
Que un actor le dé vida a un personaje es un punto de partida muy interesante; Que para interpretarlo se hayan propuesto diversos métodos a lo largo de la historia, muestra de que no es tarea fácil; Que haya tradiciones que se remontan a casi los inicios de la historia de la humanidad... significa que el hombre siempre ha sentido el deseo de narrar, de dar vida a historia, de ilustrarlas y homenajear. Los animales protagonizan las fábulas; Para el resto del orden de las cosas en los estratos de la metáfora, el actor.
Que, sencillamente, el cine –y con él sus géneros, estilos, todo- sin los actores no existiría jamás es algo en lo que a veces conviene pararse a pensar. Quizá lo que siempre le envidiará el cine nunca tenga y por lo que siempre sentirá envidia al teatro sea la soledad del actor en escena, el stage: es allí donde un actor/actriz verdaderamente actúa, traspasa la delgada pero difícil frontera que separa esas dos esferas que son la realidad y la ficción, toma conciencia y consciencia de su propio cuerpo y entra en personaje.

Es bonito hacer algo así “14 actors acting” porque, a fin de cuentas, el actor, el alter ego egocéntrico por excelencia, debe sentirse mal, realmente muy pequeño cuando entre los nominados no escucha su nombre. Porque el mérito, la búsqueda personal, los niveles de exigencia, el trabajo por detrás, la documentación, el trabajo de campo –quizá a lo que más se parece esto- se va de golpe, no lo ve ni el jurado ni el público. Todo ello calentando motores para el que repartirá los honores: la gala de los Oscars o Premios de la Academia en su 83ª edición, que se dice pronto (la gala será el próximo día 27 de febrero)... La suerte está echada, sí, pero esta peculiar profesión y a los que la han encarnado en esta remesa filmográfica no se les pueden o deben reducir a ese momento de gloria, al sueño americano made in Hollywood. Tiene mucho más, más mundo interior, algo que palpita, al menos para los que honran y consolidan esta profesión.

Y es que, como dice Victoria Abril: “El actor es el abogado defensor de su personaje”, es cierto: tiene que creer en él, exprimirlo, saber construirlo, darle vida. Algunos son más seductores, otros más cotidianos, pegados a la pared, todos ellos interpretados en la capacidad de recursos del actor.
Dice Vincent Cassel que la única pista que ha recibido como actor de un director es: ‘be good’
A veces el actor se siente perdido, otras decide tomar la iniciativa, a rienda de ese caballo desbocado, proponer cosas, modificar diálogos, incluso algo que le provoque cierto efecto en ‘TO ACT’ (que le quede, por ej, pequeño, apretado, incómodo el vestuario; que sea siempre el mismo, el suyo propio, etc). El actor se llega a meter a veces tanto en el personaje, especialmente en el caso de las biopics/biografías, que acaban casi solapándose con él.
Se podría contar infinidad de anécdotas en este sentido…
Ser actor debe ser algo muy contradictorio..
Bien, aquí está “BEHIND THE SCENES", una maravilla:
… un elegantísimo Vincent Cassel, que parece un Gene Kelly salido de un musical y con es elegancia, esa naturalidad, si se lo propusiese bien podría recoger ese legado y darle larga vida..;
... un Javier Bardem como el super-actor, en su alter ego más visceral, poderoso, latino y violento. Y es que, sin duda, Bardem es una bomba de rabiosa actualidad, a la que espera una prometedora carrera internacional (esperemos que sepa digerirla). Y cada vez pienso más en lo mucho que se merece hacer teatro, interpretar de hecho a Stanley, uno de los grandes personajes pesos pesados de la inolvidable “A streetcar called desire" / Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams y que Elia Kazan rodó y convirtió en uno de los mejores filmes de todos los tiempos (próximamente en el Teatro Español). Y es que al buen actor hay que verlo en vivo y de cerca.
... Y, por último, la que es mi escena favorita de toda la serie: James Franco, en un maravilloso y embaucador plano lacaaniano con una asombroso parecido, en la calidad de la mueca, en la extraña dulzura, a uno de los grandes enfants terribles del cine: James Dean -al que precisamente se dio a conocer interpretando-. Y, aunque no pretenda ser un homenaje a la maravillosa “Rebel without case” / Rebelde sin causa, me recuerda tremendamente a esa escena del inicio, cuando está en la comisaría, cine en estado puro.
Y así hasta 14 interpretaciones, precioso proyecto, que os recomiendo veáis en su totalidad, no sólo por estar cargadas de una enorme aureola, a la que también contribuye, sin duda, en la sobriedad de la mise-em-scene, Owen Pallet, genio instrumental, rodado por Solve Sundsbo, sino porque recorre esos “lugares comunes” o momentos tan iconográficos del cine, con una soltura y una elegancia desbordantes. Precioso homenaje al cine: en B&N, como no podía ser de otra forma. En fin, se echaba de menos algo en esa línea.
Y abriendo un poco el tema..
No hay que dejar pasar por alto algo muy importante y es que cuanto más solo e indefenso parece que esté, más "lecho" se le ha preparado. Que hubo un Gepetto antes de que ese Pinoccio, ese muñeco de madera, se comportase y se convirtiese en un niño de carne y hueso... Que no es casualidad que muchas de las actrices fetiche de algunos directores hayan sido sus mujeres más allá de la pantalla, en la vida real, por una cuestión de admiración, pero, sobre todo, porque ellos confían plenamente en ellas. Un director/-a debe, mejor dicho, le conviene tener a un actor/actriz de estas características. Igual que todos tenemos un dentista de confianza, el director también tiene a su actor de confianza. Están el caso de esas grandes y consolidadas parejas, como Bergman/Ullman y Rowlands/Cassavetes..; y el de otros tandems únicamente profesionales, como Jean Pierre Leaud&François Truffaut, o los hnos. Dardenne&Jéremie Renier, actores a los que hemos visto crecer de la mano de esos directores fraternales.
Que Liv Ullman sea una gran actriz, que haya conseguido brillar innumerables veces en la pantalla -como para que nadie cercano al mundo de la representación se atreva, ni por un momento, a dudar de su desbordante talento- tiene en parte que ver con la profundidad de las escenas, con esos largos casi eternos primeros planos de Bergman, que le brindan, le regalan la posibilidad, la oportunidad de romper la propia alma del personaje, que llegue a sentir (o a simular que siente pero si lo hace de una manera verdadera y sincera acabe empatizando, haciéndolo real) que algo le resulta tan doloroso o que pierde la dignidad, su propia autoestima, como si ya no pudiera recuperarse. Está claro: me refiero a ese plano del espejo de “Gritos y susurros” del gran Bergman, donde pasa de ser hermosa a fea en cuestión de segundos, una absoluta maravilla.
Por otro lado, son tantas las escenas en las que Geena Rowlands se ha comido la pantalla a bocados que durante mucho tiempo pensé que era la mejor actriz, la más entregada, enérgica, pasional, un ‘animal de palco’ con todas las letras al que Juliette Binoche debe tener muy presente. Qué triste es verla en míseros papeles... cuando rozó la gloria (y no la edulcorada y endulzada de Hollywood, sino la de los circuitos de cine/teatro más arriesgados). Sobre todo porque, como gran actriz, interpretó a una estrella en crisis en “Opening night” lo cual es rizar el rizo, como Petra en “Las amargas lágrimas.. (Fassbinder), etc. reflexionar sobre el actor en su crisis, su vulnerabilidad, su falta de recurso, es algo muy hermoso.. Por cierto, Pedro Almodóvar copió descaradamente este guión en “Todo sobre mi madre” y nunca lo ha reconocido públicamente, algo que clama al cielo y que me parece una absoluta falta de respeto por el cine clásico que uno puede homenajear, que debe incluso, por los grandes.
Es una pena que en el cine que no es de autor se le dedique tan poco al actor, que haya tan poca profundidad para el personaje.. Un actor no puede brillar si no se le deja. Es una pena que las películas sean sólo la trama, el tema, una sucesión de escenas en las que se van dejando de lado, en cada una de ellas, algo, un ‘quelque chose’, un detalle, un gesto que le pertenecía.

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