementos que hacen que sea casi una guía, un homenaje del cine francés. Por no hablar del reparto, de gran categoría, en el que cada uno se mimetiza a la perfección y consiguen parecidos espantosamente razonables con los personajes reales que interpretan, con actores con ese brillo, ese ‘quelche choise’ como Mathieu Amalric, o Simon Abrakian -al que ya vi en “Yes” de Sally Potter, que ya posteé en su día-, que me gustan tanto, encabezado en veteranía por alguien muy especial: Jean-Pierre Leaud, al que es un tremendo placer ver a estas alturas, porque (dejando fuera a Meliès, Chaplin y Keaton) la historia del cine francés está prácticamente escrita en él; Es tan entrañable y emocionante para los que amamos el cine ver así el paso del tiempo, con esa naturalidad, con la misma expresión de siempre, bastante inexpresiva de hecho… El niño que tantas trastadas y peripecias parisinas ha interpretado, en esa siempre –para los cineastas francófonos- tan tentadora delgada línea entre lo políticamente correcto y lo legítimamente posible, la apología de la rebeldía que dio forma a la Nouvelle Vague; o al Existencialismo…
El caso es que hay algo que me encanta del cine francés, especialmente el que se desarrolla en las calles de París (un porcentaje demoledor): se siente ‘profundamente parisino’. Ver A bout le soufflé, Los 400 golpes, Mi noche con Maud, Ascensor hacia el cadalso, Zazie en el metro.. y un larguísimo e inabarcable etcétera, es ver a los personajes desenvolverse por la ciudad, haciéndonos casi enamorarnos de ella. Tienen una muy estrecha relación con ella, conocen los callejones y atajos, frecuentan las cafeterías y bistrots, son asiduos de clubs de jazz, los camareros les llaman por su nombre y saben lo que toman, se hacen visitas en sus apartamentos, charlan de asuntos personales, trascendentales hasta altas horas de la madrugada, acompañados de copas de vino e incalculables cigarros; Otros viven (o malviven) en habitaciones lúgubres y abuhardilladas, se afeitan en el espejo de la habitación. Tipos que se llevan a citas, reuniones..; incluso se dejan el coche -así empieza precisamente esta película-... Muestras de camaradería con todo el sabor ‘tipycalment parissinne’, un reflejo pasmosamente real de hábitos, de vida cotidiana, del ritmo, el estilo de vida propio de la ciudad.

Y, por supuesto hay caras B de la ciudad, bajos fondos, lugares privilegiados a los que el pensamiento burgués, el materialismo y el conformismo parecen no haber llegado. Y los años 60 darían esa extraña mezcla que uniría a intelectuales y golfos bajo el mismo techo: el cielo abierto de Paris, la cara B de la ciudad, sin ataduras, para dar rienda suelta, cada uno a su manera, a la libertad y el libertinaje respectivamente, unidos ante la negación de un orden establecido de las cosas, rechazándolo. Buscando los recovecos, unos de la ley, para su propio beneficio; Otros, influyentes: buscando los de la información negada, oculta, para mostrar lo que verdaderamente está ocurriendo, para el bien común.


Y de eso trata, precisamente, “El asunto Ben Barka”, de la agitación y provocación de los intelectuales, complementada por acciones de delincuencia y corrupción. Un telón de fondo complejo, socio-políticamente agitado, en el que Francia se reafirma como potencia, gobernada por Charles de Gaulle, y en el que la represión de sus colonias parece tomar fuerza y voz con este asunto: Ben Barka, un episodio histórico y el nombre de su líder, que, desde la oposición, Marruecos -y, por extensión del tercer mundo-, combatía la desigualdad y daba voz a los de ultramar, (las colonias) donde se lidiaban auténticas masacres. Para ello propone realizar un documental sobre colonialismo, que es el punto de inflexión de la película -y lo fue, entiendo, también de la realidad- en el que todos los personajes implicados se darán cita en la famosa escena síntesis de la Brasserie Tipp. Un secuestro a plena luz del día y en el corazón de la ciudad, una transitada Saint-Germain-des-Pres, donde alguien desaparece sin dejar apenas rastro ni testigos, sin que nadie parezca poder ayudar, no a cambio de nada, tal y como ocurría en “Frenético”, de Polanski, donde Richard Walker, personaje interpretado por Harrison Ford, buscaba desesperadamente por París, casi en vano, sin conocer los callejones, los recovecos, los juegos, los códigos locales.

Una de las cosas que más me gusta y que creo que mejor le sienta a “El asunto Ben Barka” es el hecho de que, dentro de la trama, haya un proceso de preproducción cinematográfica, de reflexión, encuentros y conversaciones acerca de cómo dar forma y llevar a la pantalla un tema de actualidad para un documental político, que veamos ese ‘work in progress’, lo que enriquece un punto fuerte de la trama: la importancia del POV. Una convivencia de dos planos de realidad y ficción que confluye, que aquí contribuyen a reforzar la idea de que la realidad muchas veces supera la ficción y que en ella ocurren acontecimientos irreversibles que no podemos controlar ni evitar.

Que es precisamente lo que siente y le ocurre especialmente al personaje –uno más de la vida real- del cineasta y documentalista Georges Franju, interpretado por un estupendo Jean-Pierre, que es o representa el lugar del espectador, al menos el de la mirada comprometida y crítica, que contempla la barbarie sin saber cómo evitarla, sintiéndose culpable y responsable por actos ajenos, por el daño y el mal de otros. Se compadece de no haber conseguido evitar un insólito hecho que podría haber cambiado el rumbo de las cosas, del mundo. En su crisis, personal, profesional y existencial, compungido ante este hecho, llegar a tener alucinaciones; En realidad, nunca se sabe dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción, y ésta es una biografía coral: De Marguerite Duras, de Georges Franju, de Mehdi Ben Barkan, de Charles Figon. De cómo se conocen y se establece una cadena de falsos favores, un engranaje cuyas consecuencias son en realidad un cadáver.

Y Franju, tan moral, tan comprometido con su trabajo, ante su propia incredulidad de haber caído en la trampa: emprender ese proyecto para él necesario y un asunto muy serio - realizar aquel documental-, siendo, sin quererlo ni saberlo, el anzuelo que llevaría a Ben Barka hasta la mítica Brasserie Lipp, adonde nunca llegó a entrar... siente una amarga decepción. Justo el momento en el que por fin iban a conocerse, lo que es un recurso muy brillante, porque ellos sienten una admiración mutua, y anteriormente sólo se habían saludado por teléfono y compartido apenas algunas impresiones de lo que el documental podría ser; y Franju no había podido asistir a la reunión anterior, por tener miedo a volar. Y, finalmente, cuando un documentalista de referencia como él, de la élite intelectual francesa, con una mirada crítica, y Ben Barka, el célebre líder opositor marroqui, están a escasos metros, a punto de comer juntos y Franju ya le espera, se produce el hecho irreversible. Mientras comparte mesa y vino con el tipo que dio el chivatazo, que cayó tan bajo, que renunció a una buena causa, la verdad, por llevar a cabo este plan perverso, sin remordimientos, y con él los suyos personales: la posibilidad de salir de esa absurda y mediocre vida en espiral, siempre dando tumbos, de estafa en estafa, moviéndose en esa camada de dudosa legalidad…traicionando a todos los que le apadrinaron, los que dieron su voto de confianza por él.
Asistimos a un Paris algo violento, no explícitamente, llenos de matices, tenebroso, con latentes conflictos… Y ésta es la historia de cómo la clase intelectual se ve corrompida y manipulada por un tipo sin escrúpulos, dispuesto a llegar hasta donde haga falta por salvarse el pellejo y salir de esa absurda vida en espiral de eterna mentira y reinserción, ofreciendo la promesa de una vida mejor a esa amante con tan pocos recursos y salida como él, la eterna actriz secundaria Anne Marie–de hecho, es verdad, la actriz hizo cameos en varios clásicos de la Nouvelle Vague, que me recuerda a esa preciosidad de cuadro "Bar des Folies", de Manet-, personaje que no tiene la categoría personal para ser el protagonista, Figon, que es apenas, por su falta de afecto y de escrúpulos (de todos pretende sacar o recibir algo) el hilo conductor, también peca de ingenuo al pensar que le saldría limpia la jugada por tener ‘cara de notario de provincia’, como él mismo dice a su amante. y empieza de hecho la película comienza así: un cadáver yace en el suelo de ese mísero apartamento de no se sabe qué distrito…y luego da un flashback que nos llevará a conocer la verdadera historia, cómo para llevarse a cabo la trampa tiene que darse previamente una confianza, llegar al pacto.

Luego, una vez que el mal está hecho, la parte del juicio, que tiene mucho que ver con “El extranjero” de Camus: testigos que no se sienten cómodos ante el orden judicial, preguntas absurdas para respuestas provocadoras, un ambiente de confusión, esa imposibilidad de explicar los actos -que es, en el fondo, una manera de mostrar un firme desacuerdo-, como ese inolvidable personaje, extranjero en su propia tierra, indiferente a la realidad, esa delgada línea entre la culpabilidad y la inocencia, en la que se rompen los procesos lógicos, se crean nuevos.

Una bonita historia coral, con muchos verdugos y una única víctima. Un calidoscopio de un hecho, ocurrido en un lugar más emblemático de Paris, injusto, en el que el poder estruye la verdad, la hace desaparecer del mapa, como un papel que se estruja y se tira. Y, sobre todo, "El asunto Ben Barka" es la historia de cómo afectó a cada uno dicho suceso, es decir, qué grado de conciencia y consciencia cada uno tuvo, enmedio de esos intereses cruzados, de una doble moral, con la realidad y el estado de la politica. Ese sentimiento de navío a punto de naufragio que es, a veces, el destino, el futuro... Cine con tintes políticos muy recomendable.

Y es que el cine nouvellevagueriano o con tintes de siempe apostó y apadrinó a la picaresca, a esos pequeños golfos ese 'amor fou' de una noche, entendiendo el desarraigo como desencadenante de acciones de dudosa amoralidad, preocupándose y acercándose a esos seres 'sin oficio ni beneficio', que deambulan por la ciudad buscando una oportunidad perfecta, el cambio, un golpe de suerte -y así viene siendo desde entonces el cine francés-, el eterno homenaje a los bajos fondos, el cine por excelencia del oprimido, no del opresor.

Ah, aclarar (y ése es, sin duda, su mayor mérito) que El asunto Ben Barka”, a pesar de no faltarle un solo gag, un solo tic del cine de la época, que todo nos lleve al contexto histórico que retrata, el año 1966, es, sin embargo, del año 2006, 40 años más tarde, aunque todo el tratamiento sea de una verosimilitud pasmosa.

4 comentarios:

  1. A mí también me gusto mucho esta película que vi hace un tiempo en un ciclo que el IVAC le dedicó a este tipo de cuestiones histórico-políticas tan francesas. Creo recordar que también pasaron el documental de Scchroeder sobre Jacques Verges que,posiblemente por deformación profesional, me gustó incluso más. De todas formas, me parece admirable como Le Peron consigue crear un ambiente de thriller político a través de la suma de testimonios.

    Salut...

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  2. Ay Lapor, cuantos dias sin recalar en tu blog!!!! Y me encuentro con este desmenuce de documental y del cine frances (del cual me confieso también rendido admirador).

    Tan solo un apunte: en las películas netamente parisinas incluir también la ultraimaginativa "Zazie en el metro" de (mi también adorado) Louis Malle.


    Besitos mil!!!!

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  3. Sulo!!!!!! qué tal, hijo? -ya no puedo leerte sin pensar en BoH ni en Frisco,jeje-. Bueno, es que es muy buen tema, ya lo creo, visceral, eternamente complejo, de relaciones complejas. CINE/VIOLENCIA INTRÍNSECA/MEMORIA HISTÓRICA/CONFLICTOS INTERNACIONALES/ vaya caldo de cultivo, fetén! reflejo absoluto de lo que ocurre y de lo que somos. Da para un gran ciclo -por cierto, no estoy segura de saber cuál es la peli que dices auqideesivetugioy te digo- todo lo que está relacionado con "pasados" (va entrecomillado porque nunca llega a serlo) coloniales suele tener una categoría tremenda.. mucho pntode vista.
    Pues otro nombre -para mí esencial-que no sé si conoces auqnue lo explore de una forma poética y abstracta es Claire Denis (en mi top5 de directores), precisamente natural de una colonia de hegemonia fracesa en África, así que lo lleva en la sangre..
    chao. bss

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  4. bueno Jose, me alegro!!! pues.. ya sabes: tus palabras son 'órdenes para mí (como mi stalker-blogger que eres,jeje) así que la añado. No es de mis favoritas pero me parece bien, igual de parisina que las otras. En realidad sería muy buen ejercicio mental hacer una lista de todas las pelis con esa caractrlistceeua vsotcnoed y contrastarlas, para ver las que hy apenideem y hacese un mapa de Paris dela France' con toda su idiosincracia. Se dice que todos tenes NY en la cabeza y es cierto, yo tuve un gran 'deja vu' al verla. pero en realidad, todos los que hemos visto francés, sobre todo nouvellevagueriano, tenemos una idea aun más clara de cómo es la ciudad de París. aunque no sea como postal, en sus planos generales -fue así como conocimos Manhattan- sino en planos medios frames, extractos, pedazos de ciudad (con la intensidad de una cuadro de Hopper), que permanece en la memoria y lo cubre todo de ese tremendo sabor a cine.
    besossss

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