lunes, 22 de octubre de 2012

"BLANCANIEVES", DE PABLO BERGER: La vuelta al cine en estado puro, el homenaje poliédrico... Adaptaciones cinematográficas y honestidades: el 'alma' de lo local.

Pablo Berger... ¡¡gracias, de todo corazón!! Como cinéfila, amante del cine, individuo que no ha abandonado las salas ni pretende hacerlo... Esta película es un regalo. No he visto nada de tu filmografía anterior, pero "Blancanieves" palpita de manera tan cinematográfica que, en un momento en que se había bajado del pedestal al Cine, lo has vuelto a subir. Gracias por haber hecho el peliculón que el cine español necesitaba. O... Suerte la mía haber visto la película cuando acababa de volver de verla a ella: Sevilla. No sólo de ella, de su poderío, su solera, su belleza, sus costumbres, es un hermosísimo retrato esta película, sino que lo es también del flamenco, del carácter andaluz y, por extensión, de todo lo español. Historia, costumbrismo, cultura...
A ti y todo el equipo, gracias: Por haberme recordado todas esas maravillosas películas con las que uno empieza a adorar el cine. Gracias, por hacer ese extensísimo y tan acertado homenaje (a todos los nombrados, especialmente los de aquí,muchas veces olvidados). Gracias por haberme emocionado, por demostrar que aun queda mucho que dar y que la gente se conforma con poco..; Que el oficio del cineasta es una apuesta y un compromiso con el cine. Que no hay nada más maravilloso que el cine que homenajea al cine y a lo que somos nosotros mismos, lleno de honestidad, que igual que "Cinema Paradiso" es un homenaje al cine, tu Blancanieves también lo es. Una de esas películas de la categoría que ennoblece a todo el cine con C. Lo más maravilloso es que conmueve profundamente, recuperando la esencia en la que el cine nació: la emoción. Es espantoso el buen gusto que desprende, la acumulación de referencias y homenajes (luego intentaré recopilarlos), no le falta un detalle ni le sobra un solo fotograma. Cine en estado puro…
Si no le dan el Oscar, me desencantaré profundamente, pensaré que esos académicos son unos insensibles e ignorantes. O no. Mejor pensaré: Peor para ellos, incautos, que no tienen películas hechas con tanta alma y no las oyen latir...


... Creo que no había visto una escena tan bella como ésta, la de esas dos mujeres en las gradas en los preámbulos de la corrida, ante la expectación... hace mucho, mucho tiempo. Hacía tiempo que no le sentaba a alguien tan, tan bien el blanco y negro. La escena tiene un sabor a Cine que no puede con ella, es de una belleza suprema. Ellas: Se dicen cosas al oído, se abanican, presumidas. Todo cargado de una naturalidad espantosa, como si un cuadro del mismo Goya cobrase vida. En los códigos de esa enorme expresividad del cine mudo: el bullicio, la multitud y ellas... Bellas, con sus mantillas, impolutas. Figuras blancas que destacan por sus sonrisas radiantes, sobre fondo de multitud negro. Madre e hija. Inmersión absoluta en lo mejor: lo más puro lo más auténtico de la cultura, Historia e idiosincrasia española. Me ha dejado desarmada. No sólo por lo espléndidas que están: Inma Cuesta, la actriz más bella de todas las caras del cine español actual, puro magnetismo; y Angela Molina, que... Qué decir de ella, una voz afónica y un cuerpo menudo y se come todo lo que le rodea, es tan maravillosa que la cámara le tiene devoción...
Contraplano: En traje de luces en blanco y negro, esta vez visto desde las gradas (Antonio Villalta, estupendo) el torero, objeto de todas las miradas, para el que sólo existen dos ojos, negros azabache: Se acerca, la mira, le dedica la corrida. Ella en alto; dulcemente lo mira. El vestido de lunares se esferiza bajo su pecho; Se toca ese vientre germinado, como si le acariciase a él. Ese amor entre ellos sin palabras. Y entonces el giro, el punto de inflexión. Un amuleto de la suerte que cae, ese extraño presentimiento.. Una atmósfera estéticamente sublime en toda la escena que se va enrareciendo, dando paso a algo que todo lo envenena: el drama, la tragedia. Enseguida se sabe que una desgracia, va a ocurrir. Comienza ese montaje de planos que recuerda al mismísimo "Un perro andaluz" (Buñuel/Dalí), al más puro estilo cine mudo, con todo sus matices... Una presentación de personajes casi al mismo tiempo que su tragedia, que parece el homenaje más sincero rendido al mismísimo García Lorca, como si unos versos empuñados por el poeta se hiciesen esta fina estampa. Toda una oda, a esa belleza que sobresale, la que también hacía especiales a Yerma, Adela..; Y un apunte, a una grieta, a algo abyecto, una desgracia por venir, algo relacionado con lo que se lleva en las entrañas -lo que también las hizo, a todas ellas, desgraciadas-. Pienso en esta escena y de verdad que me conmueve. Un diez a la realización, a ese hermoso paralelismo entre el parto y una corrida (y, por favor, no llevemos esto al tema taurino, me limito a comentarlo en su valor cinematográfico, que es mucho y muy ingenioso), a cómo posteriormente se retomará esta escena, en un ciclo de vida y muerte; Un diez a la interpretación, al maravilloso reparto, que tan bien funcionan en este registro. Una liberación como espectadora ver que la película ha despegado y sobresalido de tal manera, con una intensidad, tan al comienzo, que ya nada la hará caer.

"Blancanieves" de Pablo Berger tiene un magnetismo espantoso porque se ciñe a la esencia de la historia que quiere contar, de principio a fin. Hace que sintamos empatía y suframos por esa hermosa y alegre mujer a la que el torero dedica su corrida; Por la madre, que la acompaña, que no llora y se tiene que sobreponer para cuidar de su nieta; La nieta, una niña rechazada por el padre, que le recuerda demasiado a su amada perdida. Todo al más puro estilo de tragedia garcíalorquiana (heredera directa de la tragedia griega, la madre de todas las madres), con tintes a García Márquez. Tres generaciones azotadas por una desgracia. Un amor entre ellas, un vínculo irrompible, sangre de su sangre. Tres mujeres a las que sólo separaría la muerte.

Primera gran virtud: Es casi impactante ver cómo la película, desde el comienzo, goza de una frescura y una verosimilitud espantosas en el que ya se asumen dos premisas: Que se trata de cine mudo y cine de época, en simultáneo. De ambos se toman los códigos: tratamiento de plano, escenarios, ritmo narrativo, concepto de escena, caracterización de personajes, etc.; Todos los aspectos, con un buen gusto que escasea a día de hoy en el cine, ponen en relieve ese costumbrismo, tanto el propio del cine español de hace 50 años, como al primer cine, mudo, los comienzos del propio cine, homenajeándolos, a varios, en su parecido y verosimilitud, a todo ese cine clásico. En estos recursos dramáticos se basa la adaptación del cuento: "Blancanieves" es un ejercicio absolutamente perspicaz y sublime, que combina lo universal del cuento -del que toma la trama y la estructura, la parte reconocible de la historia- con la localidad de la historia, del marco de la acción. Ambientada entre toros, toreros, copla y flamenco… en una casa en Sevilla, en el barrio de Triana, en la que crece una niña que vive con su abuela. Lo local como esencia absoluta, el alma de la historia, a ritmo de palmas, que desencadena casi un recorrido histórico, antropológico y social, de la época. Apropiarse de la historia base desde el primer momento, casi absorberla, ya sólo por el simple hecho de llamar a Blancanieves “Carmencita”, un nombre tan español…
Como aquella famosa teoría de 'las capas de una cebolla', sobre el cómo funciona el teatro de Shakespeare (que viene a decir que todo el público, sea cual fuere su condición y nivel sociocultural, entiende el mensaje, puesto que es universal, aunque quienes lo intelectualicen consigan llegar a más capas, a más matices, a una lectura más compleja y profunda), "Blancanieves" se construye sobre un esqueleto: una historia por todos conocida y de la que, a pesar de ser narrativamente fiel, nos conseguimos olvidar completamente, puesto que se reinventa. Respecto al tratamiento narrativo, al tono de la adaptación: Esa versión edulcorada y filtrada del cuento de los hermanos Grimm que forma parte de nuestro inconsciente colectivo, gracias a la factoría Disney, ésa que le imprime siempre el sello de la alegría superlativa y la moralina, tan paternalista y extremamente protectora… Sin embargo, la alegría queda en esta historia mucho más justificada, por esa gracia y ese salero de una niña de Triana, que disfruta de la música, de las pequeñas cosas, de bailar sevillanas con su abuela, de jugar con ese gallo... Aunque en realidad el día de su comunión lo que más quiera es ver a su padre. Y su padre no vaya.

Los tránsitos en el tiempo son absolutamente maravillosos, la película goza de un ritmo de ese cine clásico que ya no se hace.

La película está cargada de referencias cinematográficas, de constante guiños al Cine clásico, podemos reconocer en ella por sus encuadres, claros homenajes a Orson Welles, Federico Fellini, Fritz Lang, Billy Wilder, incluso Alfred Hitchcock. Todos ellos auténticos ingenieros narrativos. Un recorrido, siempre al servicio de la historia aquí narrada, por "Ciudadano Kane" (todos esos planos picados y movimientos de grúa para introducir en un espacio algo lúgubre y adverso, especialmente la casa de Encarna par esa niña), "La estrada" (y toda esa cotidianeidad del mundo itinerante del circo, una road trip en carromato),"El crepúsculo de los dioses/Sunset Blvd." (tomada para la caracterización en un estilo diferente, de cine clásico americano, del personaje de la mala, Encarna, frívola), "Metrópolis" (la épica de la anti heroína: o ved este fotograma a la izquieda) o "Rebeca" (para recrear esa constante amenaza, la tortura mental de la antagonista, en una casa lúgubre). Todas estas referencias al cine clásico son, por tanto, la transición a otro escenario, segunda fase de la historia, cuando Carmencita, trás la muerte de su querida abuela, es trasladada a la casa de Encarna-Mientras que en el todo de la historia, especialmente al comienzo, de ahí el éxito del enfoque de esta adaptación contemporánea del cuento, las referencias cinematográficas, el poso, el sentido y el valor del homenaje es a los grandes del cine español. Buñuel, Bardem y Berlanga, AKA 'las 3 Bs del Cine Español' le dan un valor añadido, un absoluto legado, no sólo cinematográfico, sino antropológico, social, cultural, histórico... Fotogramas, incluso escenas, pero como si fueran momentos nuestros autobiográficos, revividos, de “Calle mayor” o “Viridiana”: ese tono, ese ritmo, esa austeridad, esa manera de filmar, esos planos genrales tan nobles de gente tan pequeña. Todo ello está muy presentes. 'Sabe a eso'. La película comienza con un registro pseudodocumental, que nos lleva a los inicios del cine y reconduce la historia, desde un contexto de realismo social, que en todo momento mantendrá, a ese lugar, a ese barrio, a esa familia, hasta meternos dentro de esas pupilas negro azabache heredadas de su madre trianera, y quedarnos allí dentro. Y verlo ya todo desde sus ojos.

Comentar que, dada la naturalidad y la honestidad con las que esta hecha esta película, los rumores sobre el hecho de que la película se hubiera rodado previamente a "The Artist" pero estrenado posteriormente fueran en detrimento de ésta son absolutamente inofensivos: La francesa y oscarizada película es un ejercicio de estilo; Mientras que ésta es cine en estado puro con una premisa estética. Es cierto que comparten algo inusual y que esto efectivamente, y qué mala suerte, podría impedir la entrega de un premio que se merece, pero creo firmemente que en "Blancanieves" el uso de todos los recursos es de un buen gusto y que todo contribuye a armar, a darle un 'alma' a la historia, que hay diversas referencias al cine y que es en sí misma un homenaje al Cine (más que lo es "The artist", que es, en todo caso, un guiño)
En todo caso, yo creo que recordaría más a joyas tranfronterizas entre el cine mudo y poético contemporáneo, como, por ejemplo, "Tuvalú", de Veit Helmer, ese estado recuperado de lo primigenio del cine, en las que te quedas pensando mucho tiempo, género fantástico con reminiscencias a Jean Pierre Jeunet; O "La antena" (Esteban Sapir, 2007), el verdadero primer experimento en retomar el cine mudo para reconvertirlo, una genialidad de puesta en escena y postproducción.

La película tiene otra gran virtud: el apoyo en sus personajes, espantosamente bien diseñados. Son los que tienen que ser y están donde tiene que estar, para el desarrollo de la historia. No hay fuegos de artificio. Una protagonista, sus referentes: su madre, su querida abuela, su padre. Perdidos los tres, sólo le queda su antagonista, a la que nunca se enfrenta, opero que pretenderá aniquilarla, retomar su perverso y maléfico plan, en un lugar cargado de simbolismo para la historia; Y luego están los siete enanitos, que la acogen (lo que provoca los celos de uno de ellos, posible según antagonista… humanizando la historia) con los que se va, en la vida ambulante del circo, y a la que incluyen en su show, encantados con esta sonriente chica, que luego resulta saber torear. Por un accidente, (otro bonito giro del guión para encajar las piezas) ella no recuerda nada de su vida anterior. Poco a poco recordará el toreo y a su padre, conseguirá seguir sus pasos, brillar en una plaza, toreando, sin ni siquiera tener que matar al toro pero...
Sin conseguir escapar de ese trágico destino que depara y está escrito en los cuentos, especialmente cuando se le ha jurado fidelidad, y ella, de una manera mucho más absurda, puesto que se acaba de librar de la muerte en el ruedo, sucumbirá, apenando a toda la audiencia, la de las gradas y la de las butacas, a la muerte. Aquella estúpida e icónica manzana. Y el espectador, adulto, internamente deseará con todas sus fuerzas que la historia vuelva al código infantil, del cuento, que algo o alguien la reavive. Pablo Berger, por favor.. (tic tac, tic tac..) Que se le ocurra algo ingenioso para recuperarla, que se le ocurra algo. Y es que en el cine hay muertes que son mucho más dolorosas... ¿Sabéis por qué? Porque hay personajes inolvidables, porque éste lo es porque le vimos cómo perdía todo, cómo cayó; cómo luego se levantó. Pero ¿sabéis sobre todo por qué? Porque le hemos visto nacer. Y es demasiado trise e injusto, en 'la curva de los personajes', que ahora "Blancanieves" en traje de luces, en plena gloria, en el sitio donde su padre le dedicó a su madre su amor y por eso está ahora ahora aquí... Por un mordisco, vuelva a caer y ya no se levante. Tampoco es casualidad que Encarna (Maribel Verdú) lleve una mantilla negra, cuando en la imagen prácticamente inicial, la más bella de todas, esa escena., las dos mujeres sonreían y llevaba  mantillas blancas impolutas. Y ella esperaba a una niña, y esa niña es ahora esa mujer que levanta la montera a un público que la aclama. Por cierto, qué potente la imagen de una mujer tendiéndole una manzana a un torero -en este caso ella- que pasa a dar el saludo a la gradas. Toda una revisión del mito/icono. Chapeau.
Del reparto, todo dieces: Estupenda Macarena García, va a llegar lejos, qué duda cabe… Tiene algo que lleva de la mano con ella al espectador desde el primer momento, ese carisma de Liza Milleni.
Por cierto, también impresionante todo ese tenebrismo film noir de la escena en que sus seis pequeños amigos se vengan de Encarna. Entrañable nombre para una mala: Maribel Verdú, con ese registro suyo que a veces me parece sobreactuado pero que aquí le sienta tan bien, la antagonista, la mujer del perverso plan, cuya maldad hace que la niña recupere la relación de su padre, intente salvarle, tenga después que huir. Una mujer que se queda con la fortuna de un torero para comprarse todos sus caprichos y se hace cada vez más excéntrica, más malvada; De Inma Cuesta ya he comentado el sobrecogedora belleza, el peso en oro de este cameo de dos escenas, tan poderosas,gracia a ella; Por último, comentar lo estupendo que es que la SEMINCI acabe de rendir homenaje y entregado un Premio a su Carrera a Angela Molina. Esta mañana mismo yo he vuelto en el mismo tren que ella y hemos coincidido comprando el periódico y... Os lo aseguro: Ella tiene algo que es indisoluble del cine, como si ése fuera su lugar natural. Los papeles que han hecho son muchos pero el que hace aquí, en "Blancanieves" es absolutamente hermoso, que representa ese amor de la abuela que nunca se acaba, sólo se lo lleva la muerte.
El reparto se completa con otros personajes: Los famosos siete enanitos, que aquí son siete enanos de verdad, estupendo dar con elementos del guión que lo llevan a su humanidad y verosimilitud (puesto que este detalle de la adaptación perfectamente cuadras en el hilo histórico temporal), que hacen una show circense ambulante y viven en una pequeña caravana de dos pisos. Uno de ellos enamorado de la sonriente chica; Oro, celoso, dispuesto a recuperar su lugar en la que también es su familia, en el espectáculo.
También está un ambicioso y despiadado manager, interpretado por un siempre maravilloso Josep Maria Pou, el tercer antagonista, quien lleva la trama a una parte añadida: Un cine que conmueve al espectador de la manera de antes. Que puede tener tanta crueldad que los personajes no pueden huir de sus destino y el espectador observa esto sin poder ayudarle. Aun peor que aquella pobre Gelsomina (Giuletta Masina"La estrada", de F. Fellini) maltratada y amenazada por el autoritario Zampanò (Anthony Queen). Aquí, ni siquiera enterrada, Carmen, muerta en su féretro, es una atracción más de una de esas ferias de curiosidades en las que nació, precisamente el Cine. En las garras de un tipo, ese ambicioso showman, dispuesto a todo por el "Show must go on", dispuesto a transportar un cadáver para hacer negocio. Y a dejar ese féretro sin cerrar. Un tipo que no respeta ni a los muertos... Uno de los finales más inolvidables y épicos, en cuanto a lo que es capaz de generar, contiene tanta tristeza, que esa falsa alarma de un posible happy end, uno que ya hemos asumido no va a tener, produce en nosotros casi una ofensa. 
Un epílogo absolutamente maravilloso, la guinda del guión, de la adaptación. De belleza extrema, a pesar de su crueldad. El peso de García Lorca que ya comentaba, como un charco de leche derramada, que todo lo empapa.

La única observación que podría hacer en contra es apenas un detalle, uno que parece un despiste para el cierre, puesto que los créditos finales son los concencionales de hoy, mientras que los 24 frames/seg de resto de cada uno de sus minutos cumple estrictamente, con elegancia e ingenio, la convención del cine mudo, transportándonos a un mundo llebo de magia, casi de Meliès, tal y como lo eran los créditos del comienzo.

PELÍCULA IMPERDIBLE...

jueves, 27 de septiembre de 2012

(Sala) LA FAENA II, LA CULTURA UNDERGROUND Y EL ESPÍRITU BEAT. Melomanismo(s) en estado puro, Memorabilia(S) y caras-B. // Registro on-stage: João Friezas.


1- LA FAENA (II), NUEVOS HORIZONTES...

Éste es un post 'en clave de susurro', de chivatazo, de decir cuál es la puerta de un sitio cuyo enclave es casi lewis-carrolianoNeo siguiendo al conejo blanco, en busca de un concierto de post rock
Madrid, noreste. Barrio de Suanzes. A contracorriente en el metro. Según el cantante de The Secret Society, “el nuevo Williamsburg (Brooklyn, NY) de Madrid”… Parece ser que él vive allí. Quizá por eso lo quiera creer… Y yo, que no simpatizo nada con su música, leí un día un texto suyo refiriéndose a LaFaena II en el que numeraba ejemplos de cómo, por ejemplo, la gente se atraviesa la ciudad para ir a un stock de marcas y, sin embargo, cree que está lejos un sitio donde hay un buen concierto, al que se llega en metro. Texto con el que sí simpaticé y en el que le vi muy lúcido: El famoso y dichoso fenómeno de la “genterización”… Que ha vuelto a muchos falsos defensores de un lugar llamado Malasaña que quizás, hace mucho tiempo, era algo así, pero que ellos no han llegado a conocer. Los falsos ídolos que hacen que, inexplicable y caprichosamente, se vuelva selectiva y perezosa la gente… Advertir, me temo, que quien, a día de hoy, mantenga ese mito y crea que lo interesante ocurre dentro del condominio ‘hibster’ (la mala importación de lo beat) de Malasaña, se equivoca, se decepcionará.
LaFaena(II): Efectivamente, tal y como dicta la tradición del underground, el boca a boca como clave/contraseña de acceso. Una puerta casi escondida, al fondo de un callejón, que ni se ve, en la penumbra, allí, al fondo. Al otro lado, un sub-mundo. Un nuevo (retomado) concepto del nightclubbing –y eso que no lo explotan al 100%- del que podrías hacerte adicto; que romperá la barrera de los días que deberías trasnochar. Un timbre que dentro es un estruendo espantoso, como si fuera una antigua fábrica; Cuando comienza el concierto, no suena, sólo se ilumina. Un garaje con un doble espacio: el primero, apenas de paso, para los cigarros y las charlas, en la penumbra. Al fondo, casi como un cuadro de Hopper, la luz proyectada de la puerta del baño; El segundo, el espacio principal: Al entrar, una mesa alargada, iluminada por un flexo, reivindicando las ediciones más cuidadas y artesanales y los viejos y dorados formatos: vinilos (Lps, Eps), cassettes...; Y luego, esa zona del fondo, separada por una pared, con un pequeño escenario acotado para escasas 30 personas. Y la minibarra con una nevera repleta de latas de cerveza frescas. Y ese tipo, el responsable de todo esto, que se desgañita a gritos y queda afónico, me temo, cada noche. Detrás, una minisala para los músicos, con un sofá rojo, como cogido de la calle la noche anterior, y una placa en la entrada que dice: “Despacho episcolar”. Mejor no preguntar…
Como si de un superhéroe (que no desvela su identidad ni busca reconocimientos) se tratase, a lo “Diamond flash”, un colectivo llamado BRAMA ARGH! gestiona y combate la parsimoniosa y casi insulsa actividad y programación musical de la capital con un nuevo espacio: La Faena “II”. Reconozcámoslo: la numeración avanzada es símbolo de modernez e incluso solera. ¿O es que existe LaFaena I..? 
LaFaena(II) llega a Madrid cuando el público que va ya lleva en el bolsillo, además de tabaco de liar, tapones para los oídos. Amortiguar el ruido y estruendo del escenario bajo su responsabilidad y no del técnico de sonido, nada de amansar a la bestia, ni de pulir joyas...Todo en el estado primigenio, de ahí la ventaja del garaje periférico. Ninguna anulación del hecho musical violento. De la belleza e intensidad del estruendo. Todos iluminados por ese ‘halo’: su melomanía. Melomanía en estado puro
LaFaena II reivindica, resucita o, según se mire, retoma un concepto de nightclubbing que, al menos yo, había anhelado. Quizá porque cuando uno viaja ve lugares que son auténticas joyas y nichos de la programación. Y yo me he enamorado recientemente del Der Akademiske Kvarter (Bergen, Noruega) esa preciosidad de palacete sobrio color salmóna escasos metros del Garage autogestionada por los estudiantes de la universidada, a los que habría que premiar como emprendedores gestore suy progrmadores culturales, porque eos es una barbaridad. En DAK los tapones de oídos están precintados en cuencos en caulueirra de las barras de sus múltiples salas. LaFaena II sería un hijo pequeño o el comienzo de un gran proyecto en el sentido de que no se explotan al 100%, puesto que es una Cenicienta que se vuelve responsablemente en metro a casa. 

2- LA FAENA (II) Y EL ESPÍRITU BEAT...
LaFaena II no es sólo un local, ha reactivado y resucitado otras tantas cosas: El amor por la memorabilia, los formatos; el resurgimiento de un cierto espíritu beat. O… ¿Es que os imagináis a Kerouac y los suyos entrando en el primer bar de San Francisco, en pleno bullicio? Los beat siempre han sido de gustos periféricos, clandestinos, de callejones, de lugares con coordenadas precisas a los que sería imposible llegar.
Yo misma cuando estuve en San Francisco, parada clave del “On the road” casi como libro de cabecera, busqué las huellas kerouacianas y a toda esa generación como loca. Anduvimos, pasamos por delante de calles donde se habían reunido mil veces sin verlos… “Sometimes the journey is the destination”. Acabé comprando en la mítica City Light Books un libro/guía llamado “THE BEAT GENERATION IN SAN FRANCISCO (A literary tour)”, un recopilatorio de Bill Morgan (uno de esos tipos a los que se le da tan bien escribir ese tipo de libros) de todos esos lugares escondidos por el barrio de Little Italy, y no porque fueran locales ilegales, sino por ser reunión de viejos colegas, algunos de ellos residentes en el barrio, que ponían sus apartamentos al servicio de sesiones nihilistas y nocturnas. Una de esas joyitas que me alegra cada cierto tiempo releer, la verdad. Dice el libro al dorso: “Each tour includes a map of the neighborhood and clear instructions for help you find your way”. Maravilloso. En realidad esta peculiar guía es casi como un libro de recetas. La crème de la crème reunida en terceros pisos, en pequeños salones donde se escribieron grandes libros, en apartamentos donde la gente escribía, recitaba, bebía y dormitaba. Esparcidos por toda la ciudad. Un falso fondo de la ciudad, ‘Frisco’, apodo cariñoso que ellos mismos le pusieron, vista desde otro punto de vista. En España, al menos en Madrid (y es donde corresponde), no habría lugares suficientes para poder hacer una guía similar. O se han extinguido, no lo sé… Puede que si nos remontamos a épocas de Valle-Inclán, hubiera algo parecido. 
Pero, a día de hoy, poco más que LaFaena II, el comienzo del viaje, del tour de los lugares en los que se ubica o es asiduo un público selecto que demanda una calidad y una cercanía musical… Aquí, en pleno polígono industrial, sin peligros de quejas de vecinos -reconozcámoslo: los mayores boicoteadores-.
Otro rasgo de lo beat, de LaFaena II, de sus allegados y asiduos: el deseo de pertenencia de objetos, la memorabilia. Su amor y debilidad por los objetos con valor (adquirido) sentimental, esas cosas relacionados con la memoria y el registro de lo efímero. Mapas, registros, entradas, carteles… Una extraña Diógenes basada en el recuerdo. Añado apunte anecdótico ocurrido en el territorio americano: Allí y me habría quedado mil horas hablando con ese tipo que abrió tarde el BEAT MUSEUM, en la 540 Broadway (San Francisco, California), que parecía que llegaba de una mala noche... Comía noddles recalentados medio tímido por detrás del mostrador. Eran las 10AM, me sonreía. Hay sitios en los que uno no es un dependiente, ajeno a lo que está alrededor. Él y todos esos objetos expuestos. Poemas, cartas, matasellos, mecheros… Yo, con algo de resaca, viéndolo todo, encantándome; viéndole a él, pensando en lo mal que podía sentar esa cena recalentada hecha desayuno, sonriéndole… Hasta me enamoré un poco: de él, de todo eso. Tuve que volver al hotel a recoger la maleta y a mi amigo. Y, poco después, nuestro coche de alquiler: No era un Mustang, pero tenía marchas automáticas. Un par de días más tarde, ya encaminados y enamorados de la 'carretera madre' al ritmo del "Get Your Kicks on", llegábamos al Route 66 Museum, otro maravilloso arsenal de todos esos elementos. En fin, está claro que la mejor memorabilia del beat es una buena combinación de música y literatura. Algo que se va posando poco a poco, como el buen vino. Algo que hace que estemos medio asustados sólo de pensar cómo habrá quedado la adaptación cinematográfica del "On the road", el libro de cabecera cuyos derechos pienso no se deberían vender no les negociable, es un estado del espíritu y eso, me temo, no se puede rodar. En todo caso, sólo Jarmusch lo haría. 
LaFaena II ha vuelto a reunir a estos tipos, o a lo que se han convertido a día de hoy.  Alrededor, por y para el directo, la intensidad de los buenos momentos musicales. Un local sin florituras ni artificios, que ya cuenta con un historial de más de un año. Sin necesidad de registro. Sin grabaciones, sin apenas fotos. Un placer para los que están allí en vivo y en directo aquella noche y poco más. Luego cómo todo es efímero y hasta la próxima. La actitud sin nostalgias.
Y... No es casualidad que en este tipo de lugares denominados alternativos, fuera de las guías, escurridizo, al igual que en los gatxetes (centros autogestionados del País Vasco, quizá donde el género nació, o más palpite), haya una tendencia a la programación del post rock. Que éste, un paso más adelante, en una de sus líneas, nos lleve precisamente hasta el mismo sub-género que sería más deudor o heredero del concepto esencial o piedra fundacional de lo beat: el spoken word’. Tampoco sería casualidad que se hayan pasado o estén a punto de llegar a LaFaena II dos bandas que a mí, por cierto, me encantan, com son Enablers (qué pena habérmelos perdido) y Lisabö. Ambas con una figura esencial y clave en la propia propuesta de la información: la importancia, el peso y el 'cuerpo' de la palabra, de la voz. El desdoblamiento de lo vocal y lo musical... La extrañeza.. En el caso de EnablersPete Simonelli, una reencarnación del mismo Allen Ginsberg 30 años después, presente en escena y figura clave de la banda; Y en el caso de LisaböMartxel Mariscal, poeta de la vieja guardia, un eterno homenaje a él, de unos tipos que tendrían la edad de sus hijos. Sobre sus textos, el otro de los dos vocalistas desgañitándose, dejándose la voz. La acción violenta de la palabra. Cómo la camada de lo musical se establece de acuerdo a esa narración, se subordina sin acompañarlo, el estruendo, el paisaje sonoro, en esas estructuras y ciclos de jam, rozando o tomando la apariencia de la improvisación, con una sensación (del público, de la atmósfera) muy similar a la sensación de una lectura poética 100% beat... 


3- LA FAENA (II), MELOMANÍA(S) Y LA MEMORABILIA...

El apego por los formatos... Yo, de hecho, necesito hacerme con un radio cassette para mis adquisiciones 'faeniles' más recientes y otras herencias y cassettes del montón... Es la ocasión perfecta para abastecerse de memorabilia selecta y cuando más apetece comprar material musical: Los grupos que tocan esa misma noche o que han ido tocando –en ya un buen historial, de más de un año- depositan en cantidades pequeñas sus discos, a precios sin competencia ni intermediarios. ... El melómano tiene la sombra muy alargada... No se trata simplemente de que le guste la música, sino de cómo la consume, cómo sus vinilos se propagan, trepan por las estanterías de su casa, como una enredadera. Impresionante la colección de vinilos de Thurston Moore (Sonic Youth), ¡infinito valor! Aunque... yo juraría que la ley de la gravedad hará que eso algún día se desmorone y se le caiga encima... Y no es casualidad, sino que había hasta exceso de material de interés para producirla, esa tan interesante y mitómana exposición:  la exposición "Sonic Youth: Sensational Fix" -en la foto- en el CA2M (Centro de Arte 2 de Mayo, Madrid). O esa mítica escena de "Alta fidelidad" de Stephen Frears, la película/homenaje por antonomasia dedicada a los vinilos y a los vinyl lovers... en la que una mujer (no sabe si viuda o cornuda) le piden a Rob, John Cusack, puede que su papel más memorable, que le adjudique un valor a una colección inmensa de su marido, un tipo inexplicablemente desaparecido. Para entender el valor de los objetos -si 8 u 80- y probablemente venderlos. 
Últimamente he observado melomanía con M, en estado puro, a mi alrededor. He conocido a otros tipos profundamente melómanos. Trabajan en oficinas pero tienen ese eterno halo interior: su melomanía. Tipos con ese algo ‘beat’, que leen un libro manoseado de mercadillo londinense en el cercanías, camino al trabajo; Que no les da pereza leer en inglés, porque lo relacionan a libros, discos, conciertos, entrevistas; Los únicos de esa gran empresa en la que trabajan (plano general a lo Jacques Tati en “Playtime”, con esos despachos que se extienden hasta el infinito) que piensan que el día no puede acabar mejor que con un buen concierto. Humildad a pesar de su infinito bagaje musical, lo saben todo de R'n'B y de jazz. Podrían decir 30 bandas con cada inicial del abecedario sin pestañear. Se compran revistas que aun nadie aquí lee. El gusto único, el buen gusto. Pienso ahora mismo en cinco. Tipos a los que les brillan los ojos cuando hablan de música. Tipos que se compran vinilos, que no los venderían ni aunque estuvieran con el agua al cuello. Que probablemente los tengan ordenados alfabéticamente y les trepan como una enredadera por las estanterías. Tipos para los que todos los días son *Record Store Day*, que saludan por su nombre al tipo de la tienda, que les tiene reservado un ejemplar de esa bonita edición limitada.The vinyl lovers… Serían capaces de cometer una locura 'in the name of the vinyl': gastarse un dineral en una aguja de tocadiscos, por ejemplo. El contacto de un pequeño diamante en esa textura del vinilo y su eterno surco, ese chasquido tan particular. Esa preciosidad que uno mira de manera casi fraternal (el mío: bicolor, crema y castaño, en formato maletín, regalo de los felices 30, marca “Cosmo”, la S con caracoles). O.... un tipo que adoraba la música (y cuidado con los portugueses: los melómanos de gustos más exquisitos si se lo proponen) y sobre todo a Nick Cave, y, no lo dudo, acabará conociéndolo personalmente. Un tipo que te hace de cicerone una noche en Oslo y te lleva hasta ese posible corazón de lo beat noruego, si es que eso existe: el Club Revolver.
En fin, no es casualidad que quien se dedica, de la manera y en el formato que sea, a documentar música o a hacer algo en estrecha relación con ella, lo haga desde su más sincera melomanía. Si a Bruce Weber no le gustará la música de Chet Baker tanto… ¿Habría logrado rodar esa maravilloso retrato que es “Let’s get lost”? Por supuesto que no. Porque hay muchas cosas que no se pueden hacer sin ponerle mucha alma.
Se puede ser tan melómano, sentirse tan cercano a la música en directo, que un día uno se descubre así mismo dando un paso en su propia melomanía, convirtiéndose en fotógrafo, por ejemplo. Creo plenamente en el valor y la fuerza de las vocaciones tardías, de lo que se comienza a hacer de manera autodidacta y, sobre todo, personal. La visceralidad. (Ser) Un observador cauto y admirador del momento estrictamente musicalJoão Friezas, portugués afincado en Oslo, lo es tanto del on.stage como el back.stage. De sus intensidades. Podéis ver su trabajo aquí, os lo recomiendo encarecidamente, vale mucho la pena y es, además, una buena manera de conocer la escena de Oslo y alrededores (por cierto, qué casualidad tan oportuna el recién concluido Festival Días Nórdicos, en el Matadero, una muy buena cita). A mí no puede gustarme más esta pequeña biografía de Friezas, que tan bien explica la raíz de ese 'clic', el del pleno convencimiento de ejecutar una acción, en este caso fotográfica, desde una admiración y un respeto:

“In the last 12 months Joao Friezas has gone from music enthusiast to a photographer of bands. Since age 13 the Portuguese born photographer has been avidly attending live gigs, watching his heroes deliver lyrical poetry to heavy melody. At age 34, Friezas stepped behind the lens to photograph the experimental rock band Fjorden Baby!. Since then he has developed a unique choreography with the artist on stage. Much like Childers, Friezas has found himself in fortunate circumstances this past 12 months. As well as actively attending gigs, he has serendipitously found himself in social moments with artists where his charisma and his keen eye for a visual story see him capturing unlikely images”.


4- LA FAENA (II) Y LO 'FAENIL'. ENHORABUENA..!
Y de LaFaena II… ¿Qué más decir? Que me gusta mucho su concepto de doble actuación, más que telonero/cabeza, todo en clave amistosa, la atmósfera de la camaradería; Luego, todos de vuelta en el metro. Es cierto que después de frecuentar un sitio así, en el que el propio cantante te vende el vinilo o el cassette y sería absolutamente natural ponerte a hablar con él sin esa aureola del groopie... todo lo demás parezca gratuito, insulso, tan prescindible. es un oasis en esta política de “apaciguamiento de la bestia”, la palpitante vida nocturna de Madrid, que, como Buenos Aires, se empeña en no dormir, y a la que un gobierno de derechas se empeña en reducir. Con ese encanto, precisamente, de lo minoritario. De ahí el susurro y el secreto, el saber dosificar la afluencia de público, el éxito y las popularidad del lugar. Larga vida a LaFaena II pero larga vida así, con ese encanto natural. Un sitio minoritario pero no elitista. Sin organigramas ni estrellas eclipsadas. Sin patrocinios. Sin pactos con el diablo. Esta vez sólo con la periferia. Basta ya de haberla dejado de lado... 
Reivindicar el verdadero disfrute de la música en directo, el poder que junta a personas de diversas procedencias pero que, conclusión, acaba por aglutinarlas un quelque chose generacional. Si se nos pregunta a los presentes por nuestro top 10 probablemente 8 coincidan. Y es que nada mejor que crear un nicho que uno pretende habitar. La llamada autogestión, la modalidad (de producción y gestión) en la que, a día de hoy, creo que todo más funciona y en la que verdaderamente se demuestra la valía de un proyecto.
Eso sí, ser asiduo de La Faena II tiene la ventaja de disfrutar de lo verdaderamente underground a precio mínimo; y la desventaja de que uno pierde el interés por asistir a conciertos en otros lugares, le hace ese ya irreversible ‘clic’ del espíritu crítico de no comprender los precios ni ese extraño boom por el que todo el mundo se nombra melómano; O... ¿consumidor desorbitado?
Y que si alguna vez -foto izda. (c) João Friezas- asiste a un concierto en LaFaena II, congelará esos momentos que o se registran o se pierden, ya se las ingeniará en el tenebrismo -o ¿es austeridad?- del local. Y es que por minimalismo que no quede... LaFaena II no reivindica. Ay, quintaesencia de lo beat/underground... Por no tener no tiene ni tan siquiera el nombre puesto en el local, ni al fondo del escenario, como dicta la tradición de los locales underground, esa historia en paralelo de la música. Cómo nadie dudaría, por ejemplo, al ver una foto, de que un concierto tuvo lugar en The Cavern, Liverpool. Porque su logo ya es un icono.
En fin, a mí me da ganas de dedicarles un reportaje a todos ellos, a sus colecciones. De hecho, pienso que hay tanto material interesante que abordar que daría para un fanzine. Otro de los formatos que tuvieron sus épocas doradas entre esas callejuelas en pendiente de la ciudad de la bahía… Y aquí también. Pero de eso ya hace tiempo. Que, sin ninguna duda, yo me veo participando en él porque me veo leyéndolo. Que la escritura con alma y un buen concepto editorial puede darle mil vueltas a cualquier revista. Que el amor por la memorabilia es infinito y probablemente sería diagnósticado por los especialistas como 
Diógenes avanzada/selectiva.-

PD: A la pregunta de si no tienen su vinilo, el rey del desgañito y entregador de cervezas de frigorífico me informa de que L'ENFANCE ROUGE volverán en diciembre… Absolutamente maravillosos, todo un descubrimiento (como ya son muchos los que van siendo en LaFaenaII...) 

sábado, 8 de septiembre de 2012

LAPOR EN "MUNDO BABEL", de Radio3 (III), DEDICATORIA / Estado mental y melodramatismo(S)..


Sólo puedo decir que...
Una vez más, ha sido un placer estar en las ondas y que, igual que las anteriores veces -ésta ya es la tercera-, quería hacer un pequeño homenaje al programa de hoy (08/09/2012) de "Mundo babel", llamado "Estado mental" y dedicado a Hal David, con Juan Pablo Silvestre a la batuta, el maestro de ceremonias de esas atmósferas tan suyas. Todo tan 'añejo', imprevisible y  magnético. Un placer, una vez más, una suerte compartir mesa y charla con gente encantadora, invitados de aterciopeladas voces, con ese 'quelque chose'...
Próximamente en podcast... 
Por cierto, que esta vez llegaba yo con la lengua fuera, la mesa puesta y los platos humeantes, por un problema logístico ajeno que me impidió llegar e incorporarme antes. Eso que una comida, más si es radiofónica, se merece que la preceda un aperitivo.

Y que, para homenajearlo, no se me ocurre nada mejor que compartir, rescatar esa maravilla de versión que (de refilón y por suerte, cuando casi me gana la batalla -la memoria- el directo) nombraba. Estoy completamente enamorada del trabajo de esta mujer, Pipilotti Rist, de un belleza absoluta, con esa palpitante sensualidad..

"I'm an addict of this song"una caída en picado a esos universos adictivos de la música, al magnetismo de Chris Isaak, del que no se puede escapar... Una belleza profundamente contemporánea, que oscila entre la sensualidad, la ingenuidad y la violencia la de esta performer falsa solista..

En fin, escuchar a todas estas solistas con ese exquisito buen gusto cantar las canciones de Hal David, letrista de Bacharach, tiene efectos secundarios: Desata la cinefilia. Una caja de pandora irreversible que asoma, nos hace recordar, toda esa memorabilia del melodrama y al cine de los 60's.
El melodramatismo, como reivindicación y exaltación de una nostalgia del pasado, en ese choque frontal, casi violento, con la falta de nostalgia a día de hoy, en el medio de esa nada desalmada -¿o no tanto?- de esa vorágine tecnológica en la era digital.
Todos esos gestos tan sobre-actuados: los sollozos en la cama, tortazos, rabietas, maneras de sentirnos desdichados, solos. El (des)amor por encima de todo... El anhelo de esas cosas, de esos gestos, incluso de esas maneras de enfadarse, de llorar, de bailar... que se han perdido...
Estaban todas ellas -estas exaltaciones del espíritu- en esa habitación del melodrama, como estado interior, como arquitectura anímica. Qué mejor ejemplo que esta belleza de película, con uno de esos personajes absolutamente absolutos, inolvidables, arrolladores, esos personajes por lo que reíste y lloraste, que te dejaron desarmado, compungido que deseaste con todas tus fuerzas -como si se tratase de tu propia hermana- que se le acabase la locura, que lograse enderezarse. Debbie.. ("Splendor in the grass", de Elia Kazan 1961). La maravillosísima Natalie Wood. El cine en estado puro.
 















Casualidad (o señales) de la vida, que el leit motiv del programa (a raíz y en paralelo al recorrido de Hal David, RIP) es muy buen acompañamiento, quizás la base y la clave, de uno de mis próximos proyectos: "DON'T BE SO MELODRAMATIC"Que sois mis queridos testigos directos de que este proyecto tiene que salir adelante, porque sale del amor -sincero e infinito- por las películas, por los personajes, por las mise-em-scene. Por la cinematografía que a veces tiene la propia vida. De cómo la realidad a veces es un eterno homenaje de la ficción. El tema me gusta de sobra. 

Recomendar, si apetece -a los recién y a los no tan recién llegados- un par de posts anteriores, que siento y pienso tiene mucho que ver con esta atmósfera de "Mundo Babel", -mi querida sin nombre, mi querida Babel- ese 'estado mental' o posibles estado de ánimo cuyo detonante es el amor con A, ese ser enamoradizos sin miedo a las consecuencias, ese reivindicar el amor por el amor, las canciones las dedicatorias..: todo ese engranaje, con toda esa ingenuidad, esa dulzura..:
1. "NOSTALGIA, 'WINNING DAYS' Y EL ESPLENDOR EN LA HIERBA"
2. "LOVE IS LIKE A RIVER", DE GIRLS. LA GUINDA DEL PRIMAVERA CLUB"

Que estar en la radio es como viajar: No recuerda a nada. Deja abstinencia, la de las cosas que no se pueden sustituir ni rellenar con nada más. Las que sólo se pueden recordar, quedárselas uno, en su intimidad. Como un album de tapas duras guardado en un cajón.
Que ir, en un momento delicado como éste, a Radio3, -el enfant terrible de RTVE; toda una insignia de la cultura que nos ha hecho intelectuales e inmensamente felices a muchos- deja huella y que es muy agradable sabe que sin duda hay otra manera de hacer radio y que está aquí, que sigue aquí.

Quizá por ese amor especial que yo le tengo a esta radio -que me ha acompañado tantos años, me ha dado criterio-, he decidido dar un paso más allá y dedicar un homenaje #2, uno mucho más íntimo y personal, a esa radio con R, old school, la que dedicaba canciones a las chicas, como ésa de la que hablaba Shellac en "The end of radio". (Lo podéis leer en los comentarios del post).

HA SIDO UN PLACER SER MELODRAMÁTICOS UN RATO. HASTA LA VISTA.


viernes, 31 de agosto de 2012

“THE THIRD PLACE” (EL OTRO LUGAR), de Álvaro Collar: Heevie-jeevies*, despliegue lynchiano y el cadáver que todo lo sabe (o que todo lo ve)...


Heevie-Jeevies: To be creeped out [intimidado] by an individual, usually after an invitation to an unwanted date, such a dinner.





EL NO-LUGAR
Álvaro Collar, director de The Third place, propone una serie -de 8 episodios, de 15min de duración- ambientada y localizada en uno de esos (no)lugares, que podrían recordar a los cuadros de reconstrucciones de Dexter Dalwood, a toda la obra gráfica y cada frame de la cinematografía de David Lynch, o a uno de esos minimalistas e inquietantes relatos de Samuel Beckett. Una localización única: un extraño y exótico bar. La insistencia, casi obsesiva, tremendamente teatral, no parece responder a una cuestión logística del rodaje, sino precisamente, también, a ese magnetismo de los lugares extraños, a sus posibilidades narrativas; a ese hermetismo, como metafísico, que nos llevará directo a las entrañas, a la parte miserable y vulnerable de la condición humana. Los bajos fondos
Toda la trama de The Third Place está impregnada de un ambiente sofisticado, exótico. Detalles ornamentales arabescos que no parecen dar la más mínima pista del paradero, de ese lugar. Un bar de cuyo nombre probablemente nadie se acuerde ni lleve en el bolsillo tarjeta de visita. Seguro que nadie más que los presentes sabe de su existencia, que están allí. Existe un pacto de discreción. Lo que ocurre en el otro lugar e queda en el otro lugar. Algo nada alentador en caso de peligro. En él, el director coloca a sus personajes: Un cuerpo de 22. Algunos con nombre propio; otros, con esos motes obvios, descriptivos; Unos se divierten y beben con familiaridad, como asiduos; Otros parecen recién llegados, con algún objetivo, inquietados. Todos beben y todo, el recuerdo de haber podido estar allí anteriormente, el desenlace de una mala noche, parece bañarse por ese efecto heevie-jeevies exaltado del alcohol. Un filtro que todo lo vela y que todo lo espesa.
Ese extraño bar como marco del suspense, basado en la ausencia de cualquier otro tipo de información, de referencia, de presentación del personaje, de su vida cotidiana, de algo exterior… Siempre contribuye a mantener latente esa parte oscura de los personajes. Como si fueran eternamente sospechosos de algo. Un lugar eternamente misterioso, el eterno Mc Guffin: en el que casi toda actitud, personaje, gesto u objeto podría estar cargado de significado, parecer sospechoso… O ¿qué mejor para provocarla (la sospecha) que toda esa iconografía de film noir? Tampoco parece casual el hecho de que haya un rastro de sangre en el baño y, muy probablemente, alguien muerto, quién sabe hace cuánto tiempo. Asesinado. Un cadáver que no vemos pero que está ahí, al otro lado de la puerta… La intensidad de ese momento, que no llega, como si toda la historia tuviese esa atmósfera y esa adrenalina previa al comienzo del espectáculo. Como si todo palpitase como ese extraño instante previo al comienzo del espectáculo, entre bastidores y bambalinas, que el espectador, curioso, nunca debería ver. Como si se hubiera asomado y hubiera visto algo horrible, algo de fuera del espectáculo. Antes de que se abra el telón. Antes de la campanada de medianoche, del disparo contra un cuerpo, de una pequeña grieta que permitió el acceso a ese (no)lugar, a la cuarta dimensión que los ha encerrado. En esa atnósfera inquietante. Como si ya todo se quedase allí dentro.
En ese sentido, Álvaro Collar coordina un trabajo de indiscutible categoría cinematográfica, de enorme verosimilitud, acorde a toda esa sofisticación, que se establece en todos los niveles, no sólo en la mise-em-scene.     
La historia comienza con y como una contaminación de géneros. Echemos un vistazo a las mesas: En una de ellas, un grupo de chicas. Jóvenes, atractivas, exóticas, seductoras. Tal vez sea precipitado pensar que son prostitutas. Ríen a carcajadas.  Acompañadas de un tipo con cara de pocos amigos, marcada por una cicatriz: Gael... (un estupendo Víctor Ramírez). Probablemente le rompieron una botella en una pelea. Parece que también le rompieron, en algún momento, algo por dentro. La compasión o la empatía por él, por los personajes, es de un microsegundo. Un tipo al que tratan de complacer, y que parezca que a cambio las proteja, pero también las controle, les asuste.
En otra de las mesas, un homenaje al cine de yakuzas. Una conversación, al más puro estilo del entramado del crimen de la mafia japonesa, para llegar a un trato. Un secuestro, un rescate, nada demasiado claro..;
Casi al lado, en un contraste brutal, algo ajeno a toda esa violencia, íntimo: Uno de esos rituales de iniciación, o viajes interiores llamado ‘constelación’, una reparación. Que va al recuerdo que provocaba un inmenso dolor y lo extirpa, de golpe;
En la barra, un camarero loco, al que llaman ‘psycho killer’…
En otra de las mesas, una mujer misteriosa, que parece estar esperando a alguien, que haya dejado un partida a medias, alguien que nunca llega. Entre cigarros, recibe una llamada. La femme fatale.. Que asegura no haber tenido nunca hijas, niega haberle pertenecido nada que luego expulsara de su cuerpo…
En otro recoveco, ese tipo llamada ‘el cubano’, quizá por el sombrero de paja. Siempre hay que sospechar de un tipo al que llaman cubano sin parecerlo. Alertado de algo que no comprendemos, por un viejo amigo. Un falso cubano que antes trataba de enloquecer a una chica con los recuerdos de su infancia, que le martillean en la cabeza. El recuerdo punzante de un sueño, de una pesadilla, esa capacidad de descripción tan pecisa, como si al contarlo se convocase esa sensación, y pudiera ocurrir de nuevo. Y, de fuera de campo, o por detrás, apareciese alguien tenebroso, ese monstruo que nos haría palidecer, nos dejaría helados... Y nos tocase. Esas escenas de enorme capacidad de generar y sentir miedo real... (quién no recuerda con pavor aquella escena en un American dinner de dos amigos a plena luz del día de “Mulholland drive”);
Por último, un hombre y una mujer: Más mayores, extranjeros, vestidos como militantes del Tercer Reich en paños menores, circenses, caricaturescos. Tal vez un viaje desde el pasado. Tal vez estén muertos. Ella habla de un tipo que se les sienta sin pedir permiso a la mesa, a comer sopa. Quizá algo parecido a aquella Muerte que se sentaba a jugar ala ajedrez en “El séptimo sello” de I.Bergman. Son precisamente ellos, con ese atuendo histórico-histriónico, los que más recuerda a toda una obra maestra "The Russian Ark", de Alexander Sokurov. Con ese sabor del heritage. Puesto que aquí todos los personajes conviven en una ambigüedad histórica, una saturación de estilos y estilismos, de épocas, en la que convergen travestismo, sofisticación, variétés y cabaret, delicados estampados nipones e influencia pictórica manierista...
Y luego está esa cándida chica, quizá la más ajena a todo, que apenas ha acompañado a su amigo. Con su jersey color pastel, sus labios pintados de rojo, con ese peinado estilo charleston. Mi favorita. Lidia... (Luna Muñoz). Personaje en el que se podría apoyar o sentir proyectado y aliviado el espectador, que, inquieto, ya no sabe ni dónde sentarse. (Tampoco quiere refugiarse en el baño, porque hay un cadáver allí dentro). Ella, un claro guiño a la dulce e ingenua Audrey de "Twin Peaks", esa alma pura entre tanta perversión que decidirá investigar el entramado corrupto, seguir la pista de Laura Palmer, lo que le llevará hasta el mismo One Eyed Black’s. La clave del misterio pero también la boca del lobo. Como lo es este 'otro lugar', ajeno y adverso para Lidia y el espectador. Intenta disculparse, explicar que se tienen (que nos tenemos) que marchar ya; improvisar una excusa que resulte convincente. Pero hay lugares de no retorno. Éste. Sin salida. Pero no se puede tener una excusa convincente para ser testigo de algo, incluso de algo que no se ve, apenas se intuye, y querer salir inmune de la boca del lobo. El conflicto como algo ajeno, casual y accidental,esa rabia de estar en el lugar incorrecto en el momento inadecuado, al más puro estilo Hitchcock, esa espiral que ya no para. Con ese sabor, angustioso y amargo, de la opresión y la claustrofobia, como si de la propia e inolvidable Dorothy Valens deBlue velvet (David Lynch) se tratase –y bien podría haber un espectáculo musical también en este club-. Anclados a su problema, su punto débil, esa causa que nunca estaría dispuestas a perder, lo que les hace también aceptar esos extraños pactos. Tal y como Dorothy aceptaba ser víctima de un chantaje, de una depravación, sin que nadie pueda ayudarla. Esas pesadillas hechas realidad..
Para trasmitir esa peligro, esa constante ansiedad y agitación a la que todos los personajes están sometidos, hay un tratamiento muy acorde del plano. Una tendencia al primerísimo primer plano, cargado de enorme expresividad, más sublime por el tenebrismo de la fotografía en el espacio interior pero que aun recuerda a los míticos planos de Sergio Leone. Planos que nos muestran detalles el miedo: un labio tembloroso o un ojo lloroso, casi de rabia e impotencia; una mano inmovilizada, a punto de ser rota...
En The Third Place, la serie al completo, bajo la aparente normalidad del club, más circense que costumbrista, se esconde y subsiste un organigrama: Una manera precisa, incluso geográfica y cultural, de ejercer el poder, la violencia. En cada una de las mesas. Un escaparate de relaciones de dependencias, alrededor, siempre, de la figura del líder, en diversas escalas y núcleos del poder. Todo ello quizás, venga a decir que estamos perdidos y necesitamos retomar las riendas. O que, al menos, estos personajes aquí reunidos están sometidos a sus circunstancias a haber caído ene la trampa o ser el cebo de cualquier negocio sucio. A ser marionetas movidos por otros, por la maldad. 
Todo tiene ese preámbulo al enfado, al grito, a la manifestación y la exaltación de una violencia. Detonante del movimiento, de ese “algo fluye” del que habla la chica que parece estar bajo los efectos de una droga psicodélica… La violencia pone en marcha el sentido narrativo de las mesas. Como si fueran ruedas de un engranaje. O quizás en este extraño lugar todo(s) busca(n) una suerte de equilibrio. Uno que no tiene nada que ver con las normas y las relaciones tal y como se establecen allá, fuera, a la luz del día. Sin secretos, ni chantajes, ni ajustes de cuentas, ni búsquedas de penitencias ni de rituales para sanar la culpa. Sin esa delgada línea que separa algo real de lo que pertenece al plano de la pesadilla. Como si se uniesen, como si todo funcionase en un entramado de muñeca rusa. Una pesadilla dentro de otra… Quizás, por eso, todos estos pequeños ‘satélites’ que son las situaciones en cada mesa, se muevan…
Finalmente, todos los personajes están interrelacionados. Todo se mueve y fluye; Todo... menos el cadáver al otro lado. Un cuerpo que derrama sangre, sangre que fluye y sale, por debajo de la puerta, camino de la trampilla. Trampilla que llevará, a su vez, a otro lugar.
/*/

POR QUÉ INTERESA THE THIRD PLACE (EL OTRO LUGAR)...
En pleno bombardeo de series y contenidos para formatos on.line, Álvaro Collar pule esta propuesta de serie, impecable a nivel de realización, con una elegancia poco usual. Manteniendo –y lo agradezco, enormemene- la ‘cordura narrativa’, sin los clásicos y recurrentes saltos en el tiempo, que saturan los ojos del espectador y no aportan nada, más allá de su propia redundancia. Collar toma las riendas de este proyecto con un enorme buen gusto, para esbozar una situación Total y freudiana, con la que consigue convencernos, sin duda, de estar en un extraño lugar. En uno que nos inquieta, nos hace tragar saliva y desear querer salir de ahí; Un (no)lugar tan extraño, que podría no existir o peor: estar demasiado cerca, dentro de nosotros mismos, en nuestro lado más oculto.

            “Todas mis películas son acerca de mundos extraños, mundos a los que nunca podrías ir a menos que los construyas y los reproduzcas en una película. Eso es lo que verdad me importa de las películas a mí: ir a mundos cada vez más extraños.”
(David Lynch)

Álvaro Collar parece esbozar y consolidar con esta primera temporada la précamara de una trama más compleja y cerrada: quién sabe si en una, esperemos, segunda temporada;  O, por qué no, en un posible proyecto futuro de largometraje. Desde luego tiene a los personajes y el tipo de trama que -en esa línea de thriller sofisticado, de claro corte teatral, casi barroco en iconografía, una especie de 'nueva ola' que también que remitir a “Diamond flash” (Cartos Vermut, 2011)- parece heredar, casi a partes iguales, de Matthew Barney y del por excelencia, mayor explorador, casi espeólogo, de los caminos extraños e irrefutables de la  extrañeza: David Lynch. Un lenguaje entre la narrativa convencional y algo más libre y performativo.
Destacar, además de ese preciosismo de la dirección, apoyado por una buena simbiosis de vestuario/dirección de arte/y una espléndida dirección de fotografía (a cargo de Luis Enrique Carrión) al cuerpo de actores: de un indiscutible valor añadido, con una enorme presencia a la cámara. Todo ellos, sin excepción. Un elenco muy acertado. Conforman el reparto coral al completo: Luis Callejo, Lara Corrochano, Albert Roca, Víctor Ramírez, Rosalinda Galán, Audrey Thizy, Nacho Marraco, Begoña Mencía, Antonio Luque, Akihiko Serikawa, Satsuki Yamada, Luis del Valle, Nacho Mateo, Luna Muñoz, Paul Adkin, Marta Rubio, Karina Moscol, Arantxa Torroba, Ariadna Santana, John T. Mancini, Oskr González y Marta Carreño.
Se masca en el aire una buena coordinación y dirección de actores. Probablemente tenga mucho que ver con las circunstancias en las que este rodaje tuvo lugar, en sesiones nocturnas, tal y como dicta el lynchiano guión. En segundo lugar, un aspecto gratificante y casi reconfortante para el espectador, si conoce sus anteriores trabajos (y lo recomiendo encarecidamente, su trayectoria como cortometrajista es interesante) es la reincidencia o confianza en algunos actores. Esa buena sensación de estar como en casa, entre viejos amigos. Esa complicidad que debe existir entre director y actores. El espectador podrá descubrir así que esa localización, cargada de un extraño halo, de “The Third Place”, también existió previamente, en algunos de ellos. Lo cual no le quita mérito sino, más bien, se lo añade: Los espacios extraños no existen, se crean.

A continuación y como ágape, la teaser:


MÁS INFO en: http://www.videorinth.com/HD.html