domingo, 29 de junio de 2008

"APRES MOI, LE DELUGE", LA GRAN VICKY PEÑA

Una de las cosas más increíbles que puede ocurrir en teatro es cuando un actor se come el escenario y a todos los demás actores allí presentes y esto es, precisamente, lo que hace Vicky Peña en "Apres moi, le deluge" (Después de mí, el diluvio), en cartel en el Valle-Inclán. Y es que la gran Vicky hace que Jordi Dauder, el actor que la acompaña, se quede pequeño, pequeño... Entre otras cosas, porque no tiene apenas registros; y los de ella que son tantos que uno no se lo cree, borda la ambiguëdad de este texto, dándole emoción y humanidad. Algo que en él -o por peor actor o por lo hermético de su personaje- no vemos. Sabía que merecía la pena verla en vivo, y todavía más en esta interesante obra, quintesasenecia de la contemporaneidad, con sus miedos y sus temas. En la que Vicky interpreta un personaje difícil, extraño, una mujer maniática, solitaria, incluso un poco infantil, asustadiza e independiente, que me trajo a la cabeza todo ese universo piscológico de la mujer hitchcockiana. Y que, además, lleva moño en espiral.
El texto, de Lluïsa Cunillé, una conversación a tiempo real, saca a flote varios temas y verdades incómodas, que tienen que ver con la seducción por lo exótico y ese miedo al "otro". El continente africano, tan cercano y tan lejano al mismo tiempo. Un lugar bello y virgen al que los occidentales van a cerrar negocios. O donde hace sol y es tranquilo y el turista va y se queda. La historia también trata sobre las relaciones de poder del primer frente al tercer mundo, de explotación y posible remordimiento del uno; de dependencia y posible rencor del otro... Cómo la admiración, a pesar de todo, surge.
El título, muy bien introducido en el texto, como algo cotidiano, es, en realidad, una frase histórica. Hubo un rey francés, que refiriéndose a la suerte de su país, tras las calamidades de su reinado pronunció esta despreocupada frase: "Después de mí, el diluvio...". Que viene a decir: “Tras mi reinado, el país quedará sumido en el caos y en la destrucción”. La traductora (Vicky Peña) piensa que la dijo su exmarido antes de dejarla, lo que reubica la historia y hace referencia a la falta de comunicación, la confusión, el bombardeo de información...

Tres personas en la habitación de un hotel, donde se desarrolla toda la obra. Un labrador pobre, oriundo de la zona, africano; un hombre de negocios de paso; y una traductora, que vive y trabaja para el hotel. Ella interpreta un doble papel: el de traductora y traducido, anulamiendo habitual en la figura del traductor; y que en este caso refuerza ese anulamiento a "el otro", que ni siquiera aparece. Se supone que hay tres personas presentes en la sala pero en realidad son sólo dos, aún así le miran con sorpresa. A ese tercer hombre. En cualquier caso hubiera preferido que estuviera ese tercer personaje porque se hace extraño, como siempre que no aparece un elemento real que debería estar allí.

4 comentarios:

  1. Doy fe de la potencia de Vicky Peña: de sus convincentes carcajadas en el escenario y de su rictus hipnótico, sin olvidar lo maravillosa que es en los planos cortos hablando en plata, o sea, en cine. Apre moi, Terribol

    ResponderSuprimir
  2. Por lo que comentas, hay mucho de qué empaparse con esa obra, aunque admito no conocía a la actriz.
    Veré si encuentro algún link en you tobe.

    Muy buen crítica!

    ResponderSuprimir
  3. gracias! pues si estás en Madrid debe quedar poco tiempo en cartel pero todavía podrías verla. saludos

    ResponderSuprimir
  4. Conocí a Vicky Peña en televisión casi al tiempo que en teatro. En tv (¡qué tiempos aquellos en que hasta en tv había teatro!), representando "A Electra le sienta bien el luto", de Eugene O'Neill", y en teatro haciendo de la hija muda en "Madre coraje", en el María Guerrero, desde entonces no he dejado de seguirla.

    ResponderSuprimir